domingo, 21 de noviembre de 2010

LA FE Y LA RAZON


Apologética – Arturo Pérez La Fe y la Razón - 1
Tema 2. La Fe y la Razón. El rol de la razón en la vida del alma.



“Estamos teniendo un avivamiento de los sentimientos pero no del conocimiento de Dios. La iglesia de hoy está más orientada a los sentimientos que a las convicciones. Valoramos el entusiasmo más que el compromiso informado.” –

Encuesta Gallup sobre religión, 1980.1

Introducción

Según la encuesta de Gallup que hemos citado más arriba, la iglesia contemporánea está formada por cristianos que no están siendo entrenados en cómo pensar detenidamente y de manera profunda en lo que ellos creen y por qué lo creen.

Nuestra sociedad del siglo XXI ha reemplazado los héroes verdaderos por las celebridades del entretenimiento; ha sustituido la sustancia y la profundidad de pensamiento por la imagen estética y el glamur. Y en los procesos políticos, vamos a votar a las mesas electorales, no con un fundamento filosófico bien estructurado alrededor de una propuesta de plan de gobierno, sino que vamos con un corazón lleno de emociones y slogans empaquetados en jingles de 30 segundos.

Y esta manera de pensar subjetiva, secular y relativista ha calado también las iglesias de hoy en día, al punto que el criterio que muchos tienen para ir a la iglesia es basado en aspectos subjetivos, en lugar de argumentos Escriturales.

“¿Por qué asistes a esta iglesia?”, pregunta alguien, a lo cual responde el otro:

“Ah, porque me gozo en los cánticos, me encanta la gente que asiste aquí, y las prédicas son muy interesantes…”

“Pero, ¿por qué tienes que ir a la iglesia el domingo?”, insiste la persona – “bueno, supongo que es una costumbre cristiana… se supone que los cristianos van a la iglesia el domingo… en esta iglesia es „obligatorio‟ asistir al servicio los domingos… y como pertenezco a esta iglesia, me congrego los domingos”.

Lo que acabamos de describir no es algo raro. Es como la fe del carbonero, un hombre ignorante que se ganaba la vida vendiendo carbón en la calle, y decía que era creyente. Al preguntársele cuál era su creencia, cuál era la definición de su fe, él sencillamente respondió que él creía “lo mismo que cree mi iglesia”; y qué cree su iglesia? “Lo mismo que creo yo”. No había un entendimiento o razón de la supuesta esperanza que había en él.

¿Cómo llegamos hasta este punto?




1 Citado por J. P. Moreland, Love Your God With All Your Mind. Navpress, Colorado, USA, 1997, p.19


Correo electrónico: Arthur_pink@hotmail.com; Sitio de Internet: http://exegetas.wordpress.com

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En el principio no era así, y esto lo vemos en la manera en que la Biblia describe la fe, diciendo que es la “certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (He.11:1).

Puede que tú no veas el aire que respiras, pero no tienes ninguna duda de que el aire existe y lo estás respirando aunque no lo veas, porque tienes otras evidencias que te muestran este hecho te dan confianza en que el aire no te va a faltar.

Los primeros cristianos expusieron su fe con argumentos razonables como el caso de Pablo en Hechos 17:28 donde citó a dos filósofos griegos para demostrar su punto: cita a Epiménides de Knossos (Creta, siglo 6to AC) y Aratus de Solí (Macedonia, 310- 240 AC).

Y hasta llegar a los puritanos del siglo XVII que fueron hombres conocidos por su erudición en muchas disciplinas, como el caso de John Owen o Jonathan Edwards, la fe todavía era tratada bajo un esquema racional. Estos hombres eran autoridades intelectuales y espirituales en sus comunidades y figuras reconocidas aún en el mundo no cristiano por sus aportes.

¿Qué pasó entonces con este modo de pensar razonable e intelectual? No quiero invertir tiempo y espacio a la historia de la iglesia, pero básicamente el siglo XVIII, conocido como la ilustración, trajo consigo a ciertos filósofos como David Hume (1711-1776) y Emmanuel Kant (1724-1804) cuyas ideas filosóficas alteraron la opinión de la gente acerca de la religión. Ellos decían que como no podíamos experimentar a Dios por nuestros cinco sentidos, el tema de la existencia de Dios no podía abordarse como parte del “conocimiento”.

