viernes, 27 de agosto de 2010

LOS CINCO PUNTOS ARMINIANOS VS LOS CINCO PUNTOS CALVINISTA

Los cinco puntos arminianos =VS= Los cinco puntos calvinistas

​Difícilmente hay otra palabra que despierte tanta sospecha, desconfianza y aun animadversión entre quienes profesan el cristianismo, como la palabra Calvinismo. Y sin embargo, el rechazo que brota contra este sistema y contra todos aquellos que lo abrazan y lo predican, es un celo que no es conforme a ciencia. El siguiente artículo ha sido escrito con la esperanza de que mucho del insulto que ha sido arrojado sobre el sistema de teología calvinista sea retirado; y de que la verdad de esta gran enseñanza, la cual fue la columna vertebral de nuestros padres en la fe, y fortaleza de la iglesia en una época mucho más gloriosa que la nuestra, pueda ser vista con claridad.

​Los Cinco Puntos del Calvinismo

Por W. J. Seaton
(Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Inverness, Escocia)

Introducción

Debemos empezar en Holanda, en el año de 1610. En este año, Jacobo Arminio, profesor de teología, muere, y sus enseñanzas son formuladas por sus seguidores, conocidos como "arminianos," en cinco puntos principales de doctrina. Hasta ese momento, las iglesias de Holanda, en común con la mayoría de las iglesias protestantes de Europa, habían adoptado las Confesiones de Fe de Bélgica y de Heidelberg, las cuales se apegan a las enseñanzas Reformadas (es decir, calvinistas). Sin embargo, los arminianos querían cambiar esta posición, y presentaron sus cinco puntos en la forma de una queja o protesta ante la Corte holandesa. Los cinco puntos del arminianismo eran los siguientes:

1. El libre albedrío o la capacidad humana. Este punto enseñaba que el hombre, aunque afectado por la caída de Adán, tenía la capacidad espiritual de escoger el bien espiritual, y era capaz de ejercitar la fe en Dios, a fin de recibir el Evangelio, y de este modo obtener por sí mismo la salvación.
2. La elección condicional. Este punto enseñaba que Dios puso Sus manos sobre todos aquellos individuos que sabía, o preveía, que iban a responder al Evangelio. Dios eligió a aquellas personas que Él vio que querrían ser salvadas por medio de su libre albedrío, a pesar de su estado natural caído; por supuesto que, de conformidad al primer punto del arminianismo, este estado no era de caída total o de depravación total.
3. La redención universal o expiación general. Este punto enseñaba que Cristo murió para salvar a todos los hombres; pero sólo de un modo potencial. La muerte de Cristo hizo posible que Dios perdonara a los pecadores, pero únicamente a condición que ellos creyeran.
4. La obra del Espíritu Santo en la regeneración está limitada por la voluntad humana. Este punto enseñaba que el Espíritu Santo, cuando comienza la obra de traer a una persona a Cristo, puede ser eficazmente resistido y Sus propósitos frustrados. No podría impartir vida a menos que el pecador quisiera voluntariamente que esta vida le fuera impartida.
5. La caída de la gracia. Este punto enseñaba que un hombre salvo, podría final y definitivamente perder la salvación. Esto es, por supuesto, el resultado lógico y natural de todo el sistema. Es decir, si el hombre debe tomar la iniciativa en su salvación, es él quien debe retener la responsabilidad del resultado final.

Los cinco puntos del arminianismo fueron presentados al Estado y fue convocado un Sínodo Nacional de la Iglesia para reunirse en Dort, en el año de 1618, para examinar las enseñanzas de Arminio, a la luz de las Escrituras. El Sínodo de Dort sostuvo 154 sesiones durante un período de siete meses, pero al final no se pudo encontrar ninguna base sobre la cual reconciliar el puno de vista arminiano con lo expuesto en la Palabra de Dios. Entonces, el Sínodo de Dort formuló sus cinco puntos, que se denominaron “calvinistas”, para contrarrestar las enseñanzas del sistema arminiano, afirmando así la postura sostenida por la Reforma, y formulada por el teólogo francés Juan Calvino. Algunas veces estos puntos son presentados en forma de un acróstico, usando la palabra "TULIP" (en inglés), como sigue:

T Total Depravity (Depravación Total)

U Unconditional Election (Elección Incondicional)

L Limited Atonement (Redención Limitada o Particular)

I Irresistible Calling (Llamamiento Eficaz o Irresistible)

P Perseverance of the Saints (Perseverancia de los Santos)

Como puede verse con facilidad, estos cinco puntos están en completa oposición a los cinco puntos del Arminianismo. El hombre es totalmente incapaz de salvarse a sí mismo, porque está "totalmente" muerto, a causa de la caída en el huerto del Edén. Y si es incapaz de salvarse a sí mismo, entonces Dios debe salvarle. Y si Dios debe salvarle, entonces Dios debe ser libre para salvar a los que Él quiera. Si Dios ha decretado salvar a los que Él quiere, entonces, es por éstos por quienes Cristo hizo expiación en la cruz. Y Si Cristo murió por ellos, entonces el Espíritu Santo les llamará eficazmente a la salvación. Entonces, si la salvación ha venido desde el principio de Dios, también el fin vendrá de Él, y así los creyentes perseverarán para el gozo eterno.

Estos son los así llamados Cinco Puntos del Calvinismo. Vamos a proceder ahora a examinarlos con más detalle, puesto que están basados firmemente en la Palabra de Dios; y fueron sostenidos tenazmente por nuestros antepasados "en la fe que ha sido una vez dada a los santos." Y por aquella fe estamos dispuestos a contender con valor. Veremos la verdad a la cual se refirió Charles Haddon Spurgeon, cuando declaró: "No es ninguna novedad, entonces, lo que estoy predicando; no es una nueva doctrina. Amo proclamar aquellas grandes doctrinas antiguas apodadas Calvinismo, pero que son verdaderamente la verdad revelada de Dios, tal como es en Cristo Jesús."


1. LA DEPRAVACIÓN TOTAL
Al considerar el primero de los cinco puntos principales del Calvinismo, lo que debería impresionarnos es el hecho que este sistema comienza con algo que debe ser fundamental en el asunto de la salvación, es decir, la correcta valoración de la condición espiritual de la persona que ha de ser salvada. Si tenemos puntos de vista deficientes o superficiales acerca del pecado, entonces estaremos sujetos a tener puntos de vista equivocados en relación a los medios necesarios para la salvación del pecador. Si creemos que la caída del hombre en el huerto del Edén fue solamente algo parcial, entonces muy probablemente estaremos satisfechos con una salvación atribuible parcialmente al hombre, y parcialmente a Dios. Cuán sensatas son las palabras de J. C. Ryle en este punto: "Hay muy pocos errores y falsas doctrinas," dice, "cuyos principios no puedan ser atribuidos a un punto de vista defectuoso acerca de la corrupción de la naturaleza humana. Errores en el diagnóstico de una enfermedad, siempre traerán consigo faltas en la administración del remedio. Igualmente, conceptos equivocados acerca de la corrupción de la naturaleza humana, traerán siempre equivocaciones acerca del gran antídoto y cura de tal corrupción."

Completamente conscientes de la situación, los teólogos de la Reforma y todos aquellos que formularon las enseñanzas reformadas en estos cinco puntos en el Sínodo de Dort, con recomendaciones basadas firmemente en las Escrituras, declararon que el estado natural del hombre es un estado de depravación total y, por lo tanto, hay una incapacidad total por parte del hombre para ganar o para contribuir a su propia salvación.

Sin embargo, cuando los calvinistas hablan de depravación total, no quieren decir que todo hombre sea malo hasta el límite de su maldad, ni que el hombre sea incapaz de reconocer la voluntad de Dios; ni tampoco que sea incapaz de hacer algún bien a sus semejantes, o aun de rendir una lealtad externa en la adoración a Dios. Lo que quieren decir es que, cuando el hombre cayó en el huerto del Edén, cayó en su "totalidad." Es decir, que la personalidad completa del hombre ha sido afectada por la caída, y el pecado se extendió a todas sus facultades: la voluntad, la mente y los afectos o las emociones. Creemos que la verdad que afirmamos es la enseñanza irrefutable de la Palabra de Dios. Los siguientes textos de la Escritura representan una selección de algunos pasajes que confirman la enseñanza calvinista de la depravación total.

La Biblia enseña con absoluta claridad que el hombre, por naturaleza, está MUERTO: ". . . como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12).
La Biblia nos enseña que los hombres son ESCLAVOS: "Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él." (2 Timoteo 2:25-26).
La Biblia enseña que los hombres están CIEGOS Y SORDOS: "Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan" (Marcos 4:11-12).
La Biblia nos enseña que el hombre natural (no regenerado), CARECE DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente." (1 Corintios 2:14).

La Biblia habla del hombre como una criatura que por naturaleza es PECAMINOSA: 1) Por nacimiento: "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre." (Salmo 51:5). 2) Por práctica: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal." (Génesis 6:5).

Este es el estado natural del hombre. Por tanto, debemos preguntarnos ahora: ¿Pueden LOS MUERTOS resucitarse a sí mismos? ¿Pueden LOS ESCLAVOS liberarse a sí mismos? ¿Pueden LOS CIEGOS darse la vista a sí mismos o LOS SORDOS el oído? ¿Pueden los que CARECEN DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL enseñarse a sí mismos? ¿Pueden los que están INCLINADOS POR SU NATURALEZA AL PECADO, cambiarse a sí mismos? ¡Ciertamente no pueden! "¿Quién hará limpio a lo inmundo?" pregunta Job. Y él mismo responde: "Nadie." (Job 14:4). Del mismo modo, el profeta Jeremías pregunta: "¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?" Y concluye "Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?" (Jeremías 13:23).

