jueves, 30 de diciembre de 2010

UN MENSAJE SOBRE LA GRACIA DE JESUCRISTO

UN MENSAJE SOBRE EL DINERO

martes, 28 de diciembre de 2010

PELIGROS QUE DEBEN SER EVITADOS EN EL USO DEL AMEN

Peligros que deben ser evitados en el uso del “amen” en la adoración pública

Debido al pecado remanente en nosotros, no existe ningún privilegio en la vida cristiana que no sea susceptible de ser abusado, ni ningún deber hacia el cual no sintamos cierta indisposición.

Y dado que el expresar el amén es un privilegio y es un deber, debemos dar algunas advertencias para que no caigamos en excesos con respecto a este privilegio que Dios nos ha concedido:

A. Cuidado con usar el “amén” como un mecanismo para llamar la atención sobre ti mismo:

El propósito primordial del uso del “amén” en la Iglesia es la gloria de Dios (comp. 2Cor. 1:20). ¡Cuán pecaminoso es, entonces, usar este aspecto de la adoración corporativa para llamar la atención sobre nosotros mismos!

Es muy pecaminoso, usar el amén como un medio para presentar cierta imagen a los ojos de los demás. Y es muy fácil caer en ese pecado. Hay lugar en la adoración para el uso del amén a nivel individual, pero hacer uso de ese recurso para llamar la atención de los demás sobre nosotros es un grave, gravísimo pecado a los ojos de Dios.

Nos congregamos como iglesia para contemplar la hermosura del Señor, a deleitarnos en la adoración a Él. Cualquier acción voluntaria destinada a llamar la atención sobre nosotros mismos, puede provocar la acción involuntaria de que los hombres y mujeres que se han congregado en ese lugar desvíen su vista de Dios para posarla sobre nosotros.

Parece muy espiritual que digamos “amén” constantemente a todo cuanto se dice desde el púlpito. Pero la marca de la verdadera espiritualidad es el amor, el amor a Dios por encima de todas las cosas, y el amor al prójimo como a nosotros mismos; y ambas cosas son violadas cuando hacemos uso del amén para llamar la atención sobre nosotros mismos.

B. Cuidado con usar el “amén” de tal manera que hagas violencia contra ti mismo:

Dios nos hizo a cada uno con una forma de ser particular que no es destruida en el momento de la conversión; de modo que, aunque nuestra adoración sea corporativa, eso de ningún modo significa la destrucción de nuestra individualidad.

En el Sal. 139 el salmista expresa su adoración a Dios por la forma como fue creado: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (vers. 16).

No somos lo que somos como un producto de la casualidad; Dios es soberano, y Él nos hizo como somos física, intelectual, temperamental y emocionalmente. Todos debemos esforzarnos por dar lo mejor de nosotros mismos en nuestro servicio a Dios, por manejar cada área de nuestra vida, no conforme a nuestra lógica o nuestro temperamento, sino según lo que Dios ha dicho en Su Palabra. Pero siempre seremos nosotros mismos.

Timoteo, por ejemplo, debía esforzarse por ser un ministro fiel; pero él no tenía que esforzarse por llegar a ser Pablo. Eran hombres muy diferentes el uno del otro. Si Timoteo usaba responsablemente los medios de gracia que Dios había puesto a su alcance llegaría a ser un Timoteo maduro, pero nunca llegaría a ser otra persona distinta a quien él era.

Lamentablemente algunos cristianos pueden sentirse tentados a identificar la manera en que una persona aplica estos principios como si fuera la forma correcta, y caer entonces en el error de imitarlo haciendo violencia a su identidad como individuo.

Supongamos que aquí tenemos un creyente cuyo temperamento es quieto y tranquilo, su hablar siempre es suave, moderado; rara vez se le oye levantar la voz. Pero resulta que este hermano pone su atención en otro miembro de la Iglesia con un temperamento distinto; y más aun, con una voz potente.

¿Imaginan Uds. la sorpresa que causará hermano cuando repentinamente pronuncie un ¡Amén! en una forma tal que se escuche artificial debido a su forma particular de ser? Cuidado, hermanos, de no implementar estas cosas de tal manera que hagamos violencia contra nosotros mismos.

C. Cuidado con hacer del “amén” una vana repetición:

Las palabras de Cristo en Mt. 6:7 se aplican perfectamente en este contexto. Los paganos, dice el Señor, se caracterizan por una adoración vana, sin sentido. Ellos piensan que por su palabrería serán oídos.

En el caso particular que estamos tratando, alguien pudiera pensar que mientras más “amén” diga durante la oración, o durante la predicación, más espiritual será. Pero ese pensamiento es pagano.

Esa falta también es cometida cuando expresamos un “amén” con nuestros labios que no refleja el verdadero estado de nuestro corazón. Con nuestros labios asentimos a lo que está siendo declarado, pero en realidad en nuestros corazones no tenemos el menor interés de implementar esas cosas en nuestra vida: “Este pueblo de labios me honra – dijo el Señor de los fariseos, mas su corazón está lejos de mí” (Mr. 7:6).

D. Cuidado con usar el “amén” en circunstancias inapropiadas:

En 1Cor. 13:5 dice que el amor no hace nada indebido, que no se comporta de una manera tal que haga sentir molestos a los demás sin necesidad. Hay momentos en que no tenemos otra alternativa que obedecer, aunque haga sentir incómodo a otros; pero no siempre es así.

Pablo dice en 1Cor. 9:20: “Me hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos, etc. A todos me hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos”.

Si estamos en una Iglesia que no conoce, o no practica, esta enseñanza debemos hacer uso del dominio propio que el Señor nos ha dado para que no seamos motivo de distracción para los demás.

“Ah, pero y qué de mi libertad cristiana”. Nuestro uso de la libertad cristiana debe ser regulado por el amor, y el amor no busca lo suyo.

E. Cuidado con seguir la indisposición de nuestra carne contra todo deber impuesto por Dios en este asunto del uso del “amén” en la adoración pública:

Recuerden que nuestra carne se opone a todo deber impuesto por Dios, pero nuestra obligación en tal caso es a resistir esa indisposición y hacer lo que debemos hacer. Alguien puede decir: “Es que todo esto no es natural para mí”.

Si somos cristianos, la Biblia dice que hemos sido hecho partícipes de la naturaleza divina. Muchas cosas son ahora naturales para nosotros a pesar de que antes eran anormales.

¿Acaso era natural para nosotros venir a la Iglesia cada domingo? ¿O dar gracias por los alimentos? ¿O leer la Escritura todos los días? Nada de eso era natural, pero se supone que sea natural ahora.

Pues de igual modo debemos en esto seguir lo que Dios ha decretado en Su Palabra. Aunque vamos a la iglesia como individuos, también vamos como parte de un cuerpo a escuchar la Palabra de Dios y a elevar nuestros corazones a Él en oración y alabanza.

Y Dios espera de nosotros, no solo que mantengamos nuestros corazones sintonizados con la Palabra que está siendo expuesta, o con las oraciones que están siendo elevadas, sino también que expresemos nuestro asentimiento a través del “amén”.

Los creyentes honramos a Dios y a Su Palabra cuando nos esforzamos como individuos y como Iglesia en traer todas las áreas de nuestra vida bajo los principios que Dios ha establecido en Su Palabra.

Debo reconocer por justicia que para estos post me fueron de mucha ayuda unas clases de Escuela Dominical impartidas por el pastor Albert Martin.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

lunes, 27 de diciembre de 2010

AFIRMACION 2.010

[He aquí el texto en español de la "Afirmación 2010. Recordad -especialmente los pastores- que se puede firmar la Afirmación aquí ]

En vista de la actual oposición violenta del adversario de Dios y del hombre, y la evidente confusión y grave alejamiento de la Verdad Bíblica en la Iglesia profesante, creemos nuestro deber hacer una solemne afirmación de la doctrina que procuramos firmemente creer y enérgicamente mantener. Se sobrentiende que esta afirmación no cubre todos los dogmas de la fe una vez entregada a nosotros, sino que aquí se hace declaración y se hace hincapié, a la doctrina que se está siendo especialmente atacada en el presente. Consciente, como ciertamente lo somos, de nuestra propia gran debilidad, y dependiendo como siempre del apoyo y la fuerza de nuestro fiel Dios, unidos hacemos un testimonio solemne y público de la verdad de vital importancia, mientras que al mismo tiempo, rechazamos con firmeza los errores y las novedades que son contrarias a ellas. Hacemos un llamamiento a todos los que aman la Verdad a sumarse a nosotros para hacer esta formal afirmación formal de Fe, y rogamos a Dios que la utilice para el derrocamiento de la falsa doctrina y práctica.

“Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”.

Isaías 59:19

1. La Infalibilidad de la Escritura

Afirmamos que Dios ha revelado sobrenaturalmente al hombre una verdad objetiva. La revelación general viene a través del universo que Dios ha hecho 1 y por medio de la naturaleza del hombre, creado a imagen de Dios. 2 Pero la revelación especial ha sido dada en una variedad de maneras (por ángeles, sueños, voces, etc.), culminando en la revelación de Dios en Cristo, la cual es perfecta y completa. 3 Esta revelación ha sido asegurada de forma permanente en el registro de las Escrituras por el proceso de inspiración, por el cual Dios “sopló”, o hizo proceder de Él, los escritos que ahora forman la Santa Biblia. 4 El producto resultante fue la infalible Palabra de Dios, sin mezcla alguna de error ni en doctrina ni en hechos. 5 Los 66 libros de la Biblia fueron reconocidos por el pueblo del Señor como inspirados y, por el propio testimonio de estos libros, se convirtieron en la regla divina por la cual todas las creencias y prácticas habían de ser probadas y juzgadas. 6 Dios, por Su singular cuidado y providencia, ha preservado Su Palabra escrita. 7 Los Textos auténticos y preservados son el Hebreo Masorético y el Texto Griego Recibido, y estos son los Textos que están a la base de la Versión Autorizada, que es, con mucho, la mejor y más exacta traducción en inglés de la Palabra infalible e inerrante de Dios que actualmente está en uso.

Rechazamos las versiones modernas e infieles, basadas en textos corrompidos y que hacen libre uso de la equivalencia dinámica en la traducción.

1 Salmo 19:1-6 1; Romanos 1:18-23 2 Génesis 1:26, Romanos 2:14-15, 3 Juan 1:14, Hebreos 1:1, 2 4 2 Timoteo 3:16,17; Hebreos 3:7; 5 Salmo 119:160; Daniel 10:21; Juan 10:35 6 Isaías 8:20; 34:16; Mateo 22:29; Hechos 17:2 7 Salmo 119:152,160; Isaías 40:8; 59:21 ; Mateo 24:35; 1 Pedro 1:24,25

2. La Santísima Trinidad

Afirmamos que hay un solo Dios vivo y verdadero. 1 Aunque es incomprensible en su esencia y naturaleza, 2 este Dios se revela en las Escrituras como un Espíritu puro, 3 de infinita o absoluta perfección, 4 y eternamente subsistente en (o existente en el forma de) una Trinidad de Personas: 5, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 6 Estas Personas, o distinciones personales, en el Ser divino, están misteriosamente relacionadas entre sí, 7 igualmente comparten la misma esencia divina 8 y son, por tanto, iguales en poder y gloria. 9 Cada una de las Personas en la Divinidad tiene sus propiedades (o rasgos) personales, características y distintivas, en el Ser divino: es propiedad del Padre engendrar desde la eternidad 10 (Paternidad); del Hijo, ser eternamente engendrado del Padre (Filiación); 11 y del Espíritu Santo proceder eternamente del Padre y del Hijo (Procesión). 12 Estas propiedades personales en modo alguno implican precedencia o sucesión (la idea del tiempo está totalmente excluida) o superioridad o inferioridad (la idea de su rango o nivel está también totalmente excluida), sino que denotan las relaciones que existen eternamente en la Divinidad. 13 Fue la Segunda Persona de la Divinidad (el Hijo eternamente engendrado) Quien, en el tiempo señalado, entró en este pobre mundo y se hizo hombre, 14 asumiendo voluntariamente un cuerpo humano real 15 y un alma racional. 16 Una operación sobrenatural y milagrosa estuvo obrando en su concepción 17 –no a la manera de la generación ordinaria, por la que el pecado original se propaga– 18 y al nacer Él estaba libre de la culpa y corrupción del pecado de Adán, y era completamente santo y puro.19 De esta manera Él estuvo en condiciones para obtener la redención para Su pueblo. 20 Quien aplica la redención garantizada a los pecadores elegidos no es otro que la Tercera Persona de la Divinidad (el Espíritu Santo), Quien asegura que los tales son bendecidos espiritual y salvíficamente tanto en esta vida y como en la vida venidera. 21 El Señor Jesucristo ha unido para siempre en sí mismo la naturaleza de Dios y del hombre, las dos naturalezas existentes en Su única persona. 22 Este Dios uno y trino, sumo bendito y sumo glorioso, es el verdadero y único objeto de adoración, el Único de quien la fe depende y a quien se debe obediencia. Por gracia sin igual, éste es el Dios a quien pertenecemos, el Dios que buscamos glorificar a Dios y el Dios que esperamos disfrutar para toda eternidad. 23

Rechazamos las antiguas herejías que reaparecen en nuestros días: Triteísmo (que hace de las Tres Personas, tres dioses), sabelianismo (que considera a las Tres Personas como meros modos de manifestación), y el arrianismo (que enseña que el Hijo es una criatura exaltada y que el Espíritu Santo es simplemente una energía producida por el Hijo). Es especialmente preocupante la negación cada vez más común de la generación eterna de nuestro Señor y la eterna Filiación, así como la negación de que el Señor encarnado tenía un alma verdaderamente humana (al decirse que su naturaleza divina tomó el lugar del alma en la persona de Jesucristo). En nuestra opinión, estos son errores graves y peligrosos, que comprometen o bien la Divinidad de nuestro Señor o bien Su verdadera humanidad; e instamos a una mucho más cuidadosa adhesión a las Escrituras en estos asuntos, y a aquellos credos y confesiones históricas que mantienen fielmente la doctrina verdadera y genuina de la Palabra de Dios acerca de la profunda, pero sublime, verdad de la Santísima Trinidad.