En segundo lugar, la Alta Crítica alemana puso en duda la Biblia comenzando por negar la autoría del Pentateuco como una obra de Moisés. Y en tercer lugar, la teoría de la evolución de Darwin permitió un mundo seguro para los que decían ser ateos.

Así que en lugar de la iglesia combatir estas falsas ideas con argumentos intelectuales, muchos cristianos crecieron con cierto rechazo hacia la filosofía y las ciencias. De hecho, el siglo XVIII dentro de la iglesia se caracterizó por un énfasis en el sensacionalismo con una predicación orientada a los sentimientos personales en lugar de las convicciones. El historiador George Marsden dice que

“el anti-intelectualismo fue una característica del avivamiento de América”. Como consecuencia de esta falta de teología sólida surgen posteriormente tres movimientos falsos: Mormonismo (1830), los Adventistas del Séptimo Día (1844) y los Testigos de Jehová (1884).

A continuación voy a citar del libro de J. P. Morland, “Love Your God With All Your Mind”, cuál ha sido el impacto de este modo de pensar anti-intelectual en la iglesia contemporánea.

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I- El Impacto en la Iglesia por el rechazo hacia el pensamiento intelectual

J. P. Moreland describe varias áreas de impacto en la iglesia, pero sólo comentaré las que nos interesan para el caso que nos ocupa.

A. Un entendimiento incorrecto de la relación entre la fe y la razón.

Erróneamente algunos definen la fe como un “acto ciego de la voluntad”… “una decisión de creer algo que está ajeno de la razón o que incluso ignora voluntariamente la falta de evidencia para sustentar lo que se cree”.

¿Qué es la fe?

Sin embargo podemos extraer de la Biblia que la fe es un poder o una habilidad para actuar de acuerdo con la naturaleza del reino de Dios. La fe es una convicción, una certeza en algo que esperamos, pero confiando en una información racional (He.11:1; Ro.12:1).

Entendido así, vemos que la fe cristiana se basa en la razón. Si no estás de acuerdo con esta aseveración, te pido que sigas leyendo hasta que nos pongamos de acuerdo en cómo definimos la “razón”, un poco más adelante.

Mientras tanto, antes de decidir dedicar tu vida completa a la causa del Señor Jesucristo, es importante que tengas “buenas razones” para creer que el Cristianismo es la verdad. De hecho, tú no podrás amar lo que no conoces. ¿Cómo dices que amas a Dios si nunca lo has visto? ¿Qué razón tienes para pensar que lo conoces y que lo amas, o que tienes una relación con El?

¿Qué es la razón?

Al impartir esta clase, un estudiante me objetó que “podemos decir que la fe es „razonable‟ pero no „racional‟, de hecho – decía él, es „supra-racional‟ (más allá de la razón). El se basaba en que hay muchas cosas que no se pueden explicar humanamente, como la resurrección de un muerto que ya tiene cuatro días sepultado en estado de descomposición (Juan 11:39), por ejemplo, así que este tipo de eventos hay que “aceptarlo por fe”, y no cabe dentro de la razón para ser llamado racional sino “supra racional”, decía él, porque va “más allá de la razón”.

Permítanme definir la semántica de los términos en español, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: http://www.rae.es/

Razón: Capacidad de discurrir; capacidad de reflexionar, pensar, hablar acerca de algo, aplicar la inteligencia. Dar a alguien la razón, significa quedar convencido por los argumentos que se le presentan.

Racional: Perteneciente o relativo a la razón. Conforme a la razón.

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La palabra “supra racional” no existe en ningún idioma hasta donde he investigado, pero la idea de lo que el estudiante quiso decir la entiendo aunque debemos aclarar dónde estuvo su confusión o rechazo a la palabra “racional”.

Cuando hablamos de una fe “racional”, no estamos hablando de “hechos verificables por simple observación”. Por ejemplo el caso del paralítico descrito en Mateo 9:2-82. Cuando le trajeron un paralítico al Señor Jesucristo él le dijo

“Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”. Pero algunos escribas que estaban presentes pensaron en sus adentros que Jesús era un blasfemo porque estaba tomando el lugar de Dios. “Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.” (Mt.9:4-9).