¿Podría la Palabra de Dios mostrar más claramente con base en esto, que la depravación humana es total, y que nuestra incapacidad para desear o procurar la salvación es también total? Este cuadro es una descripción de un muerto; un muerto espiritual. Somos como Lázaro en su sepulcro; estamos atados de pies y manos; y la corrupción se ha esparcido por completo en nosotros. Tal como no había ningún indicio de vida en el cuerpo muerto de Lázaro, así tampoco no hay ninguna chispa de receptividad interna en nuestros corazones. Pero el Señor realiza el milagro en ambos casos, el muerto físicamente, y el muerto espiritualmente. Porque la Escritura dice: "Y Él os dio vida. . ." nos hizo vivir a aquellos que estábamos "muertos en nuestros delitos y pecados." (Efesios 2:1). La salvación, pues, por su propia naturaleza, es "del Señor."

2. LA ELECCIÓN INCONDICIONAL
Nuestro rechazo o aceptación de la verdad bíblica que enseña que la condición del hombre por naturaleza es la depravación total, determinará en gran medida nuestra actitud hacia el siguiente punto analizado en el Sínodo de Dort. La elección incondicional es correctamente expuesta en la Confesión Bautista de Fe de 1689, la cual citamos enseguida como un resumen útil. La elección incondicional es también sostenida, casi en términos idénticos, en la Confesión de Fe de Westminster, en los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra, y en las principales confesiones de casi todas las iglesias que tienen raíces históricas.

"A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida," dice la Confesión Bautista, "Dios (antes de la fundación del mundo, según su propósito eterno e inmutable y el consejo secreto y el beneplácito de Su voluntad), los ha escogido en Cristo para gloria eterna, meramente por Su libre gracia y amor, sin que le moviera a ello ninguna cosa en la criatura, como condición o causa." (Capítulo 3, Artículo 5).

La doctrina de la elección incondicional se desprende en forma natural y lógica de la doctrina de la depravación total. Es decir, si el hombre está de hecho muerto, cautivo en el pecado, ciego, sordo, sin entendimiento espiritual e inclinado por naturaleza al pecado, entonces, el remedio para solucionar toda esta condición debe encontrarse fuera del hombre mismo, esto es, en Dios. En el punto anterior hicimos la pregunta: ¿Puede el hombre resucitarse a sí mismo? Y la respuesta inevitable es: por supuesto que no. Sin embargo, si algunos hombres y mujeres son resucitados de su muerte espiritual, (nacidos de nuevo es el término usado en el Evangelio de Juan), y puesto que ellos no son capaces de llevar a cabo esta obra por sí mismos, entonces debemos concluir que fue Dios quien los resucitó espiritualmente. Por otro lado, puesto que muchos hombres y mujeres no han sido nacidos de nuevo o vivificados, de la misma manera debemos concluir que es debido a que Dios no los ha resucitado. Si el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo, ya que la caída en Adán fue una caída total, y si sólo Dios puede salvar, y si no todos son salvados, entonces la conclusión debe ser que Dios no ha elegido salvar a todos.
Esto no es una filosofía ciega, sino que es algo enseñado en, edificado sobre, sustentado por, y revelado en las Escrituras de Dios. El tema es tan vasto como el océano mismo; nosotros hemos citado sólo unos cuantos versículos claves de las Escrituras que nos sirven de guía en este portentoso mar.

La historia de la Biblia es la historia de la elección incondicional. Es extraño que quienes se oponen a esta doctrina, no puedan reconocer esto. Algunos creyentes tienen dificultad en creer que Dios pudiera pasar por alto a algunos y escoger a otros; y sin embargo, no tienen dificultad aparente en creer que Dios llamó a Abraham para que saliera del pueblo pagano de Ur de los Caldeos, y dejara a los demás en su paganismo. ¿Por qué escogería Dios a la nación de Israel como Su "pueblo especial"? No tenemos necesidad de especular al respecto, porque el libro de Deuteronomio nos da la respuesta: "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó. . ." (Deuteronomio 7: 7-8). ¿Por qué escogería Dios, dejando completamente de lado las leyes familiares, al hijo más joven de Isaac, Jacob, en lugar del primogénito Esaú? Otra vez debemos remitirnos a "la ley y el testimonio." La Escritura dice: "(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí." (Romanos 9:11-13).

¿Cuál fue la doctrina que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, sino la doctrina de la elección incondicional? "Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio." (Lucas 4:25-27). Nosotros conocemos el resultado de que nuestro Señor predicara este mensaje: "Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle." (Lucas 4:28-29).
La falta de espacio nos impide hacer una descripción detallada de la soberanía de Dios al escoger a Su pueblo; pero la verdad es clara: "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. . ." (Juan 15:16); "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?" (Romanos 9:21); y ". . . a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia. . ." (Romanos 9:15), y "según nos escogió en él antes de la fundación del mundo. . . habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad." (Efesios 1:4-5), y así sigue el testimonio de las Escrituras.

Reconocemos que hay una 'clase de elección' que es sostenida por muchos creyentes hoy en día. Hablando en términos generales, esta elección se basa en Romanos 8:29 "Porque a los que antes conoció, también los predestinó, etc. . ." La idea de esta elección es más o menos como sigue: Dios, dicen, previó a todos aquellos que iban a aceptar a Cristo, y de este modo Él los eligió para vida eterna. En oposición a este punto, nosotros señalamos que:
1.- La presciencia de Dios es descrita en las Escrituras en conexión con las personas y no con ninguna acción que la gente haya realizado. La Escritura dice: "Porque a los que antes conoció. . ." Y otra vez Dios habla de este modo a través de Amós: "A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra. . ." (Amós 3:2). Esto quiere decir que, sin tomar en cuenta ninguna acción, buena o mala, realizada por ellos, Dios los "conoció" en el sentido de que "los amó" y "los escogió" para que fueran Suyos. Es de este modo que Él conoce previamente a Sus elegidos.
2.- Es inútil decir que Dios nos eligió debido a que Él vio algo que nosotros haríamos, es decir, aceptar a Su Hijo. No somos escogidos debido a que realicemos la buena obra de 'aceptar' a Cristo, sino que somos escogidos para hacernos capaces de "aceptarle." "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." (Efesios 2:10).
3.- Tampoco sirve decir que Dios previó a todos aquellos que creerían y que por esto los escogió. Hechos 13:48 deja esto muy claro: "y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna." La elección no se debe a nuestra fe, sino que nuestra fe se debe a que somos elegidos, debido a que somos "ordenados para vida eterna."
4.- De igual manera, decir que ejercitamos la fe cuando aceptamos a Cristo, y que Dios previó esta fe, y por lo tanto, nos eligió, solamente nos conduce un paso más hacia atrás, porque ¿de dónde obtuvimos esa fe, para poder ejercitarla? Las Escrituras nos dan la respuesta, afirmando que la fe es un don de Dios y no de nosotros mismos: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios." (Efesios 2:8).
Ciertamente, en lugar de argumentar en contra de estas cosas, deberíamos estar haciendo lo que el Espíritu Santo nos manda a través del apóstol Pedro: "Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección. . ." (2 Pedro 1:10).

3. LA EXPIACIÓN LIMITADA
Esta doctrina no solamente nos trae al tema central de los cinco puntos, sino también a la realidad central del Evangelio, esto es, al propósito de la muerte de Cristo en la cruz. Esto no es accidental. Los teólogos que asumieron la tarea de defender las verdades de la Reforma Protestante, en contra de los ataques del partido arminiano, fueron siguiendo una línea bíblicamente lógica en sus formulaciones, habiendo llegado así al eje mismo de la salvación.

Ante todo, ellos habían preguntado: ¿quién ha de ser salvado? La respuesta fue 'el hombre.' Pero las enseñanzas bíblicas a este respecto mostraban que el hombre, en su estado natural, es totalmente incapaz de salvarse a sí mismo. Así nosotros tenemos la enseñanza de la Biblia acerca del hombre, resumida bajo el encabezado general de depravación total, o incapacidad total.

Segundo, puesto que algunos hombres y mujeres son indudablemente salvados, entonces debe haber sido Dios mismo Quien los salvó, en distinción del resto de la raza humana. Esta es la base: "para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese. . ." (Romanos 9:11). Sin embargo, como dice Spurgeon, esta elección sólo "marcó la casa a donde la salvación llegaría." Todavía se requería de una completa, perfecta y satisfactoria expiación por los pecados de los elegidos; así Dios podría ser, no sólo un Salvador, sino un Dios justo y Salvador. Esta expiación, como todos nosotros reconocemos, fue consumada a través de la sumisión voluntaria de Cristo a la muerte en la cruz, donde Él sufrió bajo la justicia de este Dios justo, y obtuvo la salvación que Él como Salvador había ordenado. En la cruz, entonces, y sin duda todos nosotros aceptamos esto, Cristo llevó el castigo y obtuvo la salvación.
Surge una pregunta ahora: ¿el castigo de quiénes llevó Cristo? Y ¿la salvación de quiénes obtuvo? Hay tres opciones que podemos examinar, para considerar este punto:

1.- Cristo murió para salvar a todos los hombres sin distinción.

2.- Cristo murió para no salvar a nadie en particular.

3.- Cristo murió para salvar a un cierto número.

El primer punto es sostenido por los llamados 'universalistas.' Dicen que Cristo murió para salvar a todos los hombres y de esta manera ellos, por lógica, suponen que todos los hombres serán salvados. Si Cristo ha pagado la deuda del pecado, ha salvado, ha rescatado y ha dado Su vida por todos los hombres, entonces todos los hombres serán salvados.

