domingo, 12 de septiembre de 2010

VIVIR EN EL PODER DEL EVANGELIO




Lo opuesto al evangelio es el Fariseísmo. Lo opuesto al evangelio no se encuentra en casas de prostitución, ni tampoco en las cárceles, tampoco en los campos de concentración o en guerras. Lo peor de la humanidad, más que cualquier otra cosa se ve en las guerras. Lo peor que puede sucederle a un pueblo es la guerra.

Pero lo opuesto del evangelio no se encuentra en esos lugares, ¿donde se encuentra? Se encuentra en la iglesia. Algunos dirían en las iglesias mormonas, en las de los testigos de Jehová. ¡NO! ¿Sabe donde se encuentra lo opuesto al evangelio? Se encuentra en las iglesias presbiterianas, pentecostales, bautistas, metodistas, estoy hablando de todos nosotros los evangélicos. Ahí se encuentra lo opuesto al evangelio, porque cuando nosotros predicamos obediencia en vez de fe en la obra perfecta de Cristo nos tornamos fariseos.

Cuando predicamos que somos salvos por gracia pero que la vida cristiana es por esfuerzo humano, lo que producimos son fariseos. ¿Y esos fariseos dónde van a estar? Van a estar delante del púlpito, escuchándonos. El fariseo representa lo mejor que el hombre puede ser, por esfuerzo humano. Eso es el fariseísmo, no lo peor de la humanidad, sino lo mejor. Si entrara un fariseo del tiempo de Jesús, en este momento, nos quedaríamos con la boca abierta, porque el fariseo es lo mejor del hombre.

¿Qué era para el fariseo la palabra de Dios? Tenía un tremendo respeto por la palabra de Dios, el fariseo amaba la palabra de Dios y ama la palabra de Dios. Está dispuesto a