¿Podemos verificar por observación que nuestros pecados han sido perdonados? No. ¿Era demostrable el milagro de perdonar pecados? No. Sin embargo, es razonable pensar, es racional, que si Jesucristo clamaba ser Dios, y demostró poder para hacer que el paralítico se levantara y hacerlo sano físicamente, es razonable pensar que Jesucristo, como clamaba él mismo, tenía el poder para perdonar los pecados. A esto nos referimos con un pensamiento racional, esto es, que tiene una evidencia que presentar para ser creído.

Sin embargo, notemos que muchos vieron estas señales y no creyeron. Al ver las señales que Jesús hacía, como dijo Nicodemo (Juan 3:1-3), ¿no era lógico creer que Jesucristo era quien clamaba ser, el Hijo de Dios? Por supuesto que sí. Sin embargo, el mismo Tomás, sabiendo que Jesús había profetizado su resurrección, y conociendo las profecías y habiendo escuchado el testimonio de los otros discípulos que lo vieron resucitado, él dijo “si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Jn.20:25).

Jesucristo le dijo cuando se le apareció a Tomás “bienaventurados los que no vieron, y creyeron”. Ahora, esos que no vieron y creyeron, tenían razones o evidencias para creer. Ellos tenían más evidencias: el testimonio de los que lo vieron resucitado, las profecías de los profetas, etc. Pero es allí donde entra el elemento de la fe. Nadie va a convencerse y tener fe solamente porque tengamos evidencias o razones para creer. De hecho, el rico de Lucas 16 que fue al Hades le pidió a Abraham que enviara a alguno de entre los muertos a testificarle a sus familiares y Abraham le dijo “si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Luc.16:31).




2 Quiero dar crédito al hermano Pedro Julio Morla quien trajo este iluminador ejemplo de los Evangelios durante nuestra discusión en clase sobre fe y razón.

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Entonces, ¿qué es la razón? Aparte de las definiciones del diccionario que dimos antes, les comparto otras definiciones más extensas.

La razón es la facultad o capacidad humana que permite buscar la verdad y resolver problemas, juzgar y actuar según ciertos principios. Esta sería la característica específica del ser humano, aquella que lo distingue de los animales.

Cicerón tradujo al latín la palabra “Ratio” de su vocablo griego “logos”, que para los griegos significaba tanto “cálculo” como “discurso”. Se entiende como razón, la facultad humana por la cual se alcanza el conocimiento discursivamente3, esto es, partiendo de premisas para llegar a alguna conclusión.

En otras palabras, la razón es una capacidad humana que obra mediante procesos deductivos4 e inductivos5 que parten de datos proporcionados por los sentidos o por la Revelación.

Volviendo a la objeción de nuestro estudiante que dice que la fe va “más allá de la razón”, debemos reconocer que hay conceptos (como el hecho de que Dios es eterno y no es causado por nadie sino que él mismo es la causa de todo) que no pueden ser “entendidos de manera completa por la mente, porque nosotros mismos no entendemos el concepto de eternidad”. Aquí debemos aclarar que el hecho de que el conocimiento de Dios está por encima de nuestro entendimiento no significa que mi creencia o confianza depositada en el Dios de las Escrituras sea “irracional”. Mi fe es racional porque yo razono y tengo evidencias para llegar a una conclusión. Por otro lado, si existe algo que va “más allá de la razón” entonces no estamos en capacidad de razonarlo. Pero si yo recibo por mis sentidos o por la Revelación de alguien una explicación, entonces ya puede ser razonado. En este ejemplo de la eternidad de Dios, yo no puedo comprender cómo Dios ha existido desde siempre. Pero tampoco el evolucionista puede comprender cómo la materia ha existido desde siempre, ¿cómo surge la materia? Pero con la razón que tengo, y la información provista por la Biblia, y el testimonio de Jesucristo que comprobó que era verdadero porque resucitó, entonces yo creo que la Biblia dice la verdad y “en el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gen.1:1). Mi fe se basa en un razonamiento lógico y en las evidencias de que el testimonio bíblico es veraz.