El segundo punto de vista es el llamado "arminiano," que sostiene que Cristo obtuvo una salvación potencial para todos los hombres. Cristo murió en la cruz, según este punto de vista, pero aunque Él pagó la deuda de nuestro pecado, Su obra en la cruz no llega a ser eficaz hasta que el hombre se 'decide por Cristo' y de este modo es salvado.

El tercer punto de vista acerca de la expiación, es el llamado Calvinista, y dice que Cristo murió positiva y eficazmente para salvar a un cierto número de pecadores merecedores del infierno, sobre quienes el Padre ya había puesto Su libre y Soberano amor electivo. El Hijo paga solamente la deuda de estos elegidos, satisface la justicia del Padre por ellos, les imputa Su propia justicia a éstos y así, están completos en Él.

Entonces, la muerte de Cristo sólo pudo haber sido por una de estas tres razones: para salvar a todos; para no salvar a nadie en particular; o para salvar a un cierto número.
El tercer punto de vista es el que sostenemos los calvinistas y generalmente es llamado expiación limitada, o redención particular. Cristo murió para salvar a un número específico de pecadores; esto es, por aquellos que el Padre ". . . escogió en Él antes de la fundación del mundo." (Efesios 1:4); por aquellos que el Padre le había dado del mundo, todos aquellos "que me diste; porque tuyos son." (Juan 17:9); aquellos por quienes Él mismo dijo que derramaría Su sangre: "porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados." (Mateo 26:28).

Nosotros afirmamos que ésta es la postura que realmente hace justicia al propósito de Cristo al venir a esta tierra para morir en la cruz. ". . . y llamarás su nombre JESÚS, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados." (Mateo 1:21). No a los judíos, ciertamente, porque los judíos no fueron salvados como un pueblo. Jesús "amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella." (Efesios 5:25). "El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación." (Romanos 4:25). ¿De quiénes habla el Espíritu Santo cuando dice nuestros, nuestra? ¿Acaso está hablando del mundo? Si es así, entonces los universalistas tienen la razón, porque Cristo fue entregado 'por los delitos del mundo' y 'resucitado para la justificación del mundo;' y así el mundo queda justificado delante de Dios. "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados." (1 Corintios 15:22). Esto sólo puede significar que toda la posteridad de Adán muere en Adán, como de hecho muere, porque "así la muerte pasó a todos los hombres." (Romanos 5:12). Pero toda la posteridad de Cristo, es decir, la iglesia por la cual Él mismo se entregó, es vivificada en Él. ¿Por qué es esto así? Ciertamente es así, porque ¡Él se dio a Sí mismo por ellos! "Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con los pecados de ellos." (Isaías 53:11, RVA). Y cuando Él consumó esto, estando colgado en la cruz, dice Isaías en aquel gran capítulo 53 de su profecía, que "Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho. . ." (Isaías 53:11). El trabajo de Su alma al derramarla y ofrecerla por nuestros pecados, producirá hijos espirituales para la alabanza de Su nombre, y Él será satisfecho, cuando vea esta obra consumada.

No estamos pasando por alto el hecho que hay algunas Escrituras que se refieren al 'mundo,' y muchas personas las han tomado como su punto de partida en la cuestión de la redención. Sin embargo, cuando comparamos la Escritura con la Escritura, vemos que el uso de la palabra 'mundo' no implica necesariamente a 'cada hombre y cada mujer en el mundo.' Los fariseos dijeron de Jesús: "Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él." (Juan 12:19); sin embargo, no todas las personas iban tras de Cristo. La expresión significa "toda clase de persona," normalmente para referirse conjuntamente a judíos y gentiles. (Nota del traductor: vea Romanos 11:11-12 y note cuidadosamente el uso intercambiable de las palabras "gentiles y mundo." Para un estudio más a fondo de este tema recomendamos la lectura del libro "Vida por Su Muerte," del doctor John Owen).

La pregunta siempre debe ser la intención Divina: ¿tuvo Dios la intención de salvar a todos los hombres o no? Si Él no intentó salvar a todos los hombres sin excepción, sino solamente a los elegidos, entonces la obra de Cristo en la cruz fue un éxito glorioso y estamos en lo correcto al creer que "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí. . ." (Juan 6:37). Por otro lado, si la intención de Dios fue salvar al mundo entero, entonces la expiación de Cristo ha sido un gran fracaso, porque un vasto número de hombres no ha sido salvado. ¡Cristo pagó nuestra deuda! ¿La deuda de quién? ¿La deuda del mundo, o de los elegidos? Ciertamente, si un hombre ha sido rescatado por un redentor, entonces la ley que él ha quebrantado debe quedar satisfecha, en razón de la obra o del pago que el fiador hizo en su beneficio.
Si Tú has mi libertad logrado,
Y gratuitamente en mi lugar padeciste
La completa ira Divina;
Pago doble por Dios no será demandado,
De la mano sangrante de mi Fiador primero,
Y luego, otra vez, de la mía.


4. LA GRACIA IRRESISTIBLE
Una vez más, este cuarto punto de la creencia del sistema calvinista, es el resultado lógico de todo lo que hemos visto anteriormente. Si los hombres son incapaces de salvarse a sí mismos debido a su naturaleza caída, y si Dios se ha propuesto salvarlos, y Cristo ha consumado la salvación de ellos, entonces, se deduce por lógica que Dios debe también proveer los medios para llamarles a los beneficios de la salvación que Él ha obtenido para ellos. Sin embargo, el sistema calvinista de teología, aunque profundamente lógico, es mucho más que un mero sistema lógico. Es un sistema de creencia bíblica pura, que se encuentra firmemente apoyado en la Palabra de Dios. Entonces, la doctrina de la gracia irresistible no es un invento de los hombres que redactaron los Cinco Puntos del Calvinismo en el Sínodo de Dort, sino la manifiesta revelación de la santa Palabra de Dios. Por ejemplo, Romanos 8:30 dice: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó." Es decir, Dios no sólo elige a los hombres y mujeres para la salvación; Él también llama a todos aquellos que Él ha elegido.

¿Qué quiere decir "gracia irresistible"? Nosotros sabemos que cuando el Evangelio es predicado en la iglesia, o al aire libre, o a través de la Palabra de Dios leída, no todas las personas hacen caso de su llamado. No todas las personas llegan a ser convencidas de sus pecados y de su necesidad de Cristo. Esto explica el hecho de que hay dos llamamientos. Existe no sólo un llamamiento externo; sino también uno interno. El llamamiento externo puede ser descrito como: "las palabras del predicador," y este llamamiento, cuando es realizado, puede obrar de diferentes maneras, en decenas de diferentes corazones, produciendo diferentes resultados. Sin embargo, hay una cosa que este llamamiento no puede hacer: no efectuará la obra de salvación en el alma pecadora. Para que una obra de salvación sea forjada en el alma, el llamamiento externo debe ir acompañado por el llamamiento interno del Espíritu Santo de Dios, porque es Él quien "convencerá de pecado, de justicia y de juicio." (Juan 16:8). Y cuando el Espíritu Santo llama por Su gracia a un hombre, a una mujer o a una persona joven, este llamamiento es irresistible: es decir, este llamado no puede ser frustrado, porque es la manifestación de la gracia irresistible de Dios.

Esta enseñanza es sustentada una y otra vez en la Palabra de Vida de Dios, como por ejemplo, en los siguientes versículos y pasajes:
1.- "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera." (Juan 6:37). Note que son aquellos que el Padre ha dado a Cristo (los elegidos), los que vendrán a Él; y cuando vienen a Él, no son echados fuera.
2.- "Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga; y yo lo resucitaré en el día final." (Juan 6:44, RVA). Aquí, nuestro Señor está diciendo simplemente que es imposible que los hombres vengan a Él por sí mismos; el Padre debe traerlos.
3.- "Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí." (Juan 6:45). Los hombres pueden oír el llamamiento externo; pero son aquéllos que han sido enseñados por el Padre, quienes responderán y vendrán a Cristo. Así, con Simón Pedro: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos." (Mateo 16:15-17).
4.- "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios." (Romanos 8:14).
5.- "Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia." (Gálatas 1:15).
6.- "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable." (1 Pedro 2:9).
7.- "Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo. . ." (1 Pedro 5:10).
Ciertamente, una ilustración notable de esta enseñanza de la gracia irresistible o llamamiento eficaz, es el incidente del cual leemos en Hechos 16. El apóstol Pablo predicaba el Evangelio a un grupo de mujeres junto al río, en Filipos; y mientras él estaba hablando: "Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía." (Hechos 16:14). Pablo, el predicador, habló a los oídos de Lidia, y este es el llamamiento externo. Pero el Señor habló al corazón de ella, y este es el llamamiento interno de la gracia irresistible.

Los arminianos creen que hombres y mujeres tienen la capacidad de resistir el llamado del Evangelio de Dios, y así lo hacen. Por lo tanto, ellos se oponen diciendo que no puede haber tal doctrina de la gracia irresistible de Dios. Nosotros creemos que hombres y mujeres no sólo pueden resistir el Evangelio de Dios, como de hecho lo hacen; sino que también, debido a su naturaleza caída, deben resistir el Evangelio de Dios. Por lo tanto, es necesaria la existencia de una doctrina como la doctrina de la gracia irresistible. En otras palabras, nuestras almas deben ser puestas bajo una influencia más grande que nuestra propia naturaleza, más grande que nuestra resistencia, o de lo contrario estamos destinados a ser condenados para siempre, puesto que "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios." (1 Corintios 2:14). Hay tres grandes fuerzas que trabajan en la obra de la salvación del hombre:
1.- La voluntad del hombre.
2.- La voluntad del Diablo.
3.- La voluntad de Dios.