1 Deuteronomio 6:4; 2 Samuel 22:32; Nehemías 9:6; Isaías 43:10 2 Job 11:7-9; 26:14; Salmo 139:6; Proverbios 30:4; 1 Corintios 1:21; 1 Timoteo 6:16 3 Isaías 31:3, Juan 4:24; Hebreos 12:9 4 Mateo 19:17; 1 Juan 1:5 5 Génesis 1:1 – “Dios” se traduce “Elohim”, que está en forma plural ( cf. Eclesiastés 12:1 – literalmente, “tus Creadores”), 1:26; 3:22; 11:7; Números 6:24-26; Salmo 115:9-11; Isaías 6:3; Daniel 9:19 6 Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Efesios 2:18; 1 Pedro 1:2; 1 Juan 5:7; Apocalipsis 1:4,5 7 Salmo 110:1; Isaías 48:16; 61:1; 63:7-10; Daniel 9:19; Mateo 3:16-17; 11:27; Juan 3:35; 14:16,17, 26; 15:26; Hebreos 1:8, 1 Juan 2:23 8 El Padre – Mateo 11:25; Romanos 15:6; 1 Corintios 8:6, Gálatas 1:1,3. El Hijo – Salmo 45:6 (cf. Hebreos 1:8); Isaías 9:6; 40:3; Jeremías 23:6; Mateo 1:22-23; Juan 1:1, 5:18; 10:30; 20:28; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; Tito 2:13, 1 Juan 5:20, Apocalipsis 5:11-14. El Espíritu Santo – 2 Samuel 23:2,3; Hechos 5:3,4; Romanos 5:5, 1 Corintios 3:16, Efesios 2:22 9 Cantar de los Cantares 4:16; Ezequiel 37:9,14; Zacarías 13:7; Mateo 28:19, Juan 5:22,23; Filipenses 2:6; Hebreos 1:6, Apocalipsis 1:4,5; 5:13-14 10 Juan 5:26 11 Salmo 2:7 – “este día” es “la eternidad”; Proverbios 8:24,25; Miqueas 5:2; Marcos 12:6, Juan 1:14,18 -”el unigénito del Padre, el Hijo unigénito”, 3: 16; Romanos 8:3, 1 Juan 4:9 – “unigénito” antes de “… enviado al mundo” 12 Isaías 61:1, Juan 14:26; 15:26; Romanos 8:9; Gálatas 4:6 13 Mateo 11:27, Juan 17:25,26; Romanos 15:19 14 Juan 1:14; Gálatas 4:4; Filipenses 2:7,8; 1 Timoteo 2:5 15 Lucas 24:39; Colosenses 1:22; Hebreos 2:14; 10:5 (cf. Mateo 4:2; Marcos 4:38; Juan 4:6,7) 16 Isaías 53:10,12; Mateo 26:38; Lucas 23:46 (cf. Mc 3:5; Lucas 10:21) 17 Lucas 1:31,35; 1 Timoteo 3:16 18 Génesis 3:15, Mateo 1:22-23; Gálatas 4:4 (cf. Romanos 5:12) 19 Juan 14:30 ; Hebreos 4:15; 7:26; 9:14; 1 Pedro 2:22 20 Mateo 20:28; Gálatas 4:4,5 21 1 Corintios 6:11; Tito 3:4-7 22 Romanos 1:3, 4; 9:5; Filipenses 2:6-9 23 Deuteronomio 26:17, Salmo 48:14; Mateo 5:16, 1 Corintios 6:20; Salmo 4:6,7; 16:11; 27:4; 43:4; 73:25,26; Isaías 29:19; Apocalipsis 22:3-5

3. La Doctrina de la Gracia

Afirmamos que la doctrina común de la gracia en las Confesiones Reformadas (por ejemplo, Westminster, 1647; Saboya, 1658, y Londres, 1689), se conforma totalmente a la Escritura, la única norma infalible para la doctrina. Esa doctrina, comúnmente llamado calvinista, hace hincapié en la soberanía absoluta de Dios 1 e incluye la verdad de la Depravación Total, 2 Elección Incondicional, 3 Redención Particular, 4 Gracia Irresistible, 5 y Perseverancia de los Santos, 6 pero también abarca otras verdades reveladas de la Fe Reformada Histórica. Toda esta verdad es mantenida con una preocupación piadosa por los perdidos, y creemos firmemente en la necesidad de cumplir la comisión de evangelización y predicar el Evangelio a toda criatura, en todo el mundo.7 Este Evangelio son las buenas nuevas para los hombres pecadores, a través de Jesucristo, el único Salvador, presentado en él para ser creído y que la gente confíe en Él (a través de la gracia), de manera que los pecadores no se pierdan, sino que tengan vida eterna. 8

Rechazamos el arminianismo en todas sus formas, especialmente el moderno “decisionismo” y “conversionismo fácil” [en inglés, easy-believism].

1 Deuteronomio 4:39; Salmo 115:3, Isaías 46:9-11; Daniel 4:34,35; Efesios 1:11 2 Salmo 51:5; Jeremías 17:9, Marcos 7:21,22 3 Romanos 9: 10-13; Efesios 1:4; 2 Tesalonicenses 2:13 4 Mateo 20:28; Juan 10:11, Hechos 20:28, Efesios 5:25; Tito 2:14; Apocalipsis 5:9 5 Juan 5:21; 6:44,45,65; Hechos 16:14, Romanos 8:30; 9:23,24; 2 Timoteo 1:9, 1 Pedro 2:9 6 Job 17:9; Filipenses 1:6; 1 Pedro 1:5 7 Marcos 16:15,16, Lucas 14:15-24, Romanos 1:14-16 8 Lucas 2:10; Juan 1:12,13; 3:16,17; Hechos 4:12; 13:26; 18:27, 1 Corintios 2:2, 2 Corintios 4:5; Gálatas 3:1,8; Efesios 2:8,9; 1 Timoteo 1:15, 1 Juan 5:11,12

4. Creación en Seis Días

Afirmamos la historicidad del relato bíblico de la Creación, que se encuentra en los primeros capítulos del Génesis.1 La Creación es el acto sobrenatural de Dios 2 por el cual, en el principio 3 y por Su Palabra o mandato inmediato, 4 trajo, de la nada, todo a la existencia, 5 y esto en el espacio de seis días literales, de veinticuatro horas.6

Rechazamos la teoría de la evolución (tanto teísta como atea), así como negamos todos los intentos de interpretar Génesis de acuerdo con las modernas teorías científicas, como en el caso de la “Teoría del día-era” (que hace que los seis días sean períodos de tiempo largos e indefinidos).

1 Génesis 1:1-31; 2:1-25; Mateo 19:4, 2 Pedro 3:5 2 Job 38:4-6; Salmo 90:1,2; 37:16 Isaías; 44:24; 45:9 3 Génesis 1:1; Hebreos 1:10 4 Génesis 1:3ss; Salmo 33:6,9, Hebreos 1:3, 2 Pedro 3:5 5 Romanos 4:17; Hebreos 11:3 6 Génesis 1:3–5ss; Éxodo 20:8-11

5. Sustitución Penal

Afirmamos que el acto de expiación de Cristo era de “satisfacción penal para la justicia de Dios”. En el plan de redención, Él fue designado “fiador”, y como tal fue obligado a cumplir un servicio o pagar una deuda para otros. 1 Al cumplir este compromiso, en el amor infinito por Su pueblo, no solamente prestó obediencia a los preceptos de la Ley, sino que también sufrió pena de la Ley de la ira y la maldición de Dios. 2 A lo largo de Su vida, pero especialmente en Su muerte, Él “llevó nuestros pecados”, expresión que significa que Él tomó el castigo de todos esos pecados; 3 y así se dice que Él, siendo “entregado por (peri – “por causa de”) nuestros pecados”, realmente “sufrido por los pecados, el justo por (huper – “en el lugar de”) los injustos”. 4 De hecho, fue así que Él se hizo un “sacrificio”, 5 siendo nuestra culpa transferida a Él y siendo Su vida, en consecuencia, tomada como la pena debida. 6 No se puede dudar, por consiguiente, de que Dios le infligió a El –el Sustituto legal del pecador– el “castigo” y ” punición”, a fin de que podamos ser “salvos de la ira por medio de Él”. 7 Ésta es la gloria del Evangelio y la única esperanza de los pobres y miserables pecadores.

Rechazamos la opinión de algunos liberales modernos (que afirman ser “evangélicos”) que se atreven a sugerir que “la sustitución penal” es una mera “teoría” de la expiación, la cual ellos blasfemamente afirman que sería un “maltrato infantil cósmico”.

1 Hebreos 7:22 cf. Génesis 43:9; Filemón 18 2 Isaías 53:4,5; Gálatas 3:13 3 1 Pedro 2:24 cf. Levítico 20:17ss 4 Romanos 4:25, 1 Pedro 3:18 5 Efesios 5:2, Hebreos 9:26 Isaías 53:4-7 6 cf. Levítico 1:4,5 7 Isaías 53:5,10; Zacarías 13:7; Romanos 5:9

6. Justificación por la Sola Fe

Afirmamos que la justificación es el acto de gracia de Dios que declara a los pecadores justos ante los ojos de Su Ley: 1 por lo que se utiliza en la Escritura en contraste con la acusación o condenación. 2 Este veredicto, pronunciado una vez y para siempre, no es por causa de algún mérito en el pecador, sea presente o futuro, sino solamente sobre la base de la justicia de Jesucristo, 3 es decir, Su obediencia activa mediante la cual Él cumplió perfectamente todos los preceptos de la Ley, 4 y su obediencia pasiva, por la cual soportó la completa pena de la Ley. 5 Esta obediencia activa y pasiva fue vicaria, en que fue una obediencia ofrecida por Él, como representante de los pecadores elegidos, en su lugar y en nombre de ellos. 6 La justificación fue decretada desde la eternidad, pero el decreto es cumplido y tiene lugar en la experiencia de los elegidos cuando, por gracia, ellos creen, recibiendo a Cristo como Salvador en dependencia de la completa suficiencia de lo que Él ha hecho por ellos en vida y muerte, 7 y cuando la justicia de Cristo, que satisface perfectamente la Ley, les es realmente imputada, es decir, se les atribuye o pone en su cuenta. 8 Dios pronuncia, entonces, Su juicio o sentencia de justificación, perdonando todos sus pecados (pasados, presentes y futuros), o remitiendo la pena debida por ellos, 9 y declarándolos justos delante de Él, como si hubieran obedecido cada precepto. 10 Esto le da a los pecadores el derecho a la vida eterna; 11 y tal justificación es irrevocable. 12

Rechazamos la doctrina romanista de que la justicia infusa en el pecador es meritoria y contribuye a la justificación final, así como también rechazamos la “Nueva Perspectiva sobre Pablo”, “Teología de la Avenida Auburn” y “Visión Federal”, que igualmente comprometen la doctrina de la justificación por la fe sola, que sugieren que es en parte por las obras y, más concretamente, por la “fe fiel”, “la obediencia fiel” o “una (meramente externa) membresía en la alianza”.

1 Romanos 3:24; 5:17; 8:33; Tito 3:7 2 Romanos 8:33,34 cf. Deuteronomio 25:1 3 Isaías 45:25; Jeremías 23:6, Romanos 3:24-26; 5:9,18; 10:4; 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 5:21 4 Salmo 40:8, Romanos 5:19; Filipenses 2:8 5 Romanos 4:25; 5:9; 8:4 6 Isaías 53:6,11, Romanos 5:15-19, 1 Corintios 15:22; Gálatas 4:4,5; Hebreos 7:22 7 Hechos 13:39; Romanos 3:22,28; 5:1; Gálatas 2:16; Filipenses 3:8,9 8 Romanos 4:6-8, 20-25; 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 5:21 9 Romanos 4:6-8; 8:1,33 10 Romanos 4:5; Efesios 1:6; 11Romanos 5:1,2,18,21; Tito 3:7 12 Romanos 8:1,30-34

7. Santidad de Vida

Afirmamos que, porque Dios es santo, Él requiere santidad en la vida de todos creyentes. 1 Hechos santos en Cristo en cuanto a nuestra posición, hemos de vivir santamente por Cristo en cuanto a nuestro estado. 2 La santidad es, primera y principalmente, un asunto del corazón, 3 pero, inevitablemente debe manifestarse en la conducta, tanto en palabras como en hechos. 4 Esto comportará, para el cristiano, la separación de todo lo que es mundano y pecador, de modo que nuestras vidas sean marcadamente diferentes de aquellos hombres y mujeres a nuestro alrededor. 5 Éste es el propósito de la gracia de Dios, 6 y por consiguiente la obra continua de Dios en nosotros; 7 y aunque nunca sea perfecta en esta vida, 8 será benditamente perfecta en la vida venidera. 9 Como pueblo del Señor, por consiguiente, anhelamos esta santidad futura cuando, completamente santificados por Su voluntad, seremos perfeccionados a la imagen de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. 10

Rechazamos la opinión de muchos cristianos profesantes en estos días de que es bastante aceptable seguir el mundo impío en el vestido y en sus formas de pensar, hablar y comportarse.

1 Isaías 35:8; 1 Pedro 1:15,16; 2 Timoteo 2:19 2 1 Corintios 1:30; Hebreos12:14; 13:12 3 Salmo 45:13; Mateo 5:8; 23:25-28 4 Efesios 4:29; Tito 2:12 5 2 Corintios 6:17; Filipenses 2:15, 1 Juan 2:15,16 6 Efesios 1:4 7 Filipenses 2:12,13; 1 Tesalonicenses 5:23; 8 Romanos 7:14-25; 1 Juan 1:8,10 9 Efesios 5:25-27; Hebreos 12:23, 1 Juan 3:2; Judas 24; Apocalipsis 21:4,27 10 Salmo 17:15; Romanos 8:29 ; Efesios 1:4

8. La Experiencia Cristiana

Afirmamos la necesidad del cristianismo experimental o verdadera experiencia cristiana. 1 Mientras que el conocimiento no debe ser despreciado, existe un peligro de una preocupación no espiritual sobre el intelecto. La Fe Reformada, en su forma más pura, es la teología del corazón, y esto, por consiguiente, nos debería profundamente mover y hondamente cambiarnos. 2 Cuando Dios, por gracia, se muestra en Su infinita soberanía, majestad y gloria, somos llenos de un sentido de asombro adorador y de gran indignidad. 3 Sentimos asombro de que haya misericordia en Él, por la que reciba a los pecadores. 4 Confiando completamente en el Redentor, a través de Cuya sangre fluye la misericordia a nosotros, buscamos el perdón que nos llena nuestras almas de alegría y paz. 5 Continuamente nos volvemos al Señor nuestro Dios en busca de refugio y consuelo, siendo caracterizadas nuestras vidas por la oración persistente por el cumplimiento de las promesas divinas. 6 Su Palabra es nuestra meditación diaria: en ella encontramos consejo seguro, y de ella sacamos toda la fuerza y apoyo necesarios. 7 En nuestro andar diario, somos conscientes de que sus vigilantes ojos que todo lo ven están sobre nosotros, y nosotros, por consiguiente, siempre procuramos caminar humildemente con Él. 8 A veces, tal es nuestra dulce comunión que estamos absortos en amor y alabanza, y grande es nuestro deleite en los Días de Reposo al acercarnos a Dios, en la manera que Él ha designado, gloriándonos en el hecho de que Él es nuestra bendita porción, en esta vida y la siguiente. 9 Su amor por nosotros no sólo engendra amor por Él, sino también nos lleva a amar a Su pueblo con un puro afecto, y a los pobres perdidos pecadores con anhelo ferviente de que puedan ser salvos. 10 En todas estas cosas, nuestro gran fin es que Dios sea glorificado –que todo lo relacionado con nosotros, como pecadores escogidos, redimidos y llamados, pueda redundar para la gloria de Dios–. 11

Rechazamos aquella representación de la Fe Reformada que es poco más que un asentimiento a una teología particular y ese frío calvinismo académico, que hace incluso que la Doctrina de la Gracia parezca seca y árida.