3 Discursivamente significa “propio del discurso o razonamiento. El pensamiento “discursivo” es el que progresa ordenadamente de un enunciado a otro, en el curso de un razonamiento.

4 La deducción es una forma de razonamiento que consiste en partir de un principio general conocido para llegar a un principio particular desconocido. Ej. A-Todo hombre nace pecador; B- Juan Pérez es un hombre; C- Juan Pérez es un pecador.

5 La inducción es el razonamiento contrario a la deducción. La inducción en el ámbito de la lógica, es un tipo de razonamiento que va de lo particular a lo general obteniéndose conclusiones probables. Por ejemplo, si alguien descubre una vacuna contra el cáncer, no importa que sólo haya sido probada en una muestra limitada de pacientes, así que se infiere que será un remedio eficaz para el resto de los pacientes del mundo, bajo las mismas condiciones.

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Por ejemplo, tenemos la tierra como una “evidencia”. ¿De dónde salió la materia? Es indudable que la tierra está ahí y salió del algún lado. No puede ser que antes de la tierra no haya habido “nada”, y de la nada haya surgido “algo”.

Eso es imposible y contrario a la razón. Entonces, hay dos posibilidades: la materia es eterna y de algo inerte surgió y evolucionó la vida sin ningún propósito o diseño inteligente. O, por el contrario, alguien inteligente que es eterno creó la materia y creó el mundo que hoy conocemos. Fíjense que la evidencia es la misma: un universo que aparenta un diseño inteligente. ¿Cómo surge? Los materialistas toman esta evidencia y parten de la presuposición (por fe) de que no hay Dios. Los creacionistas parten del testimonio histórico de la Biblia para decir que el universo fue creado por un Ser que se ha revelado al hombre y que dice ser eterno.

Vamos a ilustrar el rol de la razón en la siguiente ilustración presentada por el teólogo inglés William Paley, en su libro “Teología Natural” escrito en el siglo XVIII.

“Suponga usted que camina por el campo y tropieza contra una piedra común y corriente. Podría pensar que la piedra ha estado allí desde el principio del tiempo, que ninguna persona la colocó, y nadie estaría en desacuerdo. Pero suponga que en vez de una piedra encuentra un reloj de bolsillo en el suelo. Si se pregunta cómo llego allí, seguramente la explicación de que siempre ha estado allí no es suficiente. ¿Por qué? Porque este reloj es diferente a la piedra. ¿Y en qué se diferencia? Cuando examinamos el reloj, vemos cualidades que no están en la piedra. Observamos que está compuesto de muchas y diferentes piezas, ensambladas todas juntas para un mismo propósito.... vemos que muestra diseño, y esto inevitablemente nos lleva a concluir que el reloj debe haber tenido un fabricante inteligente....que comprende cómo construirlo, y que también lo diseñó, un relojero experto.”

Aunque esta ilustración nos sirve más para un debate sobre el universo como un diseño inteligente en lugar de ser producto de la “casualidad”, sin embargo también nos sirve para darnos cuenta el rol de la razón en la fe del creyente.

Nuestros propios “razonamientos”, si son honestos, nos llevarán a buscar la verdad sobre una problemática. ¿Cómo llegó ese reloj hasta ese lugar? La razón no permite que respondamos “siempre estuvo allí”. Y si no sabemos la respuesta, la razón buscará una explicación que haga sentido, más aún, la razón debería anhelar conocer la verdad.

El problema con los incrédulos es que “tienen el entendimiento entenebrecido”, como dice Romanos 1:21 “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”.

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En Efesios 4:17-18 Pablo nos exhorta a no andar como los inconversos que

“andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”.

A pesar de que el incrédulo tiene su razón corrompida por su pecado, nuestro deber es presentarles la luz de la Palabra de Dios por medio de la cual, si a Dios le place, el entendimiento de ellos puede ser iluminado, de manera que recobren la razón, así como le fue devuelta la razón a Nabucodonosor luego de haber estado pastando yerba como si fuera un animal irracional (Daniel 4:34). El hombre ha sido diseñado por Dios como un ser racional, pensante, que debe entender la realidad para aceptarla. Por eso debemos presentar “razón de la esperanza que hay en nosotros”.