¿Cuál de estas tres fuerzas tendrá la victoria? Si la voluntad de Dios no resulta victoriosa en este asunto de la salvación, entonces, resultará victoriosa la voluntad del Diablo, porque él es más fuerte que nosotros. Thomas Watson, un antiguo puritano del siglo XVII, describió el asunto, vívidamente, en las siguientes palabras: "Dios cabalga con fuerza, conquistando en el carro de Su Evangelio. . . Él conquista el orgullo del corazón y hace que la voluntad, la cual se resistía como una fortaleza real contra Él, se rinda y doblegue ante Su gracia; y hace sangrar al corazón de piedra. ¡Oh, este es un poderoso llamamiento! ¿Por qué, entonces, algunos hombres parecen hablar de una persuasión moral? ¿Por qué dicen que en la conversión de un pecador, Dios sólo persuade moralmente y nada más? Si en la conversión, Dios sólo pudiera persuadir moralmente y nada más, entonces Él no pondría mucho más poder en la salvación de los pecadores, de lo que el Diablo hace para su destrucción."

¿Cuál voluntad obtendrá la victoria? ¿La nuestra? Pero, ¿acaso no se resistía, de hecho, como una fortaleza real en contra del Señor? "Y no queréis venir a mí para que tengáis vida." (Juan 5:40). ¿Acaso la victoria será de la voluntad del Diablo? Entonces, quién podría ser salvado jamás, puesto que la voluntad suya será siempre más fuerte que la nuestra. Pero, ciertamente, este es el Evangelio, que "uno más fuerte que el fuerte" aparece conquistando y para conquistar, en el carro de Su Evangelio; y Él, efectivamente, conquista a Satanás, como también al hombre débil, todo para la alabanza de Su irresistible gracia. (Vea Lucas 11:21-23).

5. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS (Los verdaderos creyentes)
Ahora, como punto final, la doctrina de la perseverancia de los santos. Con el fin de resumir, vamos a referirnos otra vez a la Confesión Bautista, la cual está de acuerdo en este punto con las otras confesiones históricas de fe. "Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el Amado, y ha llamado eficazmente y santificado por Su Espíritu, y a quienes ha dado la preciosa fe de Sus elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad, puesto que los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. . ." (Confesión Bautista de 1689, Capítulo 17; párrafo 1). Nuevamente vamos a demostrar que esto es exactamente lo que las Escrituras nos enseñan.

"Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?. . . Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 8:29-31; 38-39).

Otra vez, tenemos que reconocer el hecho de que, todo lo que los hombres del Sínodo de Dort (y todos aquellos que enseñan de la misma manera), estaban haciendo, era poner dentro de un pequeño esquema, de una forma sistemática, las enseñanzas del Evangelio de la libre y soberana gracia de Dios. Si el hombre no puede salvarse a sí mismo, entonces Dios debe salvarle. Si no todos los hombres son salvos, entonces Dios no ha salvado a todos. Si Cristo ha hecho la satisfacción por pecados, entonces, esta expiación es por los pecados de aquellos que son salvados. Y si Dios se propuso revelar esta salvación en Cristo a los corazones de todos aquellos a quienes Él escogió salvar, entonces, Dios proveerá los medios necesarios y eficaces para realizarlo así. Por lo tanto, si habiendo decretado salvar, habiendo muerto para salvar, y habiendo llamado a la salvación a aquellos que jamás se salvarían por sí mismos; entonces, Él también preservará a aquellos salvados hasta la vida eterna, para la gloria de Su Nombre.

De este modo, siguiendo la depravación total, la elección incondicional, la expiación limitada, y el llamamiento eficaz, llegamos a la perseverancia de los santos. "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." (Filipenses 1:6). La Palabra de Dios contiene múltiples referencias acerca de esta bendita verdad. "Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero." (Juan 6:39). "Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." (Juan 10:28). "Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida." (Romanos 5:10). "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. . ." (Romanos 8:1).

Este es el sello del creyente, que él pertenece a Cristo; que él está perseverando en las cosas de Cristo; que él está procurando tanto más hacer firme su vocación y elección. (Vea 2 Pedro 1:10). El creyente en Cristo puede caer en la tentación, pero el Señor "no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar." (1 Corintios 10:13). Así que el creyente se fortalecerá y seguirá fortaleciéndose cada vez más, en las cosas relacionadas con su salvación, para la gloria de Cristo.

Los versículos incomparables de Romanos 8:28-29, muestran la lógica en la salvación eterna de Dios; la lógica que el Calvinismo afirma. La salvación que comienza en la mente y el propósito de Dios, debe terminar en el completo cumplimiento de Su inquebrantable propósito de que "aquellos que antes conoció," sean unidos eternamente con su Salvador.

CONCLUSIÓN

De una forma general, esta es la enseñanza que algunas veces es llamada Calvinismo. Lejos de ser una innovación del hombre, esta es la doctrina de la Palabra de Dios, claramente formulada y expuesta.
Sin embargo, seguramente surgirá la pregunta: pero, ¿no estorba la obra evangelística, esta doctrina del Calvinismo? Una rápida mirada a la historia de la Iglesia de Cristo en este mundo, será suficiente para invalidar tal opinión. Porque encontraremos que el Evangelio ha florecido más en los lugares y en los tiempos en que el pueblo de Dios ha sostenido estas doctrinas de gracia cerca de sus corazones. Pensemos en el celo de William Carey, que le condujo desde su taller de zapatos hasta hacer la obra evangelística por Cristo en la India. William Carey era un sólido calvinista, como también lo fue Andrew Fuller, otro bautista que ayudó a formar la Sociedad Bautista Misionera. Considere las siguientes palabras del piadoso David Brainerd, aquel hombre que creyó que los indios pieles rojas, al igual que los hombres blancos, tenían también un alma: "Y entonces tuve dos deseos," escribe Brainerd en su diario, "mi propia santificación, y la salvación de los elegidos de Dios." Uno de los más grandes evangelistas de los tiempos modernos fue el también calvinista George Whitfield; no obstante, su calvinismo nunca frustró o impidió su predicación del Evangelio de Cristo: "Con cuánta pasión divina," se dijo de él, "exhortó a los pecadores a volverse a Cristo."

El Calvinismo, si podemos usar esta palabra sin que seamos malentendidos, fue también el Evangelio de Robert Murray M'Cheyne, como también lo fue de Andrew Bonar, y William Burns, aquel gran líder del avivamiento y misionero en China. Mártires, Reformadores, líderes de la Iglesia de Cristo en la tierra, cuando hablan del Evangelio que ellos predicaron y por el cual murieron, hablan del Evangelio de la gracia salvadora de Dios para su rebaño elegido. ¿Cómo podría comenzar uno a enumerarlos? Lutero, Calvino, Tyndale, Latimer, Knox, Wishart, Perkins, Rutherford, Bunyan, Owen, Charnock, Goodwin, Clavel, Watson, Henry, Watts, Edwards, Whitefield, Newton, Spurgeon, todos ellos son sólo un puñado del noble ejército de testigos de la verdad de la gracia soberana. ¿Acaso su labor para el Señor sufrió tropiezos por lo que creían? Y, ¿qué es lo que creían? Ellos creían que Dios es el Soberano Señor. Ellos se atrevieron a creer que adoraban y servían a un Rey que hace "todas las cosas según el designio de su voluntad." (Efesios 1:11). Bien dijo el príncipe de los predicadores, Charles Haddon Spurgeon: "He conocido hombres que muerden sus labios y rechinan sus dientes llenos de ira, cuando predico la soberanía de Dios. . . los doctrinarios de hoy admitirán un Dios, pero claro, Él no debe ser un Rey." ¿Acaso podemos decir que Spurgeon estorbó al Evangelio? Y sin embargo, ¡cuántos se han levantado en lucha contra él, a causa de su doctrina! Él diría: "somos menospreciados como 'sectarios' (hipercalvinistas), escasamente algún ministro se gira a vernos o habla favorablemente de nosotros; debido a que sostenemos fuertes convicciones acerca de la soberanía de Dios, y Su elección divina y amor especial hacia Su pueblo."

Quizás una palabra del mismo gigante de la iglesia servirá como una exhortación final, para que nos aferremos con firmeza a estas benditas verdades de la Palabra de Dios y las proclamemos con denuedo, para la alabanza de Su nombre. "La antigua verdad que Calvino predicó, que Agustín predicó, que Pablo predicó, es la verdad que yo debo predicar hoy o de lo contrario sería falso a mi conciencia y a mi Dios. Yo no puedo darle forma a la verdad, y no sé cómo limar las asperezas de una doctrina. El Evangelio de John Knox es mi Evangelio; aquel Evangelio que tronó a través de toda Escocia, debe tronar otra vez a través de toda Inglaterra." Amén y Amén.

martes, 24 de agosto de 2010

JESUCRISTO MISMO

JESUCRISTO MISMO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en la Iglesia Bautista Calvary Road, Monrovia, California
La Tarde del Jueves, 5 de Agosto de 2010

“Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Jesucristo Mismo es el tema de este sermón. La fe Cristiana no contiene nada que sea más maravilloso que Jesucristo Mismo. Nunca ha habido ni jamás habrá alguien como Jesucristo. Él es absolutamente único en la historia humana. Jesucristo Mismo es el Dios-hombre. Jesucristo Mismo bajó del Cielo y vivió entre los hombres. Jesucristo Mismo padeció, sangró y murió por nuestros pecados. Jesucristo Mismo resucitó físicamente de entre los muertos para nuestra justificación. Jesucristo Mismo ascendió de regreso a la diestra de Dios para interceder por nosotros en oración. Y Jesucristo Mismo vendrá otra vez para establecer Su Reino sobre la tierra por mil años. ¡Ese es Jesucristo Mismo! ¡Cantemos de pie aquel coro!