1 Jeremías 31:3; Romanos 8:16; Filipenses 3:10 2 Ezequiel 36:26; Hechos 16:14, Efesios 3:14-19 3 Isaías 6:1-5, Romanos 11:33-36, 1 Corintios 4:7 4 Salmo 130:3,4; 1 Timoteo 1:12-14, 1 Pedro 2:10 5 Job 19:25-27; Miqueas 7:18, Romanos 15:13 6 Salmo 71:3; 119:49; 142:5; Judas 20,21 7 Job 23:11,12; Salmo 1:1-6; Mateo 4:4 8 Génesis 16:13; Salmo 16:8; 139:1-5; Miqueas 6:8 9 Salmo 43:3,4; 48:14; 73:25; Lamentaciones 3:24 10 Salmo 116:1; 5:5; Romanos; 10:1; 1 Juan 4:7 11 1 Corintios 6:20; Efesios 3:21; 1 Timoteo 1:17

9. El Día de Reposo

Afirmamos la perpetuidad del Día de Reposo. Designado en la creación, 1 observado por los patriarcas, 2 mantenido en el desierto, 3 incorporado en el Decálogo (o Diez Mandamientos), 4 confirmado por los profetas, 5 y predicho para los tiempos del Nuevo Testamento, 6, fue confirmado y hecho prevalecer por nuestro Señor. 7 La observancia del Día de Reposo comporta la consagración del “séptimo día”; y durante el período del Antiguo Testamento, éste era el séptimo día de la semana, 8, pero nuestro Señor, si bien mantuvo el principio del séptimo día, 9 cambió el día del séptimo al primer día de la semana, el día de Su resurrección de entre los muertos, 10 y este día, por consiguiente, fue observado por la Iglesia Cristiana primitiva. 11 Un Día de Reposo, por consiguiente, permanece para el pueblo de Dios, 12 y debemos guardarlo descansando del empleo normal 13 (excepto para las obras de necesidad y misericordia 14) y del recreo 15 (que puede ser perfectamente lícito en otros días 16), y pasando el día, en la medida de lo posible, en adoración pública y privada, incluyendo la lectura espiritual, oración, meditación y conversación. 17 El Día de Reposo mantenido así resultará ser una bendición inestimable para los individuos y las naciones. 18

Rechazamos la oposición a la defensa del Día de Reposo que prevalece en algunos círculos; lamentamos profundamente la gran decadencia en la observancia del Día de Reposo; y el hecho de que muchos en el mundo –y no pocos en la Iglesia– profanan abiertamente el Día de Reposo por un trabajo innecesario, por mirar la televisión, la práctica de deporte, el frecuentar restaurantes y los viajes de vacaciones. Trágicamente, el “antinomianismo” contemporáneo –especialmente en la forma de la “Nueva Teología del Nuevo Pacto”– fomenta la profanación pecaminosa y la profanación de la Día Santo de Dios, y aborrecemos y denunciamos estos errores teológicos por cuanto son en detrimento de la mayor gloria de Dios y el bien espiritual del hombre.

1 Génesis 2:3 Génesis 4:3 2 – “en el transcurso del tiempo”, literalmente, “al final de los días”, cf. 8:10,12; 29:27,28; Job 1:4,5 3 Éxodo 16:23,26 4 Éxodo 20:8-11, Deuteronomio 5:12-15 5 Isaías 58:13; Jeremías 17:21, 22 6 Isaías 56:6,7; 66:23 7 Mateo 24:20, Marcos 2:27,28; Lucas 4:16,31; 23:56 8 Génesis 2:2,3; 4:3; Éxodo 31:16,17 9 Marcos 2:27,28 10 Juan 20:1,19,26; Apocalipsis 1:10 11 Hechos 2:1; 20:7; 1 Corintios 16:1,2 12 Hebreos 4:9 13 Éxodo 20:10; 34:21; Levítico 23:3; Deuteronomio 5:14; Nehemías 13:15-20; Jeremías 17:21 14 Mateo 12:1,10-13; Lucas 13:16 15 Isaías 58:13 16 Génesis 27: 3; Nehemías 8:10; Eclesiastés 8:15 17 Levítico 23:3; Salmo 92-título; Isaías 66:23; Lucas 4:16, Hechos 16:13,14; 20:7 18 Génesis 2:3, Isaías 56:7,8; 58:13,14

10. Reverencia en el Culto

Afirmamos el concepto de la reverencia por Dios. 1 Las Escrituras distinguen entre el temor servil, que es poco más que el miedo de la ira y castigo de Dios, 2 y el temor filial, que es una santa disposición formada en nuestras almas por el Espíritu Santo, 3 por el cual somos capacitados adecuadamente para responder a la infinita excelencia de Dios, 4 Su grandeza y bondad. 5 Ésta es la gracia en la que los creyentes están llamados a ejercitarse. 6 Es un asombro, maravilla y profundo respeto delante de Dios, 7 se manifiesta en una variedad de maneras, incluyendo una estricta observancia a Su voluntad revelada, 8 el aborrecimiento de lo que es malo o indigno, 9 la vigilancia sobre el corazón y la vida, 10 la sinceridad, seriedad y diligencia en Su servicio, 11 el no rehusar nada a Él, 12 la esperanza en la sola misericordia divina, 13 y un profundo y fuerte deseo de Su presencia y favor. 14 Esta profunda veneración por Dios debe ser especialmente evidente en el culto de la iglesia, 15 donde Dios no sólo es reconocido como la Majestad divina, sino que también es honrado y alabado como tal. 16 Este temor no es en absoluto incompatible con el amor a Dios por parte del adorador, pero sí que afecta el carácter de ese amor, haciendo que no sea una familiaridad carnal sino un afecto reverencial; 17 ni tampoco es incompatible con nuestro gozo en Dios, sino que el temor piadoso tiene un efecto santificador y solemnizador sobre el mismo, transformando esta emoción en algo sobrio y sereno, que no se expresa en la risa mundana, sino más bien en regocijo espiritual. 18

Rechazamos el espíritu que prevalece en muchas iglesias, con su tendencia a convertir la adoración en nada más que un entretenimiento mundano. Nos apena que, en la Casa de Dios, los ministros tan a menudo prefieran vestirse informalmente y se conduzcan de una manera poco digna, como también nos duele que las congregaciones estén dispuestas a seguir sus malos ejemplos, convirtiéndose en arrogantes acerca de Dios y de Su santidad y comportándose de la manera más indigna e indecorosa. La reverencia y temor de Dios han trágicamente desaparecido en nuestros días.

1 Génesis 31:42; Salmo 33:8; Proverbios 1:7; Hebreos 12:28 2 Génesis 3:10; Mateo 25:24,25; Santiago 2:19 3 Deuteronomio 5:29; Salmo 86:11, Isaías 11:2,3; Jeremías 32:39,40 4 Deuteronomio 28:58, Salmo 112:1 5 Jeremías 5:22; 10:6,7; Salmo 130:4; Oseas 3:5 6 Proverbios 23:17, 2 Corintios 7:1, 1 Pedro 1:17 7 Eclesiastés 5:2; Isaías 6:1-3, 8 Salmo 112:1 8:13; Eclesiastés 12:13 9 Génesis 20:11; 42:18; Job 1:1; Proverbios 8:13, 16:6, 10 Romanos 11:20,21; 2 Corintios 7:1; 11 Salmo 2:11; Filipenses 2:12; Colosenses 3:22 12 Génesis 22:12; Nehemías 5:15; Isaías 60:5 13 Salmo 147:11 14 Salmo 25:1,14; Hechos 10:1,2; 15 Éxodo 15:11; Salmo 5:7; 89:7; Hechos 9:31 16 Salmo 29:2; 50:23; 86:9; Apocalipsis 14:7; 15:4; 17 Salmo 70:4; 73:25 18 Salmo 2:11; Proverbios 28:14; Filipenses 4:4

11. El Principio Regulador del Culto

Afirmamos la Ley para el culto divino, conocido como el Principio Regulativo, que establece que debe haber una autoridad positiva de designación de las Escrituras, o prescripción, en la manera de mandamiento directo o ejemplo aprobado, para todas las partes de la adoración de Dios. Esta ley se ha expresado en la declaración, “lo que la Escritura no prescribe, lo prohíbe.” 1 Entendemos que esta afirmación significa que las partes del culto ordinario sólo deben incluir el canto de alabanza bíblica y digna; 2 la lectura de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento en una traducción fiel y precisa; 3 el ofrecimiento de la oración, que incluya la acción de gracias, 4 confesión 5 y petición; 6 la predicación y escucha de la Palabra de Dios, 7 y la bendición. 8 Además de estas ordenanzas, está también la administración de los dos sacramentos u ordenanzas simbólicas: a saber, el Bautismo y la Cena del Señor. 9

Rechazamos la introducción en el culto solemne y público del entretenimiento mundano, ya sea de teatro, mimo, títeres, arte, danza, comedia o la música pop (con sus grupos de música e instrumentistas). De hecho, desaprobamos la así llamada “Adoración Cristiana Contemporánea”, por creer que sus innovaciones deshonran a Dios, son contrarias a las Escrituras (como “culto voluntario”), y perjudiciales para el testimonio de la Iglesia profesante de Cristo.

1 Deuteronomio 4:2; 12:32; Mateo 15:3,9; 28:20; 1 Corintios 11:2,23; Colosenses 2:22 2 Salmo 95:1,2; Colosenses 3:16 3 Josué 8:34,35; Nehemías 8:1-3, 1 Tesalonicenses 5:27 4 Oseas 14:1,2; Filipenses 4:6; Hebreos 13:15 5 Daniel 9:4; Mateo 6:12; 1 Juan 1:9 6 Efesios 6:18,19; Filipenses 4:6; 1 Timoteo 2:1,2,8 7 Hechos 10:33; 2 Timoteo 4:2 8 Números 6:22-27, 2 Corintios 13:14 9 Mateo 28:19, 20, 1 Corintios 11:23-29

12. El Sagrado Ministerio

Afirmamos la creencia en el santo ministerio. Incluso en los tiempos del Antiguo Testamento, había Ministros de la Palabra, tanto extraordinarios como ordinarios, 1 pero en los tiempos del Nuevo Testamento, el Oficio Ministerial pasó a estar mucho más de manifiesto. 2 Nuestro Señor mismo fue un Ministro, 3 y durante el período de Su predicación y enseñanza pública, Él ordenó a los Doce primero, y más tarde los Setenta; 4, pero dio a entender que otros estarían todavía involucrados en esta obra 5 y, antes de ascender a los cielos, declaró que existiría un Ministerio hasta el final de los tiempos. 6 Así pues, incluso ahora, el Señor exaltado da “pastores y maestros” a su Iglesia. 7 La Escritura insiste en que tales hombres deben ser divinamente cualificados por una vida santa y sin reproche, por un conocimiento racional y experimental de la Verdad, y por la capacidad de declarar y aplicar fiel y celosamente la Palabra de Dios. 8 También es necesario –de hecho es esencial– que el tal sea “llamado” al Ministerio, “llamamiento” que es doble: un llamamiento interior del Señor (la voluntad divina impresa en el corazón, aportando una convicción real, profunda y convincente) y un llamamiento externo de la Iglesia (que comporta la elección y entonces la ordenación solemne o designación). 9 Es evidente que sólo los hombres son llamados al oficio, y a dirigir así públicamente la adoración y ministrar la Palabra de Dios en el Iglesias 10 y cualesquiera otros oficiales pueda haber en una Iglesia del Evangelio (Ancianos Gobernantes o Diáconos), su servicio nunca podrá ser un sustituto de un correcto e indicado Ministerio Bíblico.11 Aquellos debidamente designados para el Ministerio deben cumplir con sus obligaciones, no en forma imperiosa o dominante, sino con un espíritu humilde, paciente y compasivo, como es el que se halla en el Príncipe de los pastores, nuestro Señor Jesucristo. 12 Además, según las Escrituras, el Ministerio de ellos no es sacerdotal (habiendo sido quitado el orden de Aarón, y el orden de Melquisedec perteneciendo únicamente al Señor Jesucristo): 13 en vez de ello, sus funciones principales son la predicación o la enseñanza de la Palabra de Dios y la administración de la sacramentos u ordenanzas.14 El único medio público divinamente autorizado para la instrucción y conversión de los pecadores es la proclamación verbal de la Palabra santa de Dios 15 y una de las mayores necesidades del tiempo presente es que se levanten hombres para predicar todo el consejo de Dios con autoridad y fidelidad, 16 y para estos predicadores –y para esta predicación– ser ungidos y capacitados por el Espíritu Santo enviado del cielo.17

Rechazamos la idea de que el ministerio “se encuentra en común”, de manera que cualquier persona pueda realizar el ministerio público en la iglesia, así como rechazamos la idea de que las mujeres pueden dirigir cualquier parte del culto divino o predicar a la iglesia congregada. Repudiamos también cualquier uso de teatro, mimo, títeres, etc., como medios ilegítimos e impropios para comunicar la Verdad revelada de Dios, puesto que creemos que Dios ha designado la predicación como la manera apropiada para dar a conocer su Verdad a este mundo necesitado.

1 Lucas 1:70; 2 Pedro 1:21; Deuteronomio 33:10; 2 Crónicas 15:3; Malaquías 2:7, Hechos 15:21 2 Hechos 6:4; Efesios 4:11,12; 1 Timoteo 1:12 3 Isaías 61:1, Romanos 15:8; Apocalipsis 3:14 4 Marcos 3:13,14; Lucas 10:1-16 5 Mateo 13:52; Lucas 12:42,43 6 Mateo 28:19,20 7 Efesios 4:11,12; 1 Corintios 12:28 8 Hechos 20:27,28; Romanos 12:6-8, 2 Corintios 3:5,6; 1 Timoteo 3:1-7; 2 Timoteo 2:15,24; 4:1-5; Tito 1:4-9 9 Hechos 13:1,2; Romanos 10:15, 1 Corintios 9:16, Hechos 1:15-26, 13:1-3; 14:23; 1 Timoteo 4:14 10 1 Timoteo 3:1, 1 Corintios 14:34,35; 1 Timoteo 2:11,12 11 Hechos 12:17; 21:18; Romanos 12:5-8, 1 Corintios 12:28; Hebreos 13:7,17 12 Mateo 20:25-28; 23:11,12; 1 Pedro 5:3; 3 Juan 9-11 13 Hebreos 8:13; 10:11,12 14 Mateo 28:19,20; Hechos 6:4; 20:7-11, 1 Corintios 3:5; 4:1; 2 Timoteo 4:1-4, 15 Lucas 24:46-48, 1 Corintios 1:21; 2 Corintios 4:5 16 Mateo 9:37, 38; Hechos 20:27; 2 Timoteo 2:2 17 Lucas 24:49, Juan 20:21,22; Hechos 4:8,31; 1 Pedro 1:12

13. Separación

Afirmamos el deber de dar un claro testimonio de nuestra Fe mediante la separación de todo error y, por consiguiente, de toda cooperación en actividades religiosas con los que niegan cualquier verdad capital de la Fe Cristiana. 1 Bajo el Antiguo Pacto, el pueblo de Dios fue advertido solemnemente en contra de la asociación con aquellos que habían desviado gravemente de la Verdad, 2 y cuando no hizo caso de tal advertencia fueron severamente reprobados, reprendidos o juzgados. 3 Bajo el Nuevo Pacto, se nos dice claramente que nos apartemos de aquellos que se apartan a sí mismos de la Verdad inviolable de Dios. 4 También está claro que debemos restringir el compañerismo –en especial el compañerismo público, de la iglesia– con aquellos que profesan ser “evangélicos” pero que desprecian la enseñanza de las Escrituras sobre la separación, prefiriendo confraternizar con aquellos que cuestionan o repudian la Verdad de la Biblia.5 Una de las mayores debilidades de los modernos “evangélicos” es que yerren en adoptar una toma de posición separada de la apostasía. Aquellos que representan el evangelicismo verdadero y conservador deben posicionarse juntos –y trabajar juntos– por la fe una vez dada a los santos. 6

Rechazamos todas las actividades interreligiosas, así como repudiamos totalmente el falso ecumenismo que intenta reunir aquellos que no pueden estar de acuerdo en los puntos fundamentales de la Fe Cristiana; el Romanismo que promueve una idolatría esencial y blasfemamente pagana; el Modernismo que viola la doctrina de la inspiración verbal y plena de las Sagradas Escrituras; y el Neo-Evangelicismo que prefiere una posición de neutralismo y apaciguamiento, comprometiendo la Verdad bíblica distintiva y vital.