Debemos insistir en que nuestros argumentos a favor de la Biblia no darán salvación a ningún hombre porque es el evangelio (y no nuestros argumentos) el que tiene el poder de traer a un individuo a la salvación. Carl F. H. Henry lo expresa de esta manera:

A nadie se le puede “convencer para que se haga cristiano”. Sin embargo, sin la presencia del criterio racional, la experiencia religiosa de una persona es menos que bíblica. Uno puede y debe ser persuadido intelectualmente de la consistencia lógica y la verdad de los postulados cristianos concernientes a Dios y al mundo. Sin embargo, no se necesita ser creyente, para entender las verdades afirmadas por la revelación divina. Una persona intelectualmente convencida de la verdad del evangelio pero que trata de escapar o posponer la aceptación de la salvación personal está optando por la condenación divina. Pero la fe personal es un don del Espíritu. El Espíritu Santo usa la verdad como un medio de convicción y persuasión.6

De ahí que debemos incentivar dentro de la iglesia que siempre se predique la Palabra de Dios; y que se dedique tiempo en la Escuela Bíblica para entrenar a los creyentes a formarse intelectualmente en teología, apologética, historia de la iglesia, etc. Cuando estudiamos la Biblia en grupo no debemos caer en el error de preguntar “¿qué significa ese texto para ti?” Debemos más bien preguntar “¿qué dice el texto y por qué yo pienso que esta es la interpretación correcta?”

Muchísimas veces he escuchado en mi propia iglesia a algunos hermanos que no les gusta escuchar sermones “muy teológicos”, sino más bien “prácticos”, como si fuera posible hablar de práctica sin tomarse el tiempo de esbozar un marco teórico verdadero que motive mi voluntad y mis sentimientos para entregarme por entero en esa práctica!



6 Carl F. H. Henry. Fortunes of the Christian World View; Trinity Journal 19 (1988): 168. Citado por el libro “Piense Conforme a la Biblia”, redactado por John MacArthur, página 14.

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B. La separación entre lo secular y lo sagrado.

Un segundo aspecto en el que la Iglesia ha sido impactada por el anti-intelectualismo, es que hemos separado nuestra vida en “secular” y “sagrado”, como si fueran compartimientos o departamentos diferentes de nuestra vida.

Una cosa es mi vida pública que llamamos “secular”, esto es, mi preparación profesional en la universidad, mi trabajo, etc. Y otra cosa aparte es la “religión” que se practica como algo personal, privado, y que se reduce simplemente a
“cómo me siento con todas las cosas”.

El problema con esta separación es que el mundo que nos rodea nos estimula a usar nuestro intelecto en la vida pública o secular. Por ejemplo, uso mi intelecto para escoger la carrera que voy a estudiar de acuerdo a mi vocación, o para elegir qué banco paga la tasa de interés más conveniente y las mejores condiciones para la casa que deseo comprar, la cual también debe ser elegida por el criterio intelectual considerando el metraje de construcción, ubicación, etc.

Sin embargo, en la esfera de mi vida privada espiritual solo opera “mi corazón”, no “mi intelecto”. Entonces, al separar lo secular de lo sagrado, en lugar de ver mi vida como algo integral entre la fe y la razón, cuando venimos a la iglesia estamos acostumbrados a no usar el intelecto en ese “departamento” espiritual, y muy frecuentemente los sermones, los estudios de Escuela Bíblica, y los materiales de discipulado están dirigidos “al corazón” y no “al intelecto”, o están dirigidos supuestamente a la piedad y no tanto a cultivar un amor intelectual por Dios dentro de mi vocación como cristiano.

¿Por qué tenemos tantos intelectuales incrédulos escribiendo su perspectiva acerca del mundo, y tenemos tan pocos intelectuales creyentes que escriban libros de texto con una perspectiva cristiana? La respuesta puede ser que nuestra cultura evangélica no se ha preocupado por formar este tipo de creyentes porque no valoramos la vida intelectual, la batalla de las ideas.