A Jesús que vea yo,
A Jesús quien me salvó,
Siempre sea mi canción –
¡De Jesús tan solo!
(Traducción de “Jesus Only, Let Me See” de Dr. Oswald J. Smith, 1889-1986).

Se pueden sentar.

El tema de Jesucristo Mismo es tan profundo, tan vasto y tan importante que jamás podríamos explicarlo todo en un solo sermón. Solamente podemos tocar unos cuantos puntos esta noche sobre Jesucristo Mismo.

I. Primero, Jesucristo Mismo es despreciado y desechado por la raza humana.

El profeta evangelista Isaías hizo eso muy claro cuando dijo:

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3).

El Dr. Torrey dijo: “El no tener fe en Jesucristo no es una falta de fortuna, es un pecado, un pecado gravísimo, espantoso, uno que condena” (traducción de R. A. Torrey, D.D., How to Work for Christ, Fleming H. Revell Company, n.d., p. 431). El profeta Isaías describió el pecado de despreciar y rechazar a Cristo, la depravación interior que te causa esconder de Él tu rostro. La muestra más grande de que eres totalmente depravado es que tú piensas tan poco sobre Jesucristo Mismo. La muestra más grande de que mereces castigo eterno en el lago de fuego es que deliberadamente y habitualmente escondes de Él tu rostro.

En un estado no despierto tú desprecias a Jesucristo Mismo. En tu estado de depravación total, no estimas a Jesucristo Mismo. Hasta que seas punzado en tu conciencia, hasta que sientas el horror de tu pecado, y temas el castigo eterno, tú continuarás despreciando y rechazando a Jesucristo Mismo.

En nuestras iglesias vemos eso constantemente. Cuando te escuchamos en el cuarto de conserjería, después de los sermones, te oímos decir de muchas cosas. Hablas de los versos Bíblicos. Hablas de “darte cuenta” de esto o lo otro. Nos dices sobre lo que sientes y lo que hiciste. Terminas diciendo: “Entonces vine a Jesús”. Después de eso te pedimos que nos digas un poquito más. “Dinos un poquito más acerca de venir a Jesús” te decimos. Entonces tropiezas. ¡No tienes nada qué decir acerca de Jesucristo Mismo!

El gran Spurgeon dijo: “Hay una miserable tendencia entre los hombres de dejar a Cristo mismo fuera del evangelio” (C. H. Spurgeon, Around the Wicket Gate, Pilgrim Publications, reimpreso en 1992, p. 24).

¡Saber el plan de la salvación no te puede salvar! ¡Aprender más de la Biblia no te puede salvar! ¡Oír más sermones no te puede salvar! ¡Aun sentir dolor por tus pecados no te puede salvar! Nada puede ayudarte a menos que se te haga parar de despreciar y rechazarlo a Él – a menos que seas movido a parar de esconder de Él tu rostro – ¡a menos que seas atraído a Jesucristo Mismo! ¡Cántalo de pie otra vez!

A Jesús que vea yo,
A Jesús quien me salvó,
Siempre sea mi canción –
¡De Jesús tan solo!

Se pueden sentar.

II. Segundo, Jesucristo Mismo es el tema central de la Biblia entera.

¿Es irrazonable que te digamos que Jesucristo Mismo tiene que ser central en tu pensar? No, no es irrazonable. Bueno, piensa, Jesucristo Mismo es el gran tema de la Biblia entera – ¡desde Génesis hasta Apocalipsis! Después de que Cristo resucitó de los muertos Él encontró a dos discípulos caminando hacia Emaus. Los que les dijo a ellos se te aplica a ti también:

“Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:25-27).

Desde los cinco libros de Moisés, y a través del resto de la Biblia, Cristo les explicó “en todas las Escrituras lo que de él decían”. ¿Qué podría estar más claro? El tema principal de la Biblia entera es Jesucristo Mismo! Ya que Jesucristo Mismo es el tema principal de la Biblia, ¿no es razonable que tú hagas a Jesucristo Mismo el tema principal de tus pensamiento y de tu vida? Yo te dijo, ¡piensa profundamente esta noche sobre Jesucristo Mismo! ¡Cántala!

A Jesús que vea yo,
A Jesús quien me salvó,
Siempre sea mi canción –
¡De Jesús tan solo!

III. Tercero, Jesucristo Mismo es la esencia, el elemento central, el mero corazón del Evangelio.

He aquí de nuevo el profeta Isaías hablaba de Jesucristo Mismo como el corazón del Evangelio:

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).

“Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. La muerte vicaria, expiatoria de Cristo, en tu lugar, pagando el precio y padeciendo la ira de Dios en tu lugar – ese es el corazón del Evangelio! Es Jesucristo Mismo recibiendo tus pecados sobre Sí Mismo en la oscuridad de Getsemaní. Es Jesucristo Mismo en aquel Huerto, quien dijo:

“Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Marcos 14:34).

Es Jesucristo Mismo quien:

“estando en agonía...su sudor [era] como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44).

Es Jesucristo Mismo quien fue arrestado en el Huerto de Getsemani. Es Jesucristo Mismo quien fue arrastrado ante el Sanedrín, abofeteado, burlado y puesto en vergüenza. ¡Escupieron sobre el rostro de Jesucristo Mismo! Arrancaron porciones de la barba de Jesucristo Mismo! Fue Jesucristo Mismo quien fue llevado ante Poncio Pilato, flagelado en las espaldas con el látigo Romano, coronado con espinas, con Sangre brotando de Su frente hasta el rostro de Jesucristo Mismo, un rostro golpeado más allá del punto de ser reconocido:

“de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres”
(Isaías 52:14).

“Y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Es Jesucristo Mismo quien fue llevado al pretorio de Pilato, arrastrando Su Cruz al lugar de la ejecución. Fue Jesucristo Mismo quien fue clavado al madero maldito. Fue Jesucristo Mismo quien sufrió no solamente el dolor de los clavos atravesando Sus manos y pies – sino que padeció aun más grande dolor cuando Dios, “cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Jesucristo Mismo “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (I Pedro 2:24). El Dr. Watts dijo:

Ved, de Su cabeza, Sus manos, Sus pies,
Dolor y amor fluyendo mezclados:
¿Se han visto tal amor y dolor juntos,
O espinas formar una corona tan gruesa?
(Traducción de “When I Survey the Wondrous Cross”
de Isaac Watts, D.D., 1674-1748).

¡Cántala! ¡Ahora canta el coro!

A Jesús que vea yo,
A Jesús quien me salvó,
Siempre sea mi canción –
¡De Jesús tan solo!

Se pueden sentar.

IV. Cuarto, Jesucristo Mismo es la única fuente de gozo eterno.

Llevaron el cuerpo muerto de Jesús de la Cruz y lo sepultaron en un sepulcro sellado. Pero el tercer día, Él resucitó de los muertos! Entonces fue a los Discípulos y les dijo: “Paz a vosotros” (Juan 20:19).

“Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor”
(Juan 20:20).

“Los discípulos se regocijaron viendo al Señor” (Juan 20:20). Jesucristo Mismo les dio gozo “viendo al Señor”. ¡Tú nunca podrás conocer paz profunda, y el gozo del Señor, hasta que conozcas a Jesucristo Mismo!

Oh, te digo esta noche – ¡yo recuerdo el mero momento cuando creí en Jesucristo Mismo! ¡Que santa experiencia! Mi misma alma miró a Jesús, ¡alzado y exaltado, a la diestra del Padre! ¡Me apresuré a Él! O, en vez, parece que Él se apresuró a mí. ¡Fui lavado limpio de pecado por Su Sangre preciosa! ¡Fui vivificado por el viviente Hijo de Dios! ¡Canta aquel coro!

A Jesús que vea yo,
A Jesús quien me salvó,
Siempre sea mi canción –
¡De Jesús tan solo!

Se pueden sentar.

¡Oh, pecador, no esperes otro día más! ¡No esperes otra hora! ¡No esperes otro momento! ¡Ven a Jesucristo Mismo! No lo dejes fuera de tu testimonio. No sigas lo que Spurgeon llamo aquella “miserable tendencia...de dejar a Cristo Mismo fuera del evangelio”. ¡No! ¡No! Ven a Jesucristo Mismo. Escucha con cuidado a estas palabras cuando las canto.

Tal como soy, sin ruego que
Tu Sangre derramada fue,
Y que Tú estás llamándome,
¡De Dios Cordero a Ti, yo voy!
(Traducción de “Just As I Am” de Charlotte Elliott, 1789-1871).

Canta aquellas palabras suavemente. ¡Ahora canta el coro!

Tal como soy, sin ruego que
Tu Sangre derramada fue,
Y que Tú estás llamándome,
¡De Dios Cordero a Ti, yo voy!