1 Romanos 16:17,18; Efesios 5:11; Tito 3:10; 2 Juan 10,11 2 Éxodo 23:32; 34:12,15; Josué 23:7 3 Jueces 2:2; 2 Crónicas 19:2 cf. 18:1; 20:35-37; Esdrás 9:1,2,14 4 Mateo 7:15; 15:14; 2 Corintios 6:14-18; Gálatas 1:8,9; 2:4,5,11; 1 Timoteo 6:3-5; 2 Timoteo 3:1-5; 1 Juan 5:21; Apocalipsis 2:14-17; 18:4 5 2 Tesalonicenses 3:6,14,15 6 Hechos 2:42; 2 Corintios 13:8; Filipenses 1:27; 3 Juan 5-8; Judas 3

14. Avivamiento

Afirmamos la realidad y la gloria del avivamiento espiritual. Esto no es algo de orígenes modernos, porque el Espíritu Santo estuvo presente en los tiempos del Antiguo Testamento, 1 y, en varias ocasiones, en tiempos de decadencia espiritual, al antiguo pueblo del Señor se les concedió una nueva manifestación de la presencia y actividad del Espíritu, que dio lugar a un avivamiento y la renovación de sus almas. 2 Los profetas predijeron que habría futuras visitaciones avivadoras en esta era cristiana 3 y ellos, junto con el remanente piadoso, anhelaron y oraron por tales tiempos. 4 Pentecostés vio la llegada formal del Espíritu Santo para comenzar su actividad en el nuevo pacto glorificando al Cristo exaltado; 5 pero para los primeros cristianos este acontecimiento notable no excluía las incontenibles experiencias posteriores de la presencia y poder del Espíritu. 6 Aun así, la Iglesia, en su estado actual sin vida, necesita al Espíritu Santo como nunca antes en su historia, para hacer que la predicación sea poderosa, para producir un renovado aumento de la vida espiritual en la Iglesia y la conversión de multitudes en este mundo impío.7 El avivamiento resultante será caracterizado por un profundo sentido de Dios, un verdadero quebrantamiento de corazón, una verdadera preocupación por el alma, la asistencia diligente a los medios de gracia, la súplica ferviente, la vida cristiana santificada, una fuerte seguridad y un servicio sacrificial. 8 El pueblo del Señor debe orar fervientemente por un poderoso avivamiento del Espíritu Santo, de manera que Dios pueda sea exaltado y glorificado en la bendición de Su Iglesia y través de ella.9

Rechazamos la idea de que el avivamiento pertenece sólo al pasado, así como nos oponemos a la idea de que es algo de lo que la Iglesia pueda prescindir, y que todo lo que se requiere para ella es que continúe a dar testimonio de la Verdad. El evangelismo y la reforma exterior, en sí mismas y por sí mismas, no son las respuestas a la terrible falta de vitalidad y vigor espiritual, y el mero activismo por parte de los cristianos no efectuará la deseada transformación de la Iglesia de Cristo. Sin embargo, también rechazamos el Movimiento Carismático, que subordina la doctrina a la experiencia, pretende revelación extra-bíblica a través de los dones milagrosos, intenta restaurar los oficios extraordinarios y temporales de los Apóstoles y los Profetas, aboga la continua necesidad de señales y prodigios, alienta una flagrante irreverencia y mundanalidad en el culto público, aprueba un estilo de vida incompatible con una vida santa y promueve su propia forma sutil de ecumenismo. Este movimiento, a nuestro juicio, ha hecho un daño incalculable a las Iglesias Evangélicas y Reformadas y, sin vacilar, lo censuramos y repudiamos.

1 Génesis 6:3; Éxodo 28:3; Números 11:17; 1 Samuel 16:13; Nehemías 9:20,30; Salmo 51:11,12; Isaías 63:10; Hageo 2:5 2 Jueces 3:10 ; 6:34; 11:29; 13:25; 2 Crónicas 15:1; 20:14; 24:20; Nehemías 9:30 3 Isaías 32:15; 41:18; 44:3; Joel 2:28, 29; Zacarías 12:10 Salmo 85:6 4 Isaías 45:8; 64:1,2; Habacuc 3:2 5 Juan 7:39; 15:26; 16:13-15, Hechos 2:1,2, 22-36 6 Hechos 4:31; 5:14; 11:24 7 Lucas 4:14; 24:49; Hechos 1:8; 4:31-33; 6:7; 12:24; Salmo 72:6, 7; Ezequiel 37:1-10; Romanos 8:2; Salmo 110:3; Juan 3:8; 1 Corintios 2:4; 1 Tesalonicenses 1:5-7 8 Esdras 1:5; Ezequiel 36:26; Habacuc 2:20; Zacarías 12:10; Hechos 2:37; 13:2,4,9; Romanos 5:5; 8:26; 14:17; Efesios 1:13 9 Salmo 85:6; Habacuc 3:2; Lucas 11:13

15. Segunda Venida de Cristo

Afirmamos la bendita esperanza del regreso de Cristo. 1 Es cierto que Él vendrá de nuevo 2 y Su venida será personal, visible, poderosa y gloriosa. 3 En el tiempo señalado, Él descenderá del cielo en fuego, en las nubes y en compañía de huestes de ángeles. 4 Su aparición será con un gran clamor – para abrir las tumbas y levantar a los muertos, con voz del arcángel – para dirigir el reunión de todos los creyentes; y con trompeta de Dios – para infundir profunda reverencia mientras convoca solemnemente a los hombres a que comparezcan ante el Señor.5 Su propósito será entonces destruir el mal, vencer a sus enemigos, liberar a Su pueblo de todas las angustias, reunirlos juntamente consigo, cambiarlos y glorificarlos, premiar la fidelidad e inaugurar Su reino. 6 A la luz de este evento, es necesario que los hombres y las mujeres se aseguren de que están espiritualmente preparados. 7 Los creyentes, en particular, deben ser diligentes en su vida y servicio, mirando, orando y esperando la aparición de su Redentor. 8 Su esperanza no descansa en nada en este mundo vano. Descansa por completo en la Segunda Venida del Señor Jesucristo, el único que puede llevar a todo Su pueblo amado al gozo y paz eternos. 9

Rechazamos cualquier intento de “espiritualizar” la segunda venida. Rechazamos la vana noción que sugiere que la segunda venida de Cristo tuvo lugar cuando Jerusalén fue destruida, o cuando el Espíritu Santo fue dado en Pentecostés, o cuando el Reino de Dios fue establecido por el Evangelio. Así como repudiamos enérgicamente la opinión errónea de que la venida de Cristo es algo subjetivo, realizado en la presente experiencia interior del Señor Jesucristo por los creyentes. Todas esas interpretaciones marcan un alejamiento de la clara enseñanza de la Escritura.

1 2 Tito 2:13 2 Mateo 16:27; Juan 14:3, Hechos 3:21, Hebreos 10:37 3 Hechos 1:11, 1 Tesalonicenses 1:10; Hebreos 9:28; 1 Juan 3:2, Apocalipsis 22:20; Mateo 24:27,30; Apocalipsis 1:7; 1 Tesalonicenses 4:16; Marcos 13:24-26; Lucas 21:27, Filipenses 3:20,21; 2 Tesalonicenses 1:7-10; Judas 14,15; Mateo 25:31, Marcos 8:38, Lucas 9:26 4 Salmo 50:3,4; 2 Tesalonicenses 1:7,8; 2 Pedro 3:10; Mateo 24:30, Hechos 1:9-11 ; 1 Tesalonicenses 4:16,17; Apocalipsis 1:7; Mateo 16:27; 25:31; Judas 14,15 5 1 Tesalonicenses 4:16,17 6 Mateo 24:31; 25:14-30; Lucas 21: 28, Romanos 14:10-12, 1 Corintios 3:11-15; 15:51,52; 1 Tesalonicenses 4:14-17, 2 Tesalonicenses 2:8, 2 Timoteo 4:1 7 Amós 4:12; Mateo 24:44; 25:1-13, Lucas 12:40 8 Marcos 13:33; Lucas 12:36; 19:13; 21:36; 1 Corintios 1:7; 2 Pedro 3:11-14, 1 Juan 2: 28; 3:3 9 Salmo 16:11; 1 Timoteo 1:1, 1 Pedro 1:13; 1 Juan 3:3

16. El Estado Eterno

Afirmamos la realidad imponente de la eternidad. 1 Dios mora en la eternidad, donde hay una duración perpetua. 2 Él es eterno en un sentido en el que los hombres no lo son, en que Él no tuvo principio; pero Él es eterno en un sentido que los hombres sí lo son, en que Él vivirá para siempre. 3 Creados a imagen y semejanza de Dios, los hombres viven y están destinados a la existencia sin final. 4 Es cierto que la muerte tiene lugar, pero las almas sobreviven a ese cambio y experimentan una continua existencia consciente, gozando los creyentes de las bendiciones de los cielos, y los no-creyentes, los tormentos del infierno.5 Está designado un tiempo, sin embargo, para la resurrección del cuerpo; y entonces, después de que las almas se vuelvan a unir a sus cuerpos, será el Gran Día del Juicio Final. 6 Dios, en la Persona de su Hijo, introducirá aquel día cuando aparezca visiblemente, en la plena posesión del divino poder, y con la revelación de de Su Majestad. 7 Millones, entonces, serán tomados con un extremadamente grande temor, ya que el mundo creado será conmovido y el cielo y la tierra aparecerán juntamente convulsionados. 8 Convocados de todo el mundo, y de las oscuras tumbas, hombres y mujeres de todas las tierras y generaciones se reunirán ante el Gran Trono de de Dios. 9 Cada uno, como si no hubiera ningún otro, será juzgado y se enfrentará al tremendo escrutinio de este decisivo Día.10 Todas las obras, de todo tipo, serán divinamente recordadas y examinadas, y cada persona será solemnemente juzgada de acuerdo con aquellas obras. 11 La sentencia será pronunciada y los no-creyentes impenitentes –que nunca depositaron su confianza y esperanza en el único Salvador de los pecadores, cuyos nombres nunca fueron inscritos en el libro del Cordero de la vida– oirán pronunciado su horrible castigo, y su destino eterno y designado acontecerá. 12 Mientras los creyentes se encontrarán finalmente, como antes, en el lugar de la gloria y dicha inefable, los incrédulos se encontrarán en el lugar de la miseria indecible y eterno tormento. 13 Es nuestra firme convicción que cada uno del pueblo creyente del Señor gozará para siempre la presencia de Dios, los santos ángeles y toda la compañía de los redimidos, mientras que cada no-creyente experimentará conscientemente, con toda la compañía de los perdidos, en ese lugar preparado para el diablo y sus ángeles, la ira y castigo sin final de Dios en fuego inextinguible. 14 A la luz de tal eternidad, debemos buscar un conocimiento personal y experimental de Dios y buscar constante gracia para servirlo fielmente durante todo el período de nuestra tierra terrenal. 15

Rechazamos como graves errores de las doctrinas de: el Aniquilacionismo o la Inmortalidad Condicional, la enseñanza de la extinción total de los malvados; del sueño del alma, o Psicopaniquia, que enseñanza un estado inconsciente entre la muerte y resurrección; el Purgatorio, que enseña un estado intermedio de castigo en el que las almas son limpiadas y purificadas; la prueba segunda, o futura, que enseñanza la oportunidad de ser salvados después de la muerte; y el universalismo, que enseña que todos los hombres finalmente serán salvos. Creemos estas doctrinas son alejamientos muy graves de la Verdad Bíblica declarada y mantenida en nuestras Confesiones históricas.

1 Juan 3:15,16, 2 Corintios 4:18; Tito 1:2; Hebreos 5:9; 6:2; 9:15 2 Isaías 57:15; 1 Timoteo 1:17 3 Génesis 1:1; 21:33; Deuteronomio 33:27; Job 36:26; Salmo 90:1,2; 1 Timoteo 6:13-16; Apocalipsis 1:8 4 Génesis 1:26,27; Mateo 10:28; 2 Timoteo 1:10 5 Génesis 35:18, 1 Reyes 17:21,22; Job 34:14; Eclesiastés 12:7; Isaías 14:9,15; 57:1,2; Ezequiel 31:16, Lucas 16:22,23; 23: 42,43; Hechos 1:25, 2 Corintios 5:6-8; Filipenses 1:21,23; Apocalipsis 14:13 6 Isaías 25:8; 26:19; Daniel 12:1,2; Juan 5:28, 29; 11:24, Hechos 24:14,15; 2 Pedro 3:7; Judas 6; Apocalipsis 11:18; Salmo 50:3 7 Mateo 16:27; Marcos 13:26; 2 Tesalonicenses 1:7; Tito 2:13; Apocalipsis 1:7 8 Mateo 24:29-31, Marcos 13:24-27; Apocalipsis 6:12-17; 9 Romanos 2:5,6; Judas 14,15; Apocalipsis 20:11-13 10 Hechos 17:31; Apocalipsis 20:11-12 11 Eclesiastés 12:14; Romanos 2:5,6; Apocalipsis 11:20-22; Mateo 20:12 12 Apocalipsis 20:13 13 Salmo 16:11; 23:6; 73: 24,25; Mateo 8:11,12; Juan 3:36; 2 Tesalonicenses 1:7-9; Apocalipsis 21:8 14 Salmos 23:6, Mateo 25:41,46, Marcos 9:43-48; Juan 3:36; 14:1-3; 1 Tesalonicenses 4:17; 2 Tesalonicenses 1:9; Apocalipsis 14:11; 20:10; 22:3-5 15 Génesis 5:24; Job 22:21, 1 Corintios 15:55-58; Tito 2:11-14; 2 Pedro 3:11; Apocalipsis 2:10

miércoles, 15 de diciembre de 2010

LA NAVIDAD ES CELEBRADA DE UNA FORMA PAGANA,HUMANISTA,MATERIALISTA Y LICENCIOSA

En la generalidad de los casos la Navidad es celebrada en una forma pagana, humanista, materialista y licenciosa

Y no estoy usando esas palabras simplemente porque suenan bien, sino porque a través de ellas podemos comunicar con exactitud ciertos conceptos. Primero noten que no he dicho: “exclusivamente”, sino más bien “esencialmente”. La celebración de la Navidad en nuestra sociedad es esencialmente pagana, humanista, materialista y licenciosa.

Algunos no serán culpables de este pecado, pero creemos que afirmar que esa es la forma en que generalmente nuestra sociedad celebra esta fiesta es un hecho objetivo y concreto.

Es esencialmente pagana por el divorcio que vemos usualmente entre la celebración de la Navidad y las realidades que la Biblia nos revela acerca de Dios: el Dios que creó el universo y el mundo y todas las cosas que en ellos hay en seis días; el Dios que hizo todo para Su gloria; el Dios que colocó al hombre que había creado en el huerto del Edén; el Dios que llevó adelante un extraordinario plan de redención dado que ese hombre se convirtió en transgresor y se apartó de Él, plan que incluía la encarnación de Su Hijo.

Es esencialmente pagana esta celebración por cuanto estas realidades del Dios de las Escrituras no se encuentran presentes. Son ignoradas podríamos decir casi por completos, pasadas por alto; como si se estuviese celebrando otra cosa y no el suceso extraordinario de que Dios el Padre, en una impresionante muestra de amor por las criaturas que había creado y que habían pecado contra El, envió a Su Hijo para redimirlos de sus pecados.

Como si lo que se estuviese celebrando en estos días no fuese ese misterioso y extraordinario evento de la encarnación del Hijo de Dios, Quien siendo el Autor del Universo vino al vientre de una mujer virgen de Israel, donde fue milagrosamente unido a una naturaleza Humana, de tal manera que Ese que poseía en la eternidad todos los atributos que hacen a Dios ser Dios, ahora vino a poseer en el tiempo todos los atributos que hacen al hombre ser hombre. Y todo eso sin que Su divinidad deificara Su humanidad, y sin que Su humanidad disminuyera en nada Su Deidad.