Pero como dice J. P. Moreland:

“Para mucha gente el propósito de la universidad es conseguir un empleo, y el trabajo se considera secular, no sagrado. Entonces, lo importante es que nuestros hijos permanezcan en santidad en la universidad, y que quizás den testimonio de su fe, que saquen un tiempo a solas, y que oren regularmente. Obviamente estas cosas son importantes. Pero para un discípulo, el propósito de la universidad no es simplemente conseguir trabajo. Más bien, es descubrir su vocación, identificar un campo de estudio mediante el cual puedo servir a Cristo como mi Señor. Y una forma de servirle en este contexto es aprender a pensar de manera cristiana acerca de mi carrera. El cristianismo de una persona no comienza en el estudio bíblico del dormitorio, cuando la clase termina,

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sino que permea todas las áreas de tu vida, incluyendo qué piensas acerca de tu carrera.”7

De ahí que dice Carl Henry que “el entrenamiento de la mente es una responsabilidad esencial del hogar, la iglesia, y la escuela”.

Esta marginación de la iglesia ha tenido consecuencias devastadoras para producir discípulos de Cristo que estén confiados en su fe, y que tengan la capacidad de penetrar nuestra cultura con la cosmovisión cristiana del evangelio de Jesucristo.

C. El anti-intelectualismo de la iglesia presenta un evangelio irrelevante.

Hoy día el evangelio se presenta como un medio para llenar ciertas necesidades emocionales. “¿Tienes problemas con la ansiedad?” “¿Sufres de depresión?” “¿Tu familia es un desastre?”… “si tienes estos problemas, ven a Cristo para que tengas Paz!!!” “Cristo es la respuesta”, dicen ellos. Y puede ser así, ciertamente el Señor Jesucristo puede darnos la paz que el mundo no da, pero también debemos recordar que el Señor nos advirtió que no vino para traer paz sino disensión entre los padres y los hijos entre los integrantes de una familia cuyos miembros estén divididos entre cristianos e inconversos. Cristo da sentido a nuestra vida, pero no es un producto de marketing que “nos hace sentir bien”.

Ese tipo de presentación del evangelio como si Cristo fuera un producto o un alucinógeno que nos hace sentir bien, es totalmente inadecuado por tres razones.

• En primer lugar, no logra compeler a la gente que no es orientada a los sentimientos. Típicamente el sexo masculino es menos dado a los sentimientos que el femenino, así que este acercamiento podría estar dejando fuera a la mayoría de los hombres.

• En segundo lugar, ese tipo de presentación del evangelio da lugar a que mucha gente piense que no es para ellos. Pueden contestarte “gracias, pero no necesito su religión porque no sufro de ansiedades y mi familia es muy unida, gracias a Dios”.

• En tercer lugar, y lo más importante, no es un acercamiento bíblico. ¿Cómo predicaba Pablo el evangelio? Si examinamos la predicación de Pablo en los capítulos 17 al 20 del libro de los Hechos veremos que Pablo basaba su predicación en el hecho de que el evangelio es la verdad y es razonable para ser creído. Pablo razonaba con la gente y trataba de persuadirlos inteligentemente a volverse a Jesucristo en arrepentimiento por sus pecados.





8 J. P. Moreland, p.28


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Así que si el evangelio es la verdad, y es razonable para ser creído, entonces es obvio que toda persona necesita ser perdonado por Jesucristo sea que “sienta” o “no sienta” esa necesidad. La única respuesta que Pablo podía aceptar de sus oyentes era que aceptaran a Jesucristo como su Señor o que negaran que el evangelio es la verdad.

Si el evangelio no es presentado como la verdad que puede ser razonada, nuestra cultura pagana que de por sí está prejuiciada hacia la religión como un conjunto de sentimientos privados, no van a ser impactados por ese mensaje. La respuesta de ellos será: “Bueno, está bien si el evangelio funciona para ti y te hace sentir bien, pero a mi déjame tranquilo”.

Muchos ven la religión hoy día como un placebo o entusiasmo emocional precisamente porque esa es la manera en que generalmente presentamos el evangelio a los inconversos.