¿Vendrás a Jesucristo Mismo esta noche? Él perdonará tus pecados. El te dará paz con Dios y la vida eterna. ¿Vendrás a Jesucristo Mismo? Cómo oro que lo hagas. En el nombre de Jesús. ¡Amen!

viernes, 6 de agosto de 2010

LOS APOSTOLES Y LOS DONES

LOS APÓSTOLES Y LOS DONES


Sermón escrito por Daniel Chamberlin


El siglo XX fue testigo de un crecimiento generalizado de lo que muchos consideran como los dones milagrosos del Espíritu Santo. Después de un silencio de aproximadamente 1800 años en la cristiandad bíblica, los dones apostólicos aparentemente se han vuelto a manifestar. Este fenómeno se ha introducido de tal manera en la corriente principal del pensamiento religioso actual, que hasta sorprende a muchos cuando se cuestiona la validez de esta manifestación. Invitamos a todos los cristianos serios a reflexionar nuevamente sobre estos temas a la luz de la Escritura y preguntar con toda honestidad: “¿De veras se manifiestan nuevamente los dones milagrosos de los apóstoles?” Para nuestra respuesta, debemos mirar a la Escritura que tiene la última palabra.

En primer lugar, encontramos tres relaciones de dones en el Nuevo Testamento de la siguiente manera:

Rom.12:6-8 1 Cor. 12:28-30 Efesios 4:11
Profecía apóstoles apóstoles
servicio profetas profetas
enseñanza maestros evangelistas
exhortación milagros pastores-maestros
donaciones curaciones
presidir ayuda
hacer misericordia administración
don de lenguas
interpretación

Conforme examinamos estas listas, encontramos que algunos de los dones pueden ser clasificados como milagrosos o extraordinarios (los que aparecen en negrillas), y otros son no-milagrosos u ordinarios. Nuestro propósito aquí es ocuparnos de los dones milagrosos. Los dividiremos en cuatro partes.

I Apóstoles:

1. ¿Quiénes eran ellos? La palabra “apóstoles” literalmente quiere decir mensajeros, enviados o delegados. No cualquiera podía ser apóstol simplemente por voluntad propia; tenían que ser personalmente elegidos para esa investidura por el Señor Jesucristo. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles (Lucas 6:13). Todos eran hombres; ningún apóstol era mujer.

Según el libro de Hechos 1:21-22, un apóstol tenía que ser un testigo ocular de Cristo a lo largo de todo su ministerio público incluyendo la etapa posterior a su resurrección.

A la iglesia del Nuevo Testamento se le permitía nombrar diáconos (Hechos 6:5) y constituir ancianos (Hechos 14:23), pero no podían nombrar apóstoles. El nombramiento de apóstoles venía directa y únicamente de Cristo. Aun en el primer capítulo de Hechos la decisión final para sustituir a Judas Iscariote fue dejada en manos del Señor. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido (Hechos 1:24).

También nos damos cuenta que en el Nuevo Testamento la misma palabra griega “apóstoles” se utiliza para describir hombres elegidos por las iglesias para llevar información o ayuda de una iglesia a otra. (Ver 2Cor. 8:23; Fil. 2:25; Hechos 14:14). Sin embargo, no debemos confundir a estos últimos con los doce personalmente elegidos por Cristo como sus apóstoles.

Pablo gozó de un apostolado único. Aunque no había seguido a Cristo durante su ministerio público, vio efectivamente a Cristo resucitado y fue especialmente nombrado por El, tal como lo afirma en Gálatas 1:1, Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo ...). De nuevo Pablo explica, y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. (1 Cor. 15:8).

Cristo llamó a Pablo aun cuando la época de nombrar apóstoles había concluido. Nótese que Pablo fue el último de todos sobre la tierra en ver al Señor de una manera visible como testigo ocular de su resurrección. Nadie ha visto a Cristo de igual manera desde la experiencia de Pablo. Es así como Pedro pudo suponer que ninguno de sus lectores había visto al Señor: A quien amáis sin haber visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso (1 Pedro 1:8). Ninguno de los así llamados apóstoles hoy en día, cumple con estos requisitos bíblicos.

2. Su propósito: Según Efesios 2:20 correspondió a los apóstoles desempeñar un papel fundamental y especial en el desarrollo inicial de la iglesia neotestamentaria: edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. Este papel incluía al menos tres funciones. En primer lugar, estos hombres eran testigos indiscutibles de la resurrección de Cristo, ya que todos ellos habían visto personalmente al Señor en su cuerpo resucitado. En segundo lugar, a ellos fue revelado el misterio de la economía del Nuevo Pacto: la iglesia, compuesta a la vez de judíos y de gentiles (Efesios 3:1-10). En tercer lugar, ellos recibieron la inspiración para escribir la Santa Escritura infalible, que pudiera ser leída por todas las generaciones venideras. Cada libro del Nuevo Testamento fue escrito ya sea por un apóstol o por alguien directamente relacionado con un apóstol. Un poco antes de su muerte, el último apóstol sobreviviente nos dice que este aspecto de su trabajo fue completado de una vez y para siempre (Apocalipsis 22:18-19). A partir de entonces no ha habido revelaciones inspiradas o genuinas.

3. Su duración. El ministerio de apóstol fue de duración limitada debido a que su labor estaba limitada al período del establecimiento de los fundamentos de la iglesia. Los fundamentos se ponen una vez únicamente, y a partir de ellos se construye los demás; no ponemos fundamentos de manera repetida y sin término. No hay lugar para apóstoles hoy día, porque los fundamentos fueron puestos hace mucho tiempo. El cristianismo bíblico ha construido sobre esos fundamentos durante aproximadamente 2000 años. Es una locura completa y arrogancia descarada atreverse a compararse con Pedro y Pablo y adoptar el título de apóstol hoy en día.

II. Profetas:

1. Quiénes eran: El Nuevo Testamento no declara cuáles eran los requisitos para este ministerio; sin embargo, los profetas son mencionados varias veces en relación con apóstoles: Les enviaré profetas y apóstoles (Lucas 11:49). Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas...(Efesios 2:20). ... como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu (Efesios 3:5).

2. Su propósito: Los textos que hemos visto muestran que los profetas participaban de la estructura fundamental de la iglesia conjuntamente con los apóstoles. Ellos enseñaron la verdad recibida por revelación divina. Sin embargo, a ellos no se les confió redactar la Sagrada Escritura, sin la supervisión de los apóstoles.

3. Su duración: Siendo cimientos al igual que los apóstoles, su ministerio cesó a la par del de los apóstoles, toda vez que el cimiento ya había sido puesto. Casi toda secta fundada en la época moderna ha sido iniciada por un profeta o apóstol que se ha asignado a sí mismo ese título. Si creemos que la profecía se sigue desarrollando en nuestros días, entonces no contamos con ninguna norma para refutar sus descaradas herejías. ¡Después de todo es imposible refutar a un profeta!.

III. Las lenguas y su interpretación:

1. Lo que significaron: El don bíblico de lenguas consistía en una habilidad milagrosa de hablar una lengua o dialecto hasta ese momento desconocido para el que habla, pero vigente para un grupo étnico sobre la tierra en ese momento. Las palabras habladas tenían un contenido real y un significado. No fueron expresiones incoherentes. En el día de Pentecostés, cada uno les oía hablar en su propia lengua [literalmente, dialecto] (Hechos 2:6). Aun mas, cuando Pedro explica este milagro a la multitud, equipara el don de lenguas con la profecía, citando a Joel: En aquellos días también derramaré mi Espíritu sobre los siervos y las siervas. (2:18). De igual manera, 1Cor. 14:5 considera iguales los dones de profecía y de lenguas cuando estas últimas son interpretadas: porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.

1Cor. 12:30 refuta la noción popular de que cada creyente hablaba en lenguas. Aun en Corinto, Pablo preguntaba: ¿todos hablan en lenguas? ¿todos interpretan?

La idea moderna de que hay otro tipo de don de lenguas, un “lenguaje celestial”, no se encuentra en las Escrituras y debe ser rechazada. La plática incoherente de esta época no es el verdadero don de lenguas.

2. Su propósito: Un propósito de las lenguas era como señal para los judíos de que el juicio de Dios vendría a ellos como nación. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos (1Cor. 14:22). Desde Abraham, Dios les había hablado en hebreo; pero ahora, después de Cristo, Dios les estaba hablando en otras lenguas – lenguas gentiles – para mostrar a los judíos que sus privilegios nacionales estaban llegando a su fin; los gentiles iban también a participar del pacto de la gracia. El fin de la nación judía se completó plenamente con la destrucción de Jerusalén en el año 70 A. D. En ese momento la señal de juicio nacional, es decir, las lenguas, dejó de ser relevante y necesaria.

Otro propósito de las lenguas, cuando fueron acompañadas del don de interpretación, era edificar a los creyentes en la asamblea local. Las lenguas debidamente interpretadas, al igual que la profecía, servían como un medio directo para recibir una parte de la verdad. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos (1Cor. 13:9). Dios dio estas medidas temporales como una fórmula de alimento infantil (gerber) para la vida inicial de la iglesia. Posteriormente fueron desechadas al darse la revelación perfecta de toda la verdad una vez que los libros del Nuevo Testamento fueron completados. Mas cuando venga lo perfecto [literalmente, maduro o totalmente desarrollado] entonces lo que es en parte se acabará (v.10). La Palabra escrita de Dios es la dieta perfectamente balanceada para los cristianos de hoy. El hablar en lenguas que se practica en esta época nos reduciría a una infancia perpetua.

3. Su duración: Puesto que las lenguas debidamente interpretadas funcionan de la misma manera que la profecía, y puesto que la profecía cesó conjuntamente con los apóstoles, asimismo el don de lenguas ha cesado. Esto es precisamente lo que Pablo dijo a los Corintos que sucedería: Pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará (1Cor. 13:8). La lenguas eran una piedra de los cimientos totalmente colocada en los tiempos apostólicos. O, para usar la analogía de Pablo, estos dones milagrosos pertenecieron a la infancia de la iglesia, pero Dios nunca pretendió reducirnos a una permanente condición infantil. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. (v. 11).