Eso es lo que supuestamente el mundo celebrará el próximo 25 de diciembre. Ahora, yo me pregunto, ¿es una tergiversación de la verdad decir que la forma en que generalmente el mundo celebra el nacimiento de Cristo es esencialmente pagana? ¿Puede alguien decir que esta afirmación es exagerada? ¿O que se trata del producto un corazón fanático?

De igual manera podemos decir que la Navidad es una celebración esencialmente “humanista”. Y eso ¿qué significa? El humanismo es una escuela racionalista de pensamiento cuyo postulado central y fundamental es que el hombre es capaz de autorealizarse, capaz de desarrollar en sí mismo nobleza y bondad de carácter sin ninguna intervención sobrenatural.

Todo lo que se necesita para desarrollar esa nobleza y bondad de carácter, para ser feliz en este mundo y vivir en paz consigo mismo y con los demás, el hombre lo lleva dentro, como una semilla que sólo necesita ser cuidada apropiadamente.

Lo que debemos hacer, según los humanistas, es dejar que esas cosas florezcan, que esas cosas salgan hacia fuera, que germinen como un precioso árbol cargado de buenos frutos. Y en estos días, más que en ninguna otra época del año, nos invaden por todas partes los pensamientos humanistas. “Debemos capturar el espíritu de la Navidad y mantenerlo en el resto del año”.

Como si fuese una especie de virus de bondad, que si logramos apropiarnos de él seremos felices y nos llevaremos bien con todo el que nos rodea. “Que el amor y la paz reine en cada hogar, y que la fe renazca en nuestros corazones. Son los deseos de tal o cual empresa en esta Navidad”.

Aparte de que todo esto suena un poco cursi, debemos preguntarnos, ¿pueden el amor y la paz reinar en los hogares de esta nación cuando en la mayoría de esos hogares el pecado reina y la voluntad de Dios es menospreciada?

¿Cuál fe es la que se espera que renazca en nuestros corazones de acuerdo al espíritu de la Navidad? ¿Es acaso esa fe que viene del Espíritu de Dios y que nos lleva a desconfiar por completo de nosotros mismos, y nos mueve a clamar desesperados porque Dios tenga misericordia de nosotros? ¿O se refiere más bien a la fe humanista, la fe del hombre en el hombre mismo?

Deténganse un día de estos a considerar todos esos mensajes que se escuchan en esta temporada navideña y no les será difícil llegar a una respuesta. La Navidad es una época en la que todos estamos supuestos a sacar lo bueno y noble que hay dentro de nosotros, y todo eso sin la ayuda de Cristo y de la obra regeneradora de Su Espíritu.

¡Eso no encaja con el mensaje de las Escrituras! La Biblia dice que es maldito el hombre que confía en el hombre; el hombre que amparado en esa confianza en el hombre se aleja de Dios. Ese es el resultado final del humanismo. Aleja al hombre de Dios.

Por otra parte hemos dicho que la Navidad, tal como es generalmente celebrada en nuestra sociedad, es esencialmente materialista. Y ¿qué es el materialismo? Es la doctrina o enseñanza de que la comodidad, los placeres y las riquezas son los únicos o más excelentes valores del hombre. Es aquella filosofía que nos lleva a estar más preocupados por lo material que por lo espiritual.

Ahora bien, no creo que sea necesario tener que dedicar mucho tiempo para probar que la Navidad, tal como es generalmente celebrada en nuestra sociedad, es esencialmente materialista. A menos que vivamos en Marte o en Venus, seguramente nos hemos percatado de ese materialismo grosero que nos invade en estos días. Es algo que se puede oler en el ambiente, algo que se puede palpar, algo de lo que es difícil abstraerse.

En el mes de diciembre las tiendas se abarrotan de personas como no sucede en ninguna otra época del año. Las ventas aumentan en una forma excepcional. La gente compra comida, adornos de Navidad, vestidos nuevos, regalos, juguetes, como si de todo eso dependiera el que pasemos una mejor temporada navideña. Ese es el lema de la Navidad. Mientras más tengas más feliz debes ser. Es indudablemente una de las épocas más materialistas del año.

Miles y miles de pesos gastados en cosas que luego serán tiradas a la basura o serán apiladas en algún lugar en el mes de enero hasta el próximo año. Es por eso que la Navidad es, a pesar de toda la propaganda que dice lo contrario, una de las épocas que más ansiedad provoca en la gente.

Ansiedad por los regalos, ansiedad por la comida, ansiedad por los adornos, porque no queremos quedarnos atrás, y el mundo nos presiona fuertemente a que nos pongamos a nivel. No estamos exagerando entonces cuando decimos que generalmente estas fiestas son celebradas en una forma pagana, humanista, materialista, y el último término descriptivo que usamos fue: licenciosa.

No hay restricción moral. La Navidad es el tiempo de comer y beber sin freno. Una de las ápocas del año en que más accidentes automovilísticos se producen por personas irresponsables que toman un guía con la mente embotada por el alcohol. Y todo eso en honor al nacimiento de Aquel que vino a librarnos de nuestros pecados, a librarnos del presente siglo malo, nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo.

¿Somos exagerados cuando decimos que esto es un hecho objetivo y concreto, que la forma en que generalmente se celebra la Navidad en nuestra sociedad es esencialmente pagana, humanista, materialista y licenciosa?

Y ahora me pregunto, ¿qué nos dice esto a nosotros como cristianos? ¿Debemos meternos en esa corriente, en ese mismo estilo de vida? ¿Qué nos dice Dios en Su Palabra al respecto? Comp. Sal. 1; 1Jn. 2:15-17. Cristo murió en una cruz, dice Pablo en Gal. 1:4, para librarnos del presente siglo malo, para que el mundo no tenga el poder de moldearnos a su antojo.

El problema es que debido a la actividad del pecado remanente en nosotros muchas de estas cosas llaman nuestra atención y encuentran afinidad en nuestros corazones. Escuchen la advertencia de nuestro Señor Jesucristo en Lc. 21:34: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”.

Esta advertencia debe estar en nuestras frentes en estos días. Debemos vigilar los 365 días del año para que nuestros corazones no se carguen de estas cosas que Cristo menciona aquí, pero especialmente en la temporada navideña.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA DESIGNACION DEL 25 DE DICIEMBRE ES DE ORIGEN PAGANO Y NO BIBLICO

Otro hecho objetivo y concreto con respecto a la Navidad: La designación del 25 de Diciembre encuentra su origen en el paganismo y no en el cristianismo bíblico
En el Diccionario de Teología publicado por T.E.L.L. y del cual Everett Harrison es el editor, hay un buen resumen acerca del origen histórico de esta festividad. En la pg. 363 en su artículo sobre la Navidad dice lo siguiente:

“Los cristianos primitivos no observaban la fiesta del nacimiento de Jesús, a la que no dieron la importancia otorgada a su muerte y resurrección. En el Oriente, y después en el Occidente, el nacimiento de Cristo se celebraba en el 6 de enero en conexión con su bautismo, un día en el que los paganos celebraban la fiesta de Dionisio, asociado con el alargamiento de los días. La noche que abarcaba enero 5 al 6 se dedicaba a la fiesta del nacimiento de Cristo y el día 6 a su bautismo. Un papiro del siglo cuarto contiene la liturgia más antigua que conocemos sobre la Navidad. La fiesta de la Navidad fue separada de la fiesta cristiana más antigua, la Epifanía, dándole su propio día, 25 de diciembre, entre los años 325 y 354. En Roma, el año 336 se confirmó el 25 de diciembre como el día del nacimiento de Cristo. Es posible que el asunto fuera introducido por Constantino el Grande, quien evidentemente escogió ese día a causa de la fiesta pagana del sol que era tan popular. Gregorio Nacianceno y Crisóstomo popularizaron la nueva fiesta en Constantinopla. Pero la nueva fiesta recibió una fuerte oposición a través de todo Oriente, especialmente en Antioquía de Siria. Egipto no la aceptó hasta 431, Armenia nunca”.

El 25 de diciembre era un día de gran importancia para las grandes religiones paganas del mundo de entonces. Durante el solsticio de invierno los adoradores del sol hacían una serie de ritos con el propósito de que el astro se “acercase” a la tierra de nuevo.

Además se suponía que una gran cantidad de dioses había nacido en esa fecha, como es el caso del dios Mitra en Persia, cuya fiesta se celebraba en Roma precisamente el 25 de diciembre.

En esa misma fecha se celebraban también las saturnales, en honor a Saturno; durante esas fiestas se hacían “banquetes, se intercambiaban regalos y se suprimían las divisiones sociales” (Edaf). Estos festivales se celebraban en medio de excesos tan terribles que la palabra “saturnal” vino a ser una figura literaria que designa fiestas orgiásticas.

Estos datos históricos no fueron sacados de un panfleto fanático. La razón por la que se celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre no tiene nada que ver con el hecho de que se posea alguna indicación en la Escritura de que Cristo nació en esta época. De hecho, algunos comentaristas opinan que es imposible que Cristo haya nacido a finales de diciembre, y esto por varias razones:

En primer lugar, porque Lucas nos dice que las ovejas estaban pastando en el campo cuando los ángeles anunciaron a los pastores del nacimiento de Jesús, cosa muy improbable si estaban en pleno invierno.

En segundo lugar, porque en esa estación del año los caminos son intransitables. Y Lucas nos dice que en los días del nacimiento del Señor “se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado” (Lc. 2:1), ie., censado.

Si los caminos eran difíciles de transitar en esa época del año, ¿cómo fue promulgado un censo que obligaría a muchas personas a regresar a su lugar de nacimiento, como ocurrió con José y María que tuvieron que viajar a Belén?

Y en tercer lugar, porque no fue sino hasta el siglo IV, 300 años después del nacimiento del Señor, que Constantino el Grande hizo coincidir la fecha del nacimiento de Cristo con las saturnales.

Por todo esto concluimos que la afirmación de que Cristo nació el 25 de diciembre no tiene ningún asidero histórico seguro. No podemos decir con seguridad que Cristo nació el 25 de diciembre, como tampoco podemos negarlo con seguridad. Lo que sí es seguro es que la fecha en que el mundo celebra la Navidad encuentra su origen en el paganismo, no en el cristianismo bíblico.

¿Cuáles conclusiones extraemos de todo esto? Siendo que esta fiesta posee un claro y evidente origen pagano, los cristianos debemos acercarnos a ella con mucha cautela, y con mucha reserva. Sabemos que hoy día nadie tiene en mente los festivales de Saturno, ni el nacimiento del dios Mitra. Pero no podemos echar a un lado el hecho incontrovertible de que esta festividad no es otra cosa que una cristianización de una fiesta pagana.

Sin embargo, y aquí viene la otra cara de la moneda, siendo también que en esta fiesta al menos una vez al año el mundo recuerda el nacimiento de Jesucristo nuestro Señor, debemos tener cuidado de asumir una postura radical con respecto a todo lo que sucede en Navidad. Noten el balance de lo que estamos diciendo aquí. El origen de estas fiestas es pagano, y por lo tanto, debemos acercarnos a ella con reservas, con cautela. No debemos ser simples.

Pero al mismo tiempo debemos reconocer que Dios es el Dios de la historia y que muchas veces se vale de instrumentos misteriosos para llevar adelante Su plan. Cuando los hermanos de José lo vendieron a unos mercaderes y a través de ese acto inicuo y perverso José llega a Egipto, Dios estaba llevando adelante Su plan.

Eso no elimina la culpabilidad de los hijos de Jacob; lo que hicieron fue un pecado atroz. Pero Dios es soberano, y Su control incluye el pecado de los hombres. Judas pecó gravemente contra Dios al haber vendido al Señor por 30 piezas de plata. Pero a través de ese pecado Dios llevó a cabo Su plan de traer redención al mundo.

Cuando Constantino inició su labor de “cristianizar” el imperio romano, indudablemente hizo mucho mal al cristianismo. Muchas ideas paganas fueron introducidas en la Iglesia a través de ese proceso de “cristianización”.

No obstante, debemos reconocer el hecho de que en un mundo que aborrece a Dios, y que aborrece al Señor Jesucristo, cada año se nos lleva a hacer memoria del más extraordinario y trascendental suceso que ha ocurrido en la historia: Dios se hizo Hombre.

El mundo no comprende la magnitud de todo esto, y lo celebra en una forma completamente inadecuada. Pero de una forma u otra, al menos una vez al año, se ve obligado a recordar este hecho tan trascendental. Sea como sea, ese testimonio ha perdurado a lo largo de los siglos.

Independientemente de la bacanal que se genera en estos tiempos, a través de los siglos ese testimonio ha perdurado, y añade culpabilidad al hombre.

Aun nos restan dos hechos más que veremos en las próximas entradas, si el Señor lo permite.
© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

ALGUNOS HECHOS OBJETIVOS Y CONCRETOS CON RESPECTO A LA NAVIDAD

Algunos hechos objetivos y concretos con respecto a la Navidad
Pongamos a un lado las emociones y los sentimientos, y vamos a hablar de hechos, hechos concretos y objetivos en cuanto a la Navidad (debo decir, por justicia, que estos encabezados no son originales; los escuché hace algunos años en una serie de sermones que el pastor Albert Martin expuso en su iglesia, Trinity Baptist Church, en esta misma temporada).

La Palabra de Dios no contiene ninguna indicación de que el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo deba ser recordado por medio de alguna celebración religiosa o social

Con esto no estoy diciendo que el nacimiento de Cristo no deba ser recordado, sino que no tenemos garantía en las Escrituras de que el nacimiento del Salvador deba ser recordado a través de algún tipo de celebración o festividad religiosa o social.

Debemos guardar en nuestras memorias el hecho extraordinario de que Cristo se haya hecho Hombre. Ese evento es central en la obra redentora de Cristo. En 2Tim. 2:8 Pablo le dice a su hijo en la fe que debía recordar a Jesucristo, por un lado como Aquel que es la simiente de David, del linaje real de David, y por el otro como Aquel que se levantó victorioso de los muertos.

Pero no encontramos aquí ninguna orden, ni siquiera una recomendación de que, para ayudar a recordar a Cristo, se celebrase alguna fiesta especial que conmemorara Su nacimiento.

Sí tenemos una clara indicación en las Escrituras de que debemos celebrar Su resurrección de Cristo cada vez que nos reunimos como iglesia el primer día de la semana.

De igual modo cada vez que celebramos la Santa Cena estamos recordando la muerte de nuestro Señor Jesucristo en la cruz. Pero no lo hacemos así por tradición, sino porque es un mandato expreso de nuestro Señor Jesucristo (1Cor. 11).

Así que la Biblia no contiene ningún mandato, ni ningún precedente que indique que el nacimiento de Cristo deba ser celebrado. Esto es un hecho. No se trata de un asunto de preferencia personal, ni de un asunto emocional o sentimental. Lo que estamos diciendo es algo objetivo, incontrovertible, innegable.

Y, ¿qué aprendemos de esto? En primer lugar, que dado que la Biblia no ordena tal cosa, la conciencia de ningún cristiano debe ser atada a observar de alguna manera el 25 de Diciembre como la fecha del nacimiento de Cristo, ya sea en una forma religiosa o social.

Nadie tiene derecho a afirmar que es un deber cristiano celebrar el nacimiento de Cristo, ya sea el 25 de diciembre, o cualquier otro día del año. Celebrar la Navidad como si fuese un deber cristiano es una violación a la libertad de conciencia. Sólo Dios es el dueño de nuestras conciencias y El no nos dejó ningún mandamiento respecto a esto.

En segundo lugar, por cuanto no tenemos en la Biblia ninguna indicación de que debamos celebrar el nacimiento de Cristo, ninguna Iglesia tiene derecho a imponer sobre sus miembros, en su vida de adoración corporativa, ninguna actividad que atribuya alguna significación especial al 25 de diciembre.