En resumen, hemos visto en nuestra primera parte (“el impacto en la iglesia por el rechazo al pensamiento intelectual”) que debido a ciertos factores a partir de los años de 1800‟s, los cristianos conservadores de América respondieron al ataque intelectual contra la fe retirándose del debate público y desarrollando una visión anti-intelectual de la vida cristiana. Y como consecuencia, esta marginalización de la iglesia ha minimizado el impacto positivo que podría presentar en mayor grado la iglesia en el mundo.

El propósito de estas clases de Apologética es precisamente tratar de cambiar esto, formando a los cristianos como entes pensantes, no con base a las vanas filosofías, sino basados en la verdad inalterable de la Palabra de Dios.



II- Presentando una Apología del evangelio para explicar la razón de nuestra esperanza.



El apóstol Pedro (1Pe.3:15) ordenó a los destinatarios de su Primera Epístola a estar siempre preparados para presentar defensa ante todo el que demande razón nuestra fe.

La idea central del texto de Pedro es la necesidad de tener respuestas racionales para las preguntas de las personas en cuanto a nuestra fe. Si vemos el contexto del pasaje está hablando de que todos debemos someternos a las autoridades, los siervos a sus amos, las esposas a sus esposos, y que debemos refrenar nuestros labios del mal, hacer el bien a los demás, etc. En ese contexto, si la gente nos ve dispuestas al sufrimiento cristiano sin quejarnos por amor al Señor, vendrán a preguntar ¿por qué vives como vives? De ahí que debemos estar preparados para dar respuestas con argumentos racionales.

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Leamos desde el versículo 14b al 15: “…Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa (apología) con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón (logos) de la esperanza que hay en vosotros”.

Hay dos palabras claves en este texto: apología y logos.

Apología

La palaba apología significa “defender algo” ofreciendo argumentos positivos razonables a favor de la fe, al tiempo que respondamos a las objeciones o argumentos negativos que son contrarios a la fe cristiana, como si estuviéramos en un tribunal. Esta fue la manera en que Pablo se manejó a lo largo de su ministerio cuando presentó defensa ante el mundo (Hech.14:15-17; 17:2, 4, 17-31; 18:4; 19:8).

Pablo persuadía a la gente a creer en Jesucristo ofreciéndoles argumentos a favor de la verdad del evangelio. Y como dijimos antes, aún se valió de citas de filósofos y poetas griegos que la gente conocía y leía, como el caso de Epiménides y Aratus de Solís en Hechos 17:28, como parte de sus argumentos para demostrar su punto a favor del evangelio.

Logos

Cuando Pedro dice “ante todo el que os demande razón…” esa palabra que se traduce como razón, en el original es la palabra griega logos que significa

“evidencia o argumento que provee una justificación racional para alguna creencia.”

El filósofo griego Platón (428 aC – 347 aC) trató de definir el conocimiento en una de sus obras (un diálogo titulado “Teéteto” ). De acuerdo con Platón, si tú conoces algo, lo que conoces por lo menos debe ser verdad y tú debes creerlo. Si por ejemplo dices que “está lloviendo afuera en este momento”, pero no está lloviendo en realidad, o tú no crees que esté lloviendo, tu interlocutor quedaría perplejo ante tu pretensión de poseer cierto

“conocimiento”. Platón señala que el conocimiento es algo más que las creencias verdaderas. Todos nosotros tenemos creencias verdaderas que no pueden ser contadas como conocimiento.

Por ejemplo, si tú acabas de leer en este momento una creencia verdadera, y esto es, que una molécula del gas metano está compuesta por cuatro átomos de Hidrógeno y un átomo de Carbono (CH4), no podrías decir que tú realmente “conoces” este tema, especialmente si te comparas con un Ingeniero Químico que se ha pasado cinco años estudiando el metano. Tú y el científico tienen ambos una creencia verdadera acerca del metano, pero podemos decir que el científico tiene “conocimiento” y tú no lo tienes. ¿Cuál es la diferencia? Platón dice que el científico tiene una creencia verdadera, y en adición tiene el logos

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(evidencia); mientras que tú sólo tienes la creencia verdadera pero no tienes el logos (evidencia). El científico tiene buenas razones (logos) para justificar su creencia verdadera, y tú tienes fe ciega que en este caso sucede que es verdad.