El hecho de que 1Cor. 14 proporcione instrucciones para el uso de este don en la congregación no sirve de argumento a favor de su permanencia. Mas aun, estas instrucciones son raramente obedecidas por quienes profesan hablar en lenguas hoy en día. Solamente a los varones se les permitía hablar en lenguas, y solamente en los casos en que hubiera un intérprete, y solamente a tres personas durante un servicio, y no todos a la vez, sino siguiendo un orden, uno después de otro. (Vea 1Cor. 14:28-37)

IV. Milagros y Curaciones:

1. Quiénes los hacían: Una lectura cuidadosa del Nuevo Testamento nos revela que usualmente los apóstoles ejercían estos dones especiales. Por ejemplo, y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles (Hechos 2:43). Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo (Hechos 5:12). Pablo pudo decir a los corintios, con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre nosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros (2Cor. 12:12). Si todos los creyentes pudieran obrar estas señales, entonces el argumento de Pablo en este texto no tendría significado.

2. Su propósito: El propósito primordial de estos milagros era validar la autoridad de los apóstoles como los enviados verdaderos de Dios. En Hebreos 2:3-4 leemos que la verdad de la salvación enseñada por Cristo nos fue confirmada (la salvación) por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. Igual que en los tiempos de Moisés, así en los días de Cristo y de los apóstoles, los judíos piden señales (1Cor. 1:22) como prueba de autenticidad, y Dios suministró esa prueba.

3. Su duración: Hechos 8 nos enseña que solamente los apóstoles tenían el poder de transmitir un don milagroso a otra persona, y esa otra persona no podía transmitir a su vez ese don a un tercero. Felipe el evangelista podía hacer milagros en Samaria (Hechos 8:6-7), pero no fue sino hasta que vinieron dos apóstoles de Jerusalén, que los dones pudieron ser impartidos a los nuevos creyentes en Samaria (Hechos 8:14-19).Los dones de hacer milagros cesaron con la generación que siguió a los apóstoles.

Observaciones Adicionales:

Hacer milagros en sí mismo no es ninguna garantía de salud espiritual. Los magos de Faraón parece que copiaban los milagros que se hacían a través de Moisés. El hombre de pecado in 2Tes. 2:9-10 es descrito como aquel inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden. Nuestro Señor enseñó que a muchos que afirman que son profetas de Cristo, y que son exorcistas, en el día del juicio no les será permitido entrar al cielo debido a que realmente son hacedores de iniquidad (Mateo 7:22-23).

Es digno de notarse que quienes afirman que poseen dones apostólicos hoy en día, raramente hablan de ciertos milagros que pueden presentar riesgos como tomar en las manos serpientes venenosas y beber alguna cosa mortífera (Marcos 16:18). Su silencio acerca de estos temas es ensordecedor.

Nos podemos preguntar, “¿Pero no deberían ser manifiestos los dones el día de hoy ya que Jesús es siempre el mismo?” La respuesta es que su carácter esencial no puede cambiar, pero eso no significa que El está obligado a hacer siempre lo mismo a través de las generaciones sobre la tierra. Como ejemplo, ya no ofrecemos sacrificios de animales como lo hicieron los santos del Antiguo Testamento.

A aquellos que pudieran argumentar, “yo lo he experimentado, y no me importa lo que la Biblia u otras personas puedan decir,” respondemos con las palabras de Isaías 8:20. ¡A la ley y al testimonio! Si ellos no hablan de acuerdo con esta palabra, es que no les ha amanecido. La Escritura es la norma por la cual debemos medir nuestra experiencia, y no a la inversa.

¿Se manifiestan nuevamente los dones milagrosos de los apóstoles? No. Ahora no hay ni apóstoles ni dones apostólicos. Cuando se pusieron los cimientos de la iglesia, se completó el Nuevo Testamento y se desintegró la nación judía, cesó también la necesidad de ministerios especiales y de dones milagrosos. Ciertamente Dios puede realizar milagros ahora, pero el don de hacer milagros no es dado a nadie en este tiempo.

Desde una perspectiva positiva, la Escritura ciertamente ofrece algo a los creyentes que es aun mas excelente que los dones extraordinarios que ya cesaron. Ofrece gracias ordinarias – tales como fe, esperanza y amor, que ahora permanecen (1Cor. 12:31; 13:8, 13). Aunque “ordinarias”, estas gracias son sin embargo sobrenaturales, y Dios puso un valor especial en ellas. Sin santidad nadie verá a Dios (Hebreos 12:14). Es nuestro deber anhelar y cultivar estas gracias.

lunes, 2 de agosto de 2010

DOS CAMINOS - DOS DESTINOS



EL CASI CRISTIANO

EL CASI CRISTIANO – ADAPTADO DE UN SERMÓN
DEL REVERENDO GEORGE WHITEFIELD, M.A.

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 25 de Julio del 2010

“Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28).

La mayoría de la predicación en nuestros días es muy débil en comparación con la predicación del siglo 18. Con cientos de universidades Bíblicas y hombres entrenados en los seminarios hoy en día, encontramos muy pocos que se atreven a romper con el rebaño y predicar a los pecadores perdidos el Domingo – en lugar de dar insípidos, versículo a versículo estudios Bíblicos destinados a los tal llamados “Cristianos”.

Me atrevo a decir que la mayoría de nuestros predicadores han olvidado cómo preparar un sermón evangelístico dirigido a los pecadores. ¡O, tal vez nunca aprendieron cómo en primer lugar! Sé que la generación más joven que yo tiene poca idea de cómo dar uno. ¿Cómo puedes predicar un sermón evangelístico? ¡Muchos no tienen idea! La mayoría de sermones el día de hoy suenan igual. Ellos “enseñan” – pero pocos saben cómo “predicar”.

Y el bajo nivel de predicación en nuestros días está vaciando las iglesias. Ni una sola iglesia en diez tiene un servicio por la noche hoy en día. En 1958 cada iglesia Bautista (Bautistas del Norte, Bautistas del Sur, Bautistas Regulares, Bautistas Independientes) tenía servicio por la noche. Yo sé por observación personal. ¡Yo estaba allí! Todas las iglesias Bautistas tenían servicios de Domingo por la noche en 1958. ¿Qué pasó? ¡No puede ser que la televisión los haya alejado! En 1958 estábamos en medio de la “Edad de Oro de la Televisión”, como se le llama ahora. Pero hoy, con 150 o más canales para elegir, la televisión se ha convertido realmente, como Newton Minow dijo: “un baldío extenso”. ¡No, la razón que la gente no viene el Domingo por la noche no es porque hay algo jugoso en la televisión! ¡La razón es que los pastores no predican lo suficientemente fuerte para atraer una multitud!

¡Qué diferente fue con ese gran predicador George Whitefield (1714-1770)! Cuando se anunció que iba a hablar, en un par de horas miles se reunían, a menudo de pie en la nieve a las 5:00 de la mañana, para oírle dar un sermón. Eso sí, nunca hubo un coro, nunca un proyector de transparencias, ni siquiera un micrófono – ¡y ciertamente no sillas para sentarse! Sin embargo invariablemente vinieron, por miles, a escuchar a este hombre George Whitefield dar un sermón ardiente.

El Dr. J. C. Ryle dio una de las razones por la popularidad de su predicación: “Whitefield predicó un evangelio singularmente puro. Pocos hombres jamás dieron a sus oyentes tanto trigo y tan poca paja. No fue a su púlpito para hablar [otras cosas]. Estaba constantemente diciéndote acerca de tus pecados, tu corazón, y Jesucristo... ‘¡Oh, la justicia de Jesucristo!’ Frecuentemente decía” (Traducción de J. C. Ryle, “El Nuevo Nacimiento”). ¿Quién predica así hoy en día? ¡Con qué razón nuestras iglesias están cerradas los Domingos por la noche!

Aquí está una versión abreviada y editada del sermón de George Whitefield, “El Casi Cristiano”, que les doy como un ejemplo de predicación evangélica verdadera. Pero si lo das en tu iglesia, no debes sólo leerlo. ¡Tiene que haber un poco de fuego en el – como lo hubo cuando Whitefield predicó!

“Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28).

El Apóstol Pablo sabía que Cristo dijo que Sus seguidores serían “llevados ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre” (Lucas 21:12). Estos gobernantes nunca hubieran escuchado el Evangelio si los Apóstoles no habrían sido arrestados y llevados ante ellos, dándoles a los Apóstoles la oportunidad de predicar a Jesús y Su resurrección.

Cuando Pablo fue llamado a defenderse ante Festo, un gobernador Gentil, y el Rey Agripa, él aprovechó la oportunidad para defenderse a sí mismo – y también predicar el Evangelio a ellos. Y esto lo hizo con tal poder que Festo dijo a gran voz: “Pablo… las muchas letras te vuelven loco” (Hechos 26:24). El valiente Apóstol respondió: “No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura” (Hechos 26:25).

Al ver que el Rey Agripa estaba más interesado en su sermón que Festo, Pablo se dirigió directamente a él: “Pues el rey sabe estas cosas [que Cristo sufrió y resucitó de entre los muertos, Hechos 26:23]…porque no pienso que ignora nada de esto” (Hechos 26:26). Entonces Pablo habló al rey Agripa fuertemente, diciendo: “¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees” (Hechos 26:27). Cuando Pablo dijo esto, las emociones del rey fueron tan fuertes que provocaron que gritara: “Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28).

Incluso hoy cuando el Evangelio es predicado con celo y energía, algunas personas, como Festo son demasiado orgullosas y descuidadas para recibir el Evangelio. Ellos piensan que el predicador está “loco”. Otros, como el Rey Agripa, son casi convencidos en hacerse Cristianos. Dicen en sus corazones:

“Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28).