¿Por qué? Porque Cristo es la cabeza de la Iglesia, y sólo Él tiene derecho a establecer lo que nosotros como Iglesia debemos hacer en nuestras reuniones corporativas de adoración. (1Tim. 3:14-15). Podemos usar este tiempo en nuestra libertad para predicar algún sermón evangelístico alusivo al nacimiento de Cristo o para recordar a los creyentes algunas de las implicaciones que se derivan de la encarnación del Hijo de Dios. Pero tal cosa no es una obligación.

En la próxima entrada, si el Señor lo permite, veremos otros hechos objetivos relacionados con la Navidad.

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jueves, 2 de diciembre de 2010

LA PRACTICA DEL AYUNO, CUANDO Y COMO

La práctica del ayuno, cuándo y cómo

Cuando rastreamos en las Escrituras la práctica del ayuno, ya sea a nivel individual o colectivo, encontraremos que el pueblo de Dios solía ayunar en las siguientes circunstancias.

Por un lado vemos que el pueblo de Dios ayunaba cuando se encontraba en medio de un gran pesar por causa de su pecado delante de Dios. Daniel ayunó en Babilonia como una manifestación de dolor ante los pecados del pueblo; y lo mismo hizo Esdras: “No comió pan ni bebió agua, porque se entristeció a causa del pecado de los del cautiverio” (Esd. 10:6).

También ayunaban como una manifestación de profundo dolor, como cuando David se enteró de la muerte de Abner; cuando le ofrecieron comida dijo: “Así me haga Dios y aun me añada, si antes de que se ponga el sol gustare yo pan, o cualquiera otra cosa” (2Sam. 3:35).

En las Escrituras encontramos al pueblo de Dios ayunando también en medio de circunstancias difíciles, como cuando fueron atacados por Moab y Amón en los días de Josafat (comp. 2Cro. 20:1-4, 21-23). De igual manera, en el libro de Ester vemos cómo la oración acompañada de ayuno juega un papel preponderante en toda la historia.

A todo esto podemos añadir que el pueblo de Dios ayunaba cuando necesitaba la dirección y capacitación de Dios en medio de tareas difíciles. El Señor Jesucristo ayunó 40 días antes del inicio de Su ministerio. Siendo el Hijo de Dios encarnado dependía totalmente de Su Padre, y ese sentido de dependencia lo movía a buscar el rostro de Dios, no sólo en oración, sino también en ayuno.

Ese mismo patrón lo vemos en la iglesia primitiva, que tanto en Hch. 13:2 como en 14:23 buscaron la dirección de Dios en el contexto de la selección de sus líderes en ayuno y oración.

En todos estos ejemplos vemos el mismo patrón. Estos hombres y mujeres no ayunaban para sobornar a Dios, ni para darle pena y así ablandar Su corazón. Su sentido de necesidad y dependencia los llevaba a ayunar.

Somos una raza de gente necesitada, y por esa misma razón necesitamos buscar continuamente el rostro de Dios en oración, y en ocasiones tendremos que hacerlo en una forma especial, apartándonos de todas las cosas para dedicarnos con más ahínco y sin estorbo a tener comunión con El. Eso es ayunar.

Tal vez se le ha puesto más énfasis a la mecánica del ayuno que a su esencia. La Biblia no plantea una forma rígida de ayunar. Puede ser un ayuno individual o colectivo; puede ser de un día o más, o aun puede ser una parte del día; puede ser total o parcial, como el ayuno practicado por Daniel en Dn. 10:3, que consistió simplemente en abstinencia de manjares delicados, de carne y de vino por tres semanas.

Pero sea de un modo o de otro, lo importante es la disposición que nos ha movido a venir delante de Dios en oración y ayuno. ¿Es acaso que has sentido un dolor agudo por causa de tu pecado? ¿O que te encuentras en medio de una situación aflictiva? ¿O en medio de alguna circunstancia difícil y necesitas la dirección de Dios? Busca el rostro de Dios con un profundo sentido de dependencia. Dice en el Sal. 145:18 que nuestro Dios se acerca “a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras”.

No a los que cumplen un ritual por las mañanas, y antes de salir de sus casas se postran y dicen: “Señor, bendíceme en este día. En el nombre de Jesús. Amén”. Dios está cercano a los que le invocan de veras, con un sentido tal de urgencia y necesidad, que en ocasiones encontraremos a este hombre buscando el rostro de Dios no sólo en oración, sino también en ayuno (Mr. 2:18-20).

Quiera Dios poner en nosotros un cada más profundo sentido de dependencia y de insuficiencia que nos mueva a buscarle más intensamente. Mientras haya pecados que confesar, dolores intensos que aliviar, situaciones difíciles que enfrentar, y decisiones cruciales que tomar, el ayuno será necesario.

Cristo dijo que cuando el esposo nos sea quitado nos veríamos en la necesidad de ayunar. Era de estos días que el Señor hablaba. Debemos buscar Su rostro intensamente, porque lo necesitamos intensamente.

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martes, 30 de noviembre de 2010

EL EVANGELIO SEGUN JESUCRISTO




Este es el libro de John MacArthur titulado: EL EVANGELIO SEGUN JESUCRISTO. Grandemente recomendado para contrarestar las falsas ensenanzas de la actualidad respecto a un credulismo facil que no muestra cual ningun cambio de vida en aquellas personas que afirman ser salvas.

lunes, 29 de noviembre de 2010

¿CONDUCTISMO (PSICOLOGIA) O EVANGELISMO?


Pastor Manuel Cendales S.
¿Conductismo o Evangelismo?
Tomado de "Primera Nota" Editorial de la Revista Palabra Profética. Mes Mayo 2010
Texto en referencia:
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Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.


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No es mi propósito polarizar la predicación contemporánea, y podría responder afirmativamente que hay muchas gamas de desaciertos en el sermón actual, que lejos de llevar a Cristo a sus prosélitos –tales predicadores- los empujan a alejarse cada vez más del Señor. Sin embargo, la Biblia vehemente y enfáticamente polariza entre justo e impío, caliente y frío, Cristo y Belial, La verdad y la mentira. ¡No dice que hay verdades a medias!


Una muy buena pregunta que debería hacerse la iglesia -particularmente los que desarrollan la Gloriosa tarea de predicar- en relación con su labor y el fruto de la misma seria: ¿Estoy conductizando o Evangelizando? Porque son dos cosas no sólo diferentes sino totalmente opuestas al deseo de Dios, según lo expresan sus Santas Escrituras. Permítame tratar de definirle de la manera más sencilla posible “Conductismo”:


“ Corriente de la psicología inaugurada por John B. Watson (1878-1958) que defiende el empleo de procedimientos estrictamente experimentales para estudiar el comportamiento observable (la conducta), considerando el entorno como un conjunto de estímulos-respuesta, el enfoque conductista en psicología tiene sus raíces en el... funcionalismo y en la teoría darwiniana de la evolución, ya que ambas corrientes hacían hincapié en una concepción del individuo como un organismo que se adapta al medio (o ambiente)”.“Para el Conductismo la Psicología debe ser ciencia eminentemente práctica, sin nada de introspección, y teniendo como objetivo la predicción y el control de la conducta. El hombre no es otra cosa que la suma de condicionamientos habidos. Negó la existencia de cualesquiera caracteres o facultades innatos. Quien lea el ensayo de Watson citado se dará cuenta inmediatamente de la influencia ejercida sobre el conductismo por la experimentación con los animales. El aprendizaje que se verificaba en un ratón adiestrado al recorrer un laberinto parecía consistir en la adquisición de una serie de movimientos más que de nociones.” (1)

El conductismo es una extensión del evolucionismo, que considera que el hombre es un animal superior, pero animal al fin y al cabo. Ahora bien, ¿No es el conductismo el método de enseñanza por excelencia en muchas comunidades cristianas?


El tipo de sermón conductista en su fase más simple, mediante estímulos, que van desde sencillos a complejos, enarbola lemas reiterativos tales como; “aleluya, gloria a Dios, amén”, “éste es el año de la cosecha”, “Dios hará de ti una nación” o a través de himnos o cánticos espirituales específicos que han sustituido la adoración por una especie de declaraciones que en nada difieren de las “barras bravas del Fútbol rentado” y que abuchean con el fin de alcanzar un avivamiento; A otro nivel son sermones llenos de exigencias de buena conducta (legalistas), y presentando la Biblia (Palabra de Dios), como una especie de libro de leyes fijas y permanentes que de ser aplicadas obtendrán invariablemente el mismo resultado (2+2=4), con ideas centrales tales como “ayuna y vencerás”, “confiesa y recibirás”, “cree y tú y tu casa serán salvos”. Estas estereotipadas predicaciones buscan indefectiblemente una cosa: que el “pueblo de Dios”, como el ratoncito del laberinto (conductizando), responda a sus intereses, que en muchas ocasiones, sólo buscan saciar el voraz apetito de poder, honra y riquezas de estos predicadores.


Ahora, cierto es que éste primer nivel de conductismo también lo predican personas sinceras, que aman el cuerpo de Cristo, pero que desconocen no sólo las Escrituras y sus doctrinas, sino las estrategias del diablo, encubiertas mediante hombres malvados y de antemano condenados que introducen a la Iglesia doctrinas de demonios. (2) Cerremos esta primera parte con esta breve idea de conductismo:


“Los antecedentes filosóficos del conductismo se basan en el determinismo o realismo científico. Sostiene que el hombre es la combinación de su herencia genética y de su experiencia en la vida, excluyendo variables filosóficas tales como "intencionalidad innata', "alma" y otros elementos” (3)



Tales sermones niegan implícitamente la voluntad y el alma humanas, y si el evangelio es esencialmente predicado para Salvar el alma ¿Cómo alcanzar a los perdidos? Ciertamente, no es sólo cambiando su conducta, es necesario que nazcan de nuevo.

Queridos obispos, el “conductismo cristiano” presenta una segunda fase más compleja, y que sin embargo, aunque se viste de “conocimiento” busca el mismo objetivo: generar conducta y nada más.

Como respuesta a los primeros conductistas del siglo XIX, surgió una corriente que pretendía conocer mejor el alma humana y que no creían necesitar apelar a la Biblia, La Palabra Divina; que desconocieron abiertamente al Padre de las almas quien verdaderamente conoce y ama el alma humana, Dios. Tal corriente fue “encabezada por psicólogos alemanes como Wertheirmer, Kohler, Koffa y Lewin. El desarrollo de esta línea cognoscitivista fue una reacción contra el conductismo de Watson Holt y Tolman rechazaron fuertemente conceptos de condicionamiento y enfatizan desde su punto de vista que los individuos no responden tanto a estímulos sino que actúan sobre la base de creencias, convicciones actitudes y deseos de alcanzar ciertas metas, esta posición es conocida como conductismo-cognoscitivista” (4)




Pareciera ser la corriente apropiada y verdadera, pero confía que la mera creencia (Firme asentimiento y conformidad con algo) y el deseo son suficientes, rechazando lo que dijo el Señor; “... no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia...” (Romanos 9.16)

Bajo esta línea de predicadores, se hallan incluso hombres eruditos que le han dado el pedestal al conocimiento, que piensan erróneamente, que el solo conocimiento de las grandes doctrinas, la moral de Dios y su bendita ley serán suficientes para cambiar al hombre; y a la verdad, al igual que el grupo de lo que he llamado “la primera fase” logran cierta transformación, sólo que de una manera externa y superficial, llevando al pueblo a lo que el apóstol llama una “fe fingida”, pero para explicarlo, permítame presentar otra definición de conductismo, que por más corta no deja de ser profunda y beneficiosa para nuestra exhortación:

“Orientación metodológica que estudia el comportamiento sobre las relaciones de estímulo y respuesta y a partir de la conducta y de las reacciones objetivas, sin tener en cuenta la consciencia, que es considerada un epifenómeno” (5)


Noten, sin tener en cuenta la conciencia. ¿Es importante la conciencia en la evangelización? Y ¿Qué es conciencia según la Biblia?

Conciencia viene de una palabra griega Συνείδησις suneídesis “conciencia moral”. Es decir esa área del alma que indica al individuo que existe una ley divina y que le revela su estado frente a las demandas de justicia de ésta. Pablo, preocupado por las falsas doctrinas le ruega a Timoteo que se quede en Éfeso para que mande que no se enseñen doctrinas diferentes ¿Por qué las veía diferentes?



Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.
1ª Timotea. 1.5-7



Bueno, no hay duda de que el propósito de tal mandamiento es que la predicación, apelando no a la conducta o al mero intelecto, apele a la conciencia y dé como resultado que los profesantes fueran el fruto de la Fe sobrenatural que otorga Dios a sus escogidos y no el resultado de una construcción interna meramente cognoscitiva y psicológica; es decir, una especie de autosugestión.


Trayendo a colación nuestro pasaje referencia de la presente nota editorial ( 2ª Tim. 3.14), Pablo insta a Timoteo a persistir (deseo + voluntad) en lo que has aprendido (conocimiento no meramente intelectual sino fruto de la iluminación del Espíritu por la predicación ungida del genuino Evangelio; El de Cristo crucificado, en el cuál la sabiduría humana no es el fundamento) (6) y te persuadiste ; una clara apelación a la introspección que el conductismo niega; un llamado a la conciencia que da testimonio al corazón (7) , la que generalmente por el pecado es mala, está cauterizada o en el mejor de los casos debilitada (8) y requiere de la graciosa y misericordiosa operación, nada menos , ni nada más, que del GLORIOSO DIOS, del Espíritu Santo.


Todo esto en relación a los receptores de este tipo de “mensaje chatarra” pero y ¿Qué de los que predican tales “doctrinas” y aplican métodos meramente conductistas que por su propia naturaleza producen gente “religiosa” , con conductas externas cual lápidas blanqueadas? No hay duda que se han hecho “obreros desaprobados que no usan bien la Palabra de Verdad”.


Al mismo Timoteo, Pablo insiste que la clave del Evangelio es ir al corazón del pecador (¡y los creyentes también pecamos!).


Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar 1ª Tim. 1.19-20

Y no hay duda de que el propósito es mantener FE y una buena conciencia, aspectos de los que hombres réprobos como Himeneo y Alejandro carecían, los hábitos y el conocimiento per sé , nada son, si nuestro mensaje no va al corazón.

Permítame terminar con una cita del libro “Cuando no se disipan las tinieblas” (9) que nos permitirá de una manera ilustrada aplicar esto a nuestras almas:


“El rey Carlos le preguntó a John Owen, el más importante contemporáneo y teólogo puritano de Bunyan, por qué había ido a oír a un manipulador inculto predicar (refiriéndose a Bunyan)... respondió: Voluntariamente cambiaría mi conocimiento por el poder de ese (Bunyan)... de tocar los corazones de los hombres.”

domingo, 21 de noviembre de 2010

LA FE Y LA RAZON


Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 1
Tema 2. La Fe y la Razón. El rol de la razón en la vida del alma.



“Estamos teniendo un avivamiento de los sentimientos pero no del conocimiento de Dios. La iglesia de hoy está más orientada a los sentimientos que a las convicciones. Valoramos el entusiasmo más que el compromiso informado.” –

Encuesta Gallup sobre religión, 1980.1

Introducción

Según la encuesta de Gallup que hemos citado más arriba, la iglesia contemporánea está formada por cristianos que no están siendo entrenados en cómo pensar detenidamente y de manera profunda en lo que ellos creen y por qué lo creen.

Nuestra sociedad del siglo XXI ha reemplazado los héroes verdaderos por las celebridades del entretenimiento; ha sustituido la sustancia y la profundidad de pensamiento por la imagen estética y el glamur. Y en los procesos políticos, vamos a votar a las mesas electorales, no con un fundamento filosófico bien estructurado alrededor de una propuesta de plan de gobierno, sino que vamos con un corazón lleno de emociones y slogans empaquetados en jingles de 30 segundos.