Aplicando esto al pasaje de Pedro, él está diciendo que nosotros debemos estar preparados para dar argumentos racionales y buenas razones para explicar por qué creemos lo que creemos y esto tiene que ver con nuestra mente. El detalle que menciona Pedro de hacerlo con “mansedumbre y reverencia” implica que debemos argumentar aunque no debemos ser avasallantes.

¿Es natural que un muerto sea resucitado por otra persona? Bajo las condiciones normales que conocemos, no es natural, sino sobrenatural. Bien, pero ¿sería ilógico o irracional creer que Jesucristo resucitó a Lázaro? Si no tenemos “evidencias” (logos, conocimiento), yo podría “creerlo” basado en el testimonio de otra persona, pero aún así, esto sería una fe “ciega”, hasta contar con más evidencias. ¿Qué evidencias tenemos para creer que Jesucristo resucitó a Lázaro? Contamos con el testimonio histórico documental del evangelio de Juan, aparte del testimonio escrito de otros discípulos que hablaron sobre ese evento. Hay otras evidencias encadenadas que iremos estudiando en otros temas sobre la Escritura y sobre la persona de Jesucristo que nos llevarán a fortalecer nuestra fe en base a estas evidencias de que esto ocurrió y que Jesucristo es el Señor y tiene poder para resucitar a los muertos. ¿Es esta fe irracional? Basado en las evidencias que tenemos, es una fe lógica, porque si Jesucristo es Dios (Juan 1:1), si El es el autor de la vida (Hech.3:15), si el escritor del evangelio de Juan escribió la verdad (Juan 20:30-21), entonces estamos creyendo en base a evidencias que son creídas bajo una fe racional, no una fe ciega.

Aplicaciones prácticas al texto de 1Pedro 3:15

• En primer lugar, debes estudiar tan profundo como tu intelecto lo permita para que conozcas la Biblia y aprendas a manejar las dificultades que presentan los escépticos, de manera que puedas hablar confiadamente y la seguridad de alguien que realmente conoce lo que habla.

• En segundo lugar, debes asegurarte que Jesucristo realmente es el Señor de tu vida; esto es, que eres un siervo del Reino de Dios y no uno que se hace pasar como cristiano.

Hay muchas preguntas que el mundo inconverso se ha hecho desde el principio porque han tratado de encontrar respuesta fuera de Dios. Nosotros conocemos la verdad porque Dios la ha revelado en Su Palabra, así que debemos estar preparados para presentar respuestas razonables de acuerdo a la revelación bíblica sobre preguntas como las siguientes que ha propuesto James Sire8 en su libro “Discipleship of the Mind” y “The Universe Next Door”:


8 James Sire, citado por John MacArthur. Piense Conforme a la Biblia, p.12

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• ¿Cómo surgió el mundo y todo lo que en él hay?
• ¿Qué es lo real en términos de conocimiento y verdad?
• ¿Cómo funciona el mundo?
• ¿Cuál es la naturaleza del ser humano?
• ¿Cuál es el propósito personal de la existencia humana?
• ¿Cómo deberíamos vivir?
• ¿Hay alguna esperanza personal para el futuro?
• ¿Qué sucede a una persona en y después de la muerte?
• ¿Por qué es posible conocer todo en todo?
• ¿Cómo se puede saber lo que es bueno y lo que es malo?
• ¿Cuál es el sentido de la historia humana?
• ¿Qué nos depara el futuro?

Nosotros tenemos en la Biblia las respuestas que Dios mismo ha dejado para estas preguntas. Es cierto que ninguno de nosotros pretende conocer de manera completa toda la verdad, pero al menos conocemos la verdad absoluta de manera parcial. Sabemos que la verdad está en la Palabra de Dios.

Si hay una religión en el mundo que exalta el oficio de la enseñanza, es seguro decir que esa es la religión de Jesucristo… Cualquier religión que esté divorciada de pensamientos serios y elevados, al final de la historia de la iglesia, siempre ha tendido a debilitarse y volverse malsana, mientras que el intelecto, privado de sus derechos dentro de la religión, ha buscado su satisfacción sin el desarrollo de un racionalismo piadoso (James Orr).9



9 James Orr. The Christian View of God and the World, pp. 20-21; citado por J.P. Morleand, p.155.

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