Es a ustedes, que son casi convencidos a ser Cristianos, que hablo esta mañana. Creo que es muy necesario que les advierta del peligro de ser “casi” Cristiano. Por lo tanto, de las palabras del texto, yo les mostraré tres cosas.

I. Primero, qué significa casi Cristiano.

Casi Cristiana es una persona que se detiene entre dos opiniones, quien vacila entre Cristo y el mundo. El Apóstol Santiago lo describe como:

“El hombre de doble ánimo” (Santiago 1:8).

El casi Cristiano es una persona que depende de la práctica religiosa externa. Se dice a sí mismo: “Leo la Biblia. Voy a la iglesia. ¿No es eso suficiente?” Él piensa que es justo. Él piensa que es mejor que los demás. Pero, al mismo tiempo, él es realmente un extraño a la religión interna del corazón. Él tiene “una apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (II Timoteo 3:5). Y continúa mes tras mes, asistiendo a la iglesia, aún así nunca es convertido, pero sólo se hace peor cuando pasan los meses y los años.

El casi Cristiano depende en ser “bueno”, y se contenta con pensar que no le hace daño a nadie. Sin embargo se olvida que Cristo dijo: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 25:30). Se olvida de que la higuera estéril fue maldecida y secada desde las raíces, no por dar mal fruto, sino por no dar ningún fruto.

El casi Cristiano es honesto y estricto consigo mismo; pero tanto su honestidad y rigor provienen de amor propio. Es cierto, que no peca exteriormente, pero no por obediencia a las leyes de Dios, sino porque a su temperamento no le gusta los pecados excesivos, o porque no quiere perder su reputación, o hacerse ineficiente en su profesión. Es cierto que no es un borracho, pero tampoco tiene la abnegación Cristiana. Él se guía más por el mundo que por la Palabra de Dios. Él hace lo que mejor se adapte a sus deseos corruptos, no tratando de hacer la voluntad de Dios, pero sólo conforme a las exigencias externas de su religión.

A pesar de que sólo te he dado un resumen de las características de un casi Cristiano, espero que veas que te describe en algunas de tus características. Y oro que te unas al Apóstol en las palabras que siguen el texto, y desees no ser sólo “tales, [pero completamente]” Cristiano (Hechos 26:29).

II. Segundo, por qué muchos no son más que casi Cristianos.

¿Por qué algunos de ustedes siguen siendo sólo Cristianos nominales, Cristianos sólo de nombre? ¿Por qué siguen siendo no más que “casi Cristianos”?

1. Porque tienes una idea falsa de lo que es ser Cristiano. Algunos de ustedes piensan que significa ir a la iglesia. Algunos de ustedes piensan que significa creer ciertas cosas. Unos pocos, muy pocos, saben que es un cambio de la naturaleza, una recepción de vida divina, una vital, unión viva con Jesucristo; quiero decir el nuevo nacimiento en Cristo. Sin embargo dices con Nicodemo: “¿Cómo puede hacerse esto?” (Juan 3:9). Y porque no has buscado, no te has esforzado, a entrar (Lucas 13:24) sigues siendo sólo un Cristiano nominal, sólo un casi Cristiano.

2. Otra razón por la que sólo eres casi Cristiano es que algunos de ustedes tienen un temor servil, esclavo temor del hombre – un temor a alguna persona o personas que te tienen en sujeción, y te mantiene esclavo del pecado, y te mantiene alejado de Cristo. Algunos de ustedes temen lo que sus padres dirían si tratan de esforzarte a entrar en Cristo. Otros de ustedes temen lo que sus amigos dirían. Algunos de ustedes incluso pueden temer lo que los otros jóvenes no convertidos de la iglesia pensarían de ustedes si deciden ponerse serios. Cristo habló de ti cuando dijo: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros?” (Juan 5:44). El Apóstol Santiago dijo: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4). No es de extrañar que eres sólo un casi Cristiano, ya que amas más “la gloria de los hombres que la gloria de Dios” (Juan 12:43). ¡Así muchos de los que oran y buscan a Cristo nunca lo encuentran, ya que no renuncian a los amigos perdidos y mundanos!

3. Otra razón que algunos de ustedes siguen siendo sólo casi Cristianos es porque aman el placer. Ustedes son “amadores de los deleites más que de Dios” (II Timoteo 3:4). Pero Cristo dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo” (Lucas 9:23). Cuando escuchan eso, algunos de ustedes se van tristes, porque tienen demasiado amor por los placeres sensuales. Hay algunos que creen que pueden ir al Cielo sin luchar en contra de sus inclinaciones carnales. Y esta es otra razón por la que muchos están sólo casi, y no completamente Cristianos.

4. La última razón que voy a dar, porque muchos permanecen siendo casi Cristianos, es un temperamento inestable y variable.
Lloramos y clamamos sobre el número de conversos prometedores, que parecen ser salvos, pero después de un tiempo desaparecen, y acaban en la carne, destituidos de Cristo. Tiemblo de repetir ante ellos esa terrible amenaza: “Y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10:38), y otra vez, “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento…” (Hebreos 6:4-6). Aunque con inestable, variable temperamento parecen que empiezan bien, pero retroceden a la condenación eterna.

III. Tercero, la insensatez, la locura, de permanecer no más que un casi Cristiano.

1. La primera prueba que doy es que no puedes recibir salvación de esta manera. Tales personas son casi Cristianas; pero casi darle al blanco, es realmente fallar. ¿Qué dirá tu familia Cristiana cuando mueras? “¡Casi fue salvo!”

“Casi” no bastará;
“Casi” ¡fracasará!
Triste, triste, llorar,
“Casi” – pero perdido.
(Traducción libre de “Almost Persuaded”
por Philip B. Bliss, 1838-1876).

2. La segunda prueba de la insensatez de ser un casi Cristiano es el daño que le hace a los demás. Un casi Cristiano es una de las criaturas más peligrosas en el mundo entero. Él es un lobo con piel de oveja. Él es un falso profeta. Los casi Cristianos “no entran en el reino de Dios por sí mismos, y no dejan entrar a los que están entrando”. Estos son aquellos que son grandes enemigos de Cristo más que los ateos o Musulmanes, o incluso los Mormones. Porque casi todos estarán al tanto de un Musulmán, un Mormón o un ateo; pero un casi Cristiano, a través de la hipocresía sutil, atrae a muchos que nunca han seguido a un Musulmán, Mormón o ateo. Por lo tanto el casi Cristiano debe esperar recibir una mayor condenación, un castigo peor en el Infierno que un Musulmán, Mormón o ateo – porque el casi Cristiano hace mucho más para destruir la obra de Dios que cualquier otro cultista o ateísta podría hacerlo. El hoyo más profundo en el Infierno es por lo tanto, reservado para el casi Cristiano.

3. La tercera prueba de la insensatez de permanecer un casi Cristiano es que es la mayor forma de ingratitud hacia nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Jesús bajó del cielo para salvarnos. Él fue humillado, despreciado, sudó Sangre en la agonía de Getsemaní, fue detenido, burlado, cruelmente golpeado y clavado en una Cruz, muriendo en nuestro lugar. Él derramó Su preciosa Sangre para limpiarnos. Oh, ¿cómo puedes decir que lo amas, cuando tu corazón no está totalmente con él? ¿Cómo puedes reconocer que Él sufrió para salvarte de la miseria y el castigo eterno, y no darte completamente a Él?
Dale todo tu corazón a Jesús. Ponle fin a estar entre dos opiniones. ¿Por qué debes mantenerte alejado de Cristo por más tiempo? ¿Por qué debes estar tan enamorado de la esclavitud del pecado que no te apartas del mundo, la carne y el Diablo – que, como cadenas espirituales, agarran tu alma y la detienen, y evitan que huyas a Cristo? ¿A qué tienes miedo? ¿Por qué no te entregas por completo a Cristo? ¿Crees que el ser sólo medio Cristiano te hará feliz? ¿Crees que tirarte por completo en Cristo te hará miserable?
Es un gran engaño pensar que vacilar entre Cristo y el mundo te puede satisfacer. No – tal vacilar sólo te impide experimentar el gran alivio que Cristo ofrece. Sólo cuando le das tu corazón por entero a Cristo puedes tener paz con Dios.
Para concluir, les exhorto que se alejen de ser casi Cristianos. Huye de la ira y el juicio de Dios. Cueste lo que cueste, huye a Cristo. Entonces esfuérzate para darle más y más a Él. Siempre orando, siempre preparándote para una vista más completa y un mayor disfrute de Él, en cuya presencia hay plenitud de gozo, y en cuya diestra hay placeres por siempre. ¡Amén!

Este sermón, “El Casi Cristiano”, fue predicado por George Whitefield durante el Primer Gran Despertamiento (1730-1760). Lo he editado y simplificado para que sea más fácil de entender para las mentes menos educadas de los hombres modernos. Que lo leas de nuevo, y pienses en el profundamente. Que te alejes de ser un “casi Cristiano”. Que Dios Mismo te haga “[completamente]” un verdadero Cristiano (Hechos 26:29), que algún día no sea dicho de ti:

“Casi persuadido”, ¡pasó la cosecha!
“Casi persuadido” ¡la condena llegará!
“Casi” no bastará;
“Casi” ¡fracasará!
Triste, triste, llorar,
“Casi” – pero perdido.
(Traducción libre de “Almost Persuaded”
por Philip B. Bliss, 1838-1876).

(FIN DEL SERMÓN)
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en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.