Y esta manera de pensar subjetiva, secular y relativista ha calado también las iglesias de hoy en día, al punto que el criterio que muchos tienen para ir a la iglesia es basado en aspectos subjetivos, en lugar de argumentos Escriturales.

“¿Por qué asistes a esta iglesia?”, pregunta alguien, a lo cual responde el otro:

“Ah, porque me gozo en los cánticos, me encanta la gente que asiste aquí, y las prédicas son muy interesantes…”

“Pero, ¿por qué tienes que ir a la iglesia el domingo?”, insiste la persona – “bueno, supongo que es una costumbre cristiana… se supone que los cristianos van a la iglesia el domingo… en esta iglesia es „obligatorio‟ asistir al servicio los domingos… y como pertenezco a esta iglesia, me congrego los domingos”.

Lo que acabamos de describir no es algo raro. Es como la fe del carbonero, un hombre ignorante que se ganaba la vida vendiendo carbón en la calle, y decía que era creyente. Al preguntársele cuál era su creencia, cuál era la definición de su fe, él sencillamente respondió que él creía “lo mismo que cree mi iglesia”; y qué cree su iglesia? “Lo mismo que creo yo”. No había un entendimiento o razón de la supuesta esperanza que había en él.

¿Cómo llegamos hasta este punto?




1 Citado por J. P. Moreland, Love Your God With All Your Mind. Navpress, Colorado, USA, 1997, p.19


Correo electrónico: Arthur_pink@hotmail.com; Sitio de Internet: http://exegetas.wordpress.com

Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 2


En el principio no era así, y esto lo vemos en la manera en que la Biblia describe la fe, diciendo que es la “certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (He.11:1).

Puede que tú no veas el aire que respiras, pero no tienes ninguna duda de que el aire existe y lo estás respirando aunque no lo veas, porque tienes otras evidencias que te muestran este hecho te dan confianza en que el aire no te va a faltar.

Los primeros cristianos expusieron su fe con argumentos razonables como el caso de Pablo en Hechos 17:28 donde citó a dos filósofos griegos para demostrar su punto: cita a Epiménides de Knossos (Creta, siglo 6to AC) y Aratus de Solí (Macedonia, 310- 240 AC).

Y hasta llegar a los puritanos del siglo XVII que fueron hombres conocidos por su erudición en muchas disciplinas, como el caso de John Owen o Jonathan Edwards, la fe todavía era tratada bajo un esquema racional. Estos hombres eran autoridades intelectuales y espirituales en sus comunidades y figuras reconocidas aún en el mundo no cristiano por sus aportes.

¿Qué pasó entonces con este modo de pensar razonable e intelectual? No quiero invertir tiempo y espacio a la historia de la iglesia, pero básicamente el siglo XVIII, conocido como la ilustración, trajo consigo a ciertos filósofos como David Hume (1711-1776) y Emmanuel Kant (1724-1804) cuyas ideas filosóficas alteraron la opinión de la gente acerca de la religión. Ellos decían que como no podíamos experimentar a Dios por nuestros cinco sentidos, el tema de la existencia de Dios no podía abordarse como parte del “conocimiento”.

En segundo lugar, la Alta Crítica alemana puso en duda la Biblia comenzando por negar la autoría del Pentateuco como una obra de Moisés. Y en tercer lugar, la teoría de la evolución de Darwin permitió un mundo seguro para los que decían ser ateos.

Así que en lugar de la iglesia combatir estas falsas ideas con argumentos intelectuales, muchos cristianos crecieron con cierto rechazo hacia la filosofía y las ciencias. De hecho, el siglo XVIII dentro de la iglesia se caracterizó por un énfasis en el sensacionalismo con una predicación orientada a los sentimientos personales en lugar de las convicciones. El historiador George Marsden dice que

“el anti-intelectualismo fue una característica del avivamiento de América”. Como consecuencia de esta falta de teología sólida surgen posteriormente tres movimientos falsos: Mormonismo (1830), los Adventistas del Séptimo Día (1844) y los Testigos de Jehová (1884).

A continuación voy a citar del libro de J. P. Morland, “Love Your God With All Your Mind”, cuál ha sido el impacto de este modo de pensar anti-intelectual en la iglesia contemporánea.

Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 3


I- El Impacto en la Iglesia por el rechazo hacia el pensamiento intelectual

J. P. Moreland describe varias áreas de impacto en la iglesia, pero sólo comentaré las que nos interesan para el caso que nos ocupa.

A. Un entendimiento incorrecto de la relación entre la fe y la razón.

Erróneamente algunos definen la fe como un “acto ciego de la voluntad”… “una decisión de creer algo que está ajeno de la razón o que incluso ignora voluntariamente la falta de evidencia para sustentar lo que se cree”.

¿Qué es la fe?

Sin embargo podemos extraer de la Biblia que la fe es un poder o una habilidad para actuar de acuerdo con la naturaleza del reino de Dios. La fe es una convicción, una certeza en algo que esperamos, pero confiando en una información racional (He.11:1; Ro.12:1).

Entendido así, vemos que la fe cristiana se basa en la razón. Si no estás de acuerdo con esta aseveración, te pido que sigas leyendo hasta que nos pongamos de acuerdo en cómo definimos la “razón”, un poco más adelante.

Mientras tanto, antes de decidir dedicar tu vida completa a la causa del Señor Jesucristo, es importante que tengas “buenas razones” para creer que el Cristianismo es la verdad. De hecho, tú no podrás amar lo que no conoces. ¿Cómo dices que amas a Dios si nunca lo has visto? ¿Qué razón tienes para pensar que lo conoces y que lo amas, o que tienes una relación con El?

¿Qué es la razón?

Al impartir esta clase, un estudiante me objetó que “podemos decir que la fe es „razonable‟ pero no „racional‟, de hecho – decía él, es „supra-racional‟ (más allá de la razón). El se basaba en que hay muchas cosas que no se pueden explicar humanamente, como la resurrección de un muerto que ya tiene cuatro días sepultado en estado de descomposición (Juan 11:39), por ejemplo, así que este tipo de eventos hay que “aceptarlo por fe”, y no cabe dentro de la razón para ser llamado racional sino “supra racional”, decía él, porque va “más allá de la razón”.

Permítanme definir la semántica de los términos en español, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: http://www.rae.es/

Razón: Capacidad de discurrir; capacidad de reflexionar, pensar, hablar acerca de algo, aplicar la inteligencia. Dar a alguien la razón, significa quedar convencido por los argumentos que se le presentan.

Racional: Perteneciente o relativo a la razón. Conforme a la razón.

Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 4


La palabra “supra racional” no existe en ningún idioma hasta donde he investigado, pero la idea de lo que el estudiante quiso decir la entiendo aunque debemos aclarar dónde estuvo su confusión o rechazo a la palabra “racional”.

Cuando hablamos de una fe “racional”, no estamos hablando de “hechos verificables por simple observación”. Por ejemplo el caso del paralítico descrito en Mateo 9:2-82. Cuando le trajeron un paralítico al Señor Jesucristo él le dijo

“Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”. Pero algunos escribas que estaban presentes pensaron en sus adentros que Jesús era un blasfemo porque estaba tomando el lugar de Dios. “Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.” (Mt.9:4-9).

¿Podemos verificar por observación que nuestros pecados han sido perdonados? No. ¿Era demostrable el milagro de perdonar pecados? No. Sin embargo, es razonable pensar, es racional, que si Jesucristo clamaba ser Dios, y demostró poder para hacer que el paralítico se levantara y hacerlo sano físicamente, es razonable pensar que Jesucristo, como clamaba él mismo, tenía el poder para perdonar los pecados. A esto nos referimos con un pensamiento racional, esto es, que tiene una evidencia que presentar para ser creído.

Sin embargo, notemos que muchos vieron estas señales y no creyeron. Al ver las señales que Jesús hacía, como dijo Nicodemo (Juan 3:1-3), ¿no era lógico creer que Jesucristo era quien clamaba ser, el Hijo de Dios? Por supuesto que sí. Sin embargo, el mismo Tomás, sabiendo que Jesús había profetizado su resurrección, y conociendo las profecías y habiendo escuchado el testimonio de los otros discípulos que lo vieron resucitado, él dijo “si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Jn.20:25).

Jesucristo le dijo cuando se le apareció a Tomás “bienaventurados los que no vieron, y creyeron”. Ahora, esos que no vieron y creyeron, tenían razones o evidencias para creer. Ellos tenían más evidencias: el testimonio de los que lo vieron resucitado, las profecías de los profetas, etc. Pero es allí donde entra el elemento de la fe. Nadie va a convencerse y tener fe solamente porque tengamos evidencias o razones para creer. De hecho, el rico de Lucas 16 que fue al Hades le pidió a Abraham que enviara a alguno de entre los muertos a testificarle a sus familiares y Abraham le dijo “si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Luc.16:31).




2 Quiero dar crédito al hermano Pedro Julio Morla quien trajo este iluminador ejemplo de los Evangelios durante nuestra discusión en clase sobre fe y razón.

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Entonces, ¿qué es la razón? Aparte de las definiciones del diccionario que dimos antes, les comparto otras definiciones más extensas.

La razón es la facultad o capacidad humana que permite buscar la verdad y resolver problemas, juzgar y actuar según ciertos principios. Esta sería la característica específica del ser humano, aquella que lo distingue de los animales.

Cicerón tradujo al latín la palabra “Ratio” de su vocablo griego “logos”, que para los griegos significaba tanto “cálculo” como “discurso”. Se entiende como razón, la facultad humana por la cual se alcanza el conocimiento discursivamente3, esto es, partiendo de premisas para llegar a alguna conclusión.

En otras palabras, la razón es una capacidad humana que obra mediante procesos deductivos4 e inductivos5 que parten de datos proporcionados por los sentidos o por la Revelación.

Volviendo a la objeción de nuestro estudiante que dice que la fe va “más allá de la razón”, debemos reconocer que hay conceptos (como el hecho de que Dios es eterno y no es causado por nadie sino que él mismo es la causa de todo) que no pueden ser “entendidos de manera completa por la mente, porque nosotros mismos no entendemos el concepto de eternidad”. Aquí debemos aclarar que el hecho de que el conocimiento de Dios está por encima de nuestro entendimiento no significa que mi creencia o confianza depositada en el Dios de las Escrituras sea “irracional”. Mi fe es racional porque yo razono y tengo evidencias para llegar a una conclusión. Por otro lado, si existe algo que va “más allá de la razón” entonces no estamos en capacidad de razonarlo. Pero si yo recibo por mis sentidos o por la Revelación de alguien una explicación, entonces ya puede ser razonado. En este ejemplo de la eternidad de Dios, yo no puedo comprender cómo Dios ha existido desde siempre. Pero tampoco el evolucionista puede comprender cómo la materia ha existido desde siempre, ¿cómo surge la materia? Pero con la razón que tengo, y la información provista por la Biblia, y el testimonio de Jesucristo que comprobó que era verdadero porque resucitó, entonces yo creo que la Biblia dice la verdad y “en el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gen.1:1). Mi fe se basa en un razonamiento lógico y en las evidencias de que el testimonio bíblico es veraz.



3 Discursivamente significa “propio del discurso o razonamiento. El pensamiento “discursivo” es el que progresa ordenadamente de un enunciado a otro, en el curso de un razonamiento.

4 La deducción es una forma de razonamiento que consiste en partir de un principio general conocido para llegar a un principio particular desconocido. Ej. A-Todo hombre nace pecador; B- Juan Pérez es un hombre; C- Juan Pérez es un pecador.

5 La inducción es el razonamiento contrario a la deducción. La inducción en el ámbito de la lógica, es un tipo de razonamiento que va de lo particular a lo general obteniéndose conclusiones probables. Por ejemplo, si alguien descubre una vacuna contra el cáncer, no importa que sólo haya sido probada en una muestra limitada de pacientes, así que se infiere que será un remedio eficaz para el resto de los pacientes del mundo, bajo las mismas condiciones.

Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 6


Por ejemplo, tenemos la tierra como una “evidencia”. ¿De dónde salió la materia? Es indudable que la tierra está ahí y salió del algún lado. No puede ser que antes de la tierra no haya habido “nada”, y de la nada haya surgido “algo”.

Eso es imposible y contrario a la razón. Entonces, hay dos posibilidades: la materia es eterna y de algo inerte surgió y evolucionó la vida sin ningún propósito o diseño inteligente. O, por el contrario, alguien inteligente que es eterno creó la materia y creó el mundo que hoy conocemos. Fíjense que la evidencia es la misma: un universo que aparenta un diseño inteligente. ¿Cómo surge? Los materialistas toman esta evidencia y parten de la presuposición (por fe) de que no hay Dios. Los creacionistas parten del testimonio histórico de la Biblia para decir que el universo fue creado por un Ser que se ha revelado al hombre y que dice ser eterno.

Vamos a ilustrar el rol de la razón en la siguiente ilustración presentada por el teólogo inglés William Paley, en su libro “Teología Natural” escrito en el siglo XVIII.

“Suponga usted que camina por el campo y tropieza contra una piedra común y corriente. Podría pensar que la piedra ha estado allí desde el principio del tiempo, que ninguna persona la colocó, y nadie estaría en desacuerdo. Pero suponga que en vez de una piedra encuentra un reloj de bolsillo en el suelo. Si se pregunta cómo llego allí, seguramente la explicación de que siempre ha estado allí no es suficiente. ¿Por qué? Porque este reloj es diferente a la piedra. ¿Y en qué se diferencia? Cuando examinamos el reloj, vemos cualidades que no están en la piedra. Observamos que está compuesto de muchas y diferentes piezas, ensambladas todas juntas para un mismo propósito.... vemos que muestra diseño, y esto inevitablemente nos lleva a concluir que el reloj debe haber tenido un fabricante inteligente....que comprende cómo construirlo, y que también lo diseñó, un relojero experto.”

Aunque esta ilustración nos sirve más para un debate sobre el universo como un diseño inteligente en lugar de ser producto de la “casualidad”, sin embargo también nos sirve para darnos cuenta el rol de la razón en la fe del creyente.

Nuestros propios “razonamientos”, si son honestos, nos llevarán a buscar la verdad sobre una problemática. ¿Cómo llegó ese reloj hasta ese lugar? La razón no permite que respondamos “siempre estuvo allí”. Y si no sabemos la respuesta, la razón buscará una explicación que haga sentido, más aún, la razón debería anhelar conocer la verdad.

El problema con los incrédulos es que “tienen el entendimiento entenebrecido”, como dice Romanos 1:21 “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”.

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En Efesios 4:17-18 Pablo nos exhorta a no andar como los inconversos que

“andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”.

A pesar de que el incrédulo tiene su razón corrompida por su pecado, nuestro deber es presentarles la luz de la Palabra de Dios por medio de la cual, si a Dios le place, el entendimiento de ellos puede ser iluminado, de manera que recobren la razón, así como le fue devuelta la razón a Nabucodonosor luego de haber estado pastando yerba como si fuera un animal irracional (Daniel 4:34). El hombre ha sido diseñado por Dios como un ser racional, pensante, que debe entender la realidad para aceptarla. Por eso debemos presentar “razón de la esperanza que hay en nosotros”.

Debemos insistir en que nuestros argumentos a favor de la Biblia no darán salvación a ningún hombre porque es el evangelio (y no nuestros argumentos) el que tiene el poder de traer a un individuo a la salvación. Carl F. H. Henry lo expresa de esta manera:

A nadie se le puede “convencer para que se haga cristiano”. Sin embargo, sin la presencia del criterio racional, la experiencia religiosa de una persona es menos que bíblica. Uno puede y debe ser persuadido intelectualmente de la consistencia lógica y la verdad de los postulados cristianos concernientes a Dios y al mundo. Sin embargo, no se necesita ser creyente, para entender las verdades afirmadas por la revelación divina. Una persona intelectualmente convencida de la verdad del evangelio pero que trata de escapar o posponer la aceptación de la salvación personal está optando por la condenación divina. Pero la fe personal es un don del Espíritu. El Espíritu Santo usa la verdad como un medio de convicción y persuasión.6

De ahí que debemos incentivar dentro de la iglesia que siempre se predique la Palabra de Dios; y que se dedique tiempo en la Escuela Bíblica para entrenar a los creyentes a formarse intelectualmente en teología, apologética, historia de la iglesia, etc. Cuando estudiamos la Biblia en grupo no debemos caer en el error de preguntar “¿qué significa ese texto para ti?” Debemos más bien preguntar “¿qué dice el texto y por qué yo pienso que esta es la interpretación correcta?”

Muchísimas veces he escuchado en mi propia iglesia a algunos hermanos que no les gusta escuchar sermones “muy teológicos”, sino más bien “prácticos”, como si fuera posible hablar de práctica sin tomarse el tiempo de esbozar un marco teórico verdadero que motive mi voluntad y mis sentimientos para entregarme por entero en esa práctica!



6 Carl F. H. Henry. Fortunes of the Christian World View; Trinity Journal 19 (1988): 168. Citado por el libro “Piense Conforme a la Biblia”, redactado por John MacArthur, página 14.

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B. La separación entre lo secular y lo sagrado.

Un segundo aspecto en el que la Iglesia ha sido impactada por el anti-intelectualismo, es que hemos separado nuestra vida en “secular” y “sagrado”, como si fueran compartimientos o departamentos diferentes de nuestra vida.

Una cosa es mi vida pública que llamamos “secular”, esto es, mi preparación profesional en la universidad, mi trabajo, etc. Y otra cosa aparte es la “religión” que se practica como algo personal, privado, y que se reduce simplemente a
“cómo me siento con todas las cosas”.

El problema con esta separación es que el mundo que nos rodea nos estimula a usar nuestro intelecto en la vida pública o secular. Por ejemplo, uso mi intelecto para escoger la carrera que voy a estudiar de acuerdo a mi vocación, o para elegir qué banco paga la tasa de interés más conveniente y las mejores condiciones para la casa que deseo comprar, la cual también debe ser elegida por el criterio intelectual considerando el metraje de construcción, ubicación, etc.

Sin embargo, en la esfera de mi vida privada espiritual solo opera “mi corazón”, no “mi intelecto”. Entonces, al separar lo secular de lo sagrado, en lugar de ver mi vida como algo integral entre la fe y la razón, cuando venimos a la iglesia estamos acostumbrados a no usar el intelecto en ese “departamento” espiritual, y muy frecuentemente los sermones, los estudios de Escuela Bíblica, y los materiales de discipulado están dirigidos “al corazón” y no “al intelecto”, o están dirigidos supuestamente a la piedad y no tanto a cultivar un amor intelectual por Dios dentro de mi vocación como cristiano.

¿Por qué tenemos tantos intelectuales incrédulos escribiendo su perspectiva acerca del mundo, y tenemos tan pocos intelectuales creyentes que escriban libros de texto con una perspectiva cristiana? La respuesta puede ser que nuestra cultura evangélica no se ha preocupado por formar este tipo de creyentes porque no valoramos la vida intelectual, la batalla de las ideas.

Pero como dice J. P. Moreland:

“Para mucha gente el propósito de la universidad es conseguir un empleo, y el trabajo se considera secular, no sagrado. Entonces, lo importante es que nuestros hijos permanezcan en santidad en la universidad, y que quizás den testimonio de su fe, que saquen un tiempo a solas, y que oren regularmente. Obviamente estas cosas son importantes. Pero para un discípulo, el propósito de la universidad no es simplemente conseguir trabajo. Más bien, es descubrir su vocación, identificar un campo de estudio mediante el cual puedo servir a Cristo como mi Señor. Y una forma de servirle en este contexto es aprender a pensar de manera cristiana acerca de mi carrera. El cristianismo de una persona no comienza en el estudio bíblico del dormitorio, cuando la clase termina,

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sino que permea todas las áreas de tu vida, incluyendo qué piensas acerca de tu carrera.”7

De ahí que dice Carl Henry que “el entrenamiento de la mente es una responsabilidad esencial del hogar, la iglesia, y la escuela”.

Esta marginación de la iglesia ha tenido consecuencias devastadoras para producir discípulos de Cristo que estén confiados en su fe, y que tengan la capacidad de penetrar nuestra cultura con la cosmovisión cristiana del evangelio de Jesucristo.

C. El anti-intelectualismo de la iglesia presenta un evangelio irrelevante.

Hoy día el evangelio se presenta como un medio para llenar ciertas necesidades emocionales. “¿Tienes problemas con la ansiedad?” “¿Sufres de depresión?” “¿Tu familia es un desastre?”… “si tienes estos problemas, ven a Cristo para que tengas Paz!!!” “Cristo es la respuesta”, dicen ellos. Y puede ser así, ciertamente el Señor Jesucristo puede darnos la paz que el mundo no da, pero también debemos recordar que el Señor nos advirtió que no vino para traer paz sino disensión entre los padres y los hijos entre los integrantes de una familia cuyos miembros estén divididos entre cristianos e inconversos. Cristo da sentido a nuestra vida, pero no es un producto de marketing que “nos hace sentir bien”.

Ese tipo de presentación del evangelio como si Cristo fuera un producto o un alucinógeno que nos hace sentir bien, es totalmente inadecuado por tres razones.

• En primer lugar, no logra compeler a la gente que no es orientada a los sentimientos. Típicamente el sexo masculino es menos dado a los sentimientos que el femenino, así que este acercamiento podría estar dejando fuera a la mayoría de los hombres.

• En segundo lugar, ese tipo de presentación del evangelio da lugar a que mucha gente piense que no es para ellos. Pueden contestarte “gracias, pero no necesito su religión porque no sufro de ansiedades y mi familia es muy unida, gracias a Dios”.

• En tercer lugar, y lo más importante, no es un acercamiento bíblico. ¿Cómo predicaba Pablo el evangelio? Si examinamos la predicación de Pablo en los capítulos 17 al 20 del libro de los Hechos veremos que Pablo basaba su predicación en el hecho de que el evangelio es la verdad y es razonable para ser creído. Pablo razonaba con la gente y trataba de persuadirlos inteligentemente a volverse a Jesucristo en arrepentimiento por sus pecados.





8 J. P. Moreland, p.28


Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 10


Así que si el evangelio es la verdad, y es razonable para ser creído, entonces es obvio que toda persona necesita ser perdonado por Jesucristo sea que “sienta” o “no sienta” esa necesidad. La única respuesta que Pablo podía aceptar de sus oyentes era que aceptaran a Jesucristo como su Señor o que negaran que el evangelio es la verdad.

Si el evangelio no es presentado como la verdad que puede ser razonada, nuestra cultura pagana que de por sí está prejuiciada hacia la religión como un conjunto de sentimientos privados, no van a ser impactados por ese mensaje. La respuesta de ellos será: “Bueno, está bien si el evangelio funciona para ti y te hace sentir bien, pero a mi déjame tranquilo”.

Muchos ven la religión hoy día como un placebo o entusiasmo emocional precisamente porque esa es la manera en que generalmente presentamos el evangelio a los inconversos.

En resumen, hemos visto en nuestra primera parte (“el impacto en la iglesia por el rechazo al pensamiento intelectual”) que debido a ciertos factores a partir de los años de 1800‟s, los cristianos conservadores de América respondieron al ataque intelectual contra la fe retirándose del debate público y desarrollando una visión anti-intelectual de la vida cristiana. Y como consecuencia, esta marginalización de la iglesia ha minimizado el impacto positivo que podría presentar en mayor grado la iglesia en el mundo.

El propósito de estas clases de Apologética es precisamente tratar de cambiar esto, formando a los cristianos como entes pensantes, no con base a las vanas filosofías, sino basados en la verdad inalterable de la Palabra de Dios.



II- Presentando una Apología del evangelio para explicar la razón de nuestra esperanza.



El apóstol Pedro (1Pe.3:15) ordenó a los destinatarios de su Primera Epístola a estar siempre preparados para presentar defensa ante todo el que demande razón nuestra fe.

La idea central del texto de Pedro es la necesidad de tener respuestas racionales para las preguntas de las personas en cuanto a nuestra fe. Si vemos el contexto del pasaje está hablando de que todos debemos someternos a las autoridades, los siervos a sus amos, las esposas a sus esposos, y que debemos refrenar nuestros labios del mal, hacer el bien a los demás, etc. En ese contexto, si la gente nos ve dispuestas al sufrimiento cristiano sin quejarnos por amor al Señor, vendrán a preguntar ¿por qué vives como vives? De ahí que debemos estar preparados para dar respuestas con argumentos racionales.

Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 11


Leamos desde el versículo 14b al 15: “…Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa (apología) con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón (logos) de la esperanza que hay en vosotros”.

Hay dos palabras claves en este texto: apología y logos.

Apología

La palaba apología significa “defender algo” ofreciendo argumentos positivos razonables a favor de la fe, al tiempo que respondamos a las objeciones o argumentos negativos que son contrarios a la fe cristiana, como si estuviéramos en un tribunal. Esta fue la manera en que Pablo se manejó a lo largo de su ministerio cuando presentó defensa ante el mundo (Hech.14:15-17; 17:2, 4, 17-31; 18:4; 19:8).

Pablo persuadía a la gente a creer en Jesucristo ofreciéndoles argumentos a favor de la verdad del evangelio. Y como dijimos antes, aún se valió de citas de filósofos y poetas griegos que la gente conocía y leía, como el caso de Epiménides y Aratus de Solís en Hechos 17:28, como parte de sus argumentos para demostrar su punto a favor del evangelio.

Logos

Cuando Pedro dice “ante todo el que os demande razón…” esa palabra que se traduce como razón, en el original es la palabra griega logos que significa

“evidencia o argumento que provee una justificación racional para alguna creencia.”

El filósofo griego Platón (428 aC – 347 aC) trató de definir el conocimiento en una de sus obras (un diálogo titulado “Teéteto” ). De acuerdo con Platón, si tú conoces algo, lo que conoces por lo menos debe ser verdad y tú debes creerlo. Si por ejemplo dices que “está lloviendo afuera en este momento”, pero no está lloviendo en realidad, o tú no crees que esté lloviendo, tu interlocutor quedaría perplejo ante tu pretensión de poseer cierto

“conocimiento”. Platón señala que el conocimiento es algo más que las creencias verdaderas. Todos nosotros tenemos creencias verdaderas que no pueden ser contadas como conocimiento.

Por ejemplo, si tú acabas de leer en este momento una creencia verdadera, y esto es, que una molécula del gas metano está compuesta por cuatro átomos de Hidrógeno y un átomo de Carbono (CH4), no podrías decir que tú realmente “conoces” este tema, especialmente si te comparas con un Ingeniero Químico que se ha pasado cinco años estudiando el metano. Tú y el científico tienen ambos una creencia verdadera acerca del metano, pero podemos decir que el científico tiene “conocimiento” y tú no lo tienes. ¿Cuál es la diferencia? Platón dice que el científico tiene una creencia verdadera, y en adición tiene el logos

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(evidencia); mientras que tú sólo tienes la creencia verdadera pero no tienes el logos (evidencia). El científico tiene buenas razones (logos) para justificar su creencia verdadera, y tú tienes fe ciega que en este caso sucede que es verdad.

Aplicando esto al pasaje de Pedro, él está diciendo que nosotros debemos estar preparados para dar argumentos racionales y buenas razones para explicar por qué creemos lo que creemos y esto tiene que ver con nuestra mente. El detalle que menciona Pedro de hacerlo con “mansedumbre y reverencia” implica que debemos argumentar aunque no debemos ser avasallantes.

¿Es natural que un muerto sea resucitado por otra persona? Bajo las condiciones normales que conocemos, no es natural, sino sobrenatural. Bien, pero ¿sería ilógico o irracional creer que Jesucristo resucitó a Lázaro? Si no tenemos “evidencias” (logos, conocimiento), yo podría “creerlo” basado en el testimonio de otra persona, pero aún así, esto sería una fe “ciega”, hasta contar con más evidencias. ¿Qué evidencias tenemos para creer que Jesucristo resucitó a Lázaro? Contamos con el testimonio histórico documental del evangelio de Juan, aparte del testimonio escrito de otros discípulos que hablaron sobre ese evento. Hay otras evidencias encadenadas que iremos estudiando en otros temas sobre la Escritura y sobre la persona de Jesucristo que nos llevarán a fortalecer nuestra fe en base a estas evidencias de que esto ocurrió y que Jesucristo es el Señor y tiene poder para resucitar a los muertos. ¿Es esta fe irracional? Basado en las evidencias que tenemos, es una fe lógica, porque si Jesucristo es Dios (Juan 1:1), si El es el autor de la vida (Hech.3:15), si el escritor del evangelio de Juan escribió la verdad (Juan 20:30-21), entonces estamos creyendo en base a evidencias que son creídas bajo una fe racional, no una fe ciega.

Aplicaciones prácticas al texto de 1Pedro 3:15

• En primer lugar, debes estudiar tan profundo como tu intelecto lo permita para que conozcas la Biblia y aprendas a manejar las dificultades que presentan los escépticos, de manera que puedas hablar confiadamente y la seguridad de alguien que realmente conoce lo que habla.

• En segundo lugar, debes asegurarte que Jesucristo realmente es el Señor de tu vida; esto es, que eres un siervo del Reino de Dios y no uno que se hace pasar como cristiano.

Hay muchas preguntas que el mundo inconverso se ha hecho desde el principio porque han tratado de encontrar respuesta fuera de Dios. Nosotros conocemos la verdad porque Dios la ha revelado en Su Palabra, así que debemos estar preparados para presentar respuestas razonables de acuerdo a la revelación bíblica sobre preguntas como las siguientes que ha propuesto James Sire8 en su libro “Discipleship of the Mind” y “The Universe Next Door”:


8 James Sire, citado por John MacArthur. Piense Conforme a la Biblia, p.12

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• ¿Cómo surgió el mundo y todo lo que en él hay?
• ¿Qué es lo real en términos de conocimiento y verdad?
• ¿Cómo funciona el mundo?
• ¿Cuál es la naturaleza del ser humano?
• ¿Cuál es el propósito personal de la existencia humana?
• ¿Cómo deberíamos vivir?
• ¿Hay alguna esperanza personal para el futuro?
• ¿Qué sucede a una persona en y después de la muerte?
• ¿Por qué es posible conocer todo en todo?
• ¿Cómo se puede saber lo que es bueno y lo que es malo?
• ¿Cuál es el sentido de la historia humana?
• ¿Qué nos depara el futuro?

Nosotros tenemos en la Biblia las respuestas que Dios mismo ha dejado para estas preguntas. Es cierto que ninguno de nosotros pretende conocer de manera completa toda la verdad, pero al menos conocemos la verdad absoluta de manera parcial. Sabemos que la verdad está en la Palabra de Dios.

Si hay una religión en el mundo que exalta el oficio de la enseñanza, es seguro decir que esa es la religión de Jesucristo… Cualquier religión que esté divorciada de pensamientos serios y elevados, al final de la historia de la iglesia, siempre ha tendido a debilitarse y volverse malsana, mientras que el intelecto, privado de sus derechos dentro de la religión, ha buscado su satisfacción sin el desarrollo de un racionalismo piadoso (James Orr).9



9 James Orr. The Christian View of God and the World, pp. 20-21; citado por J.P. Morleand, p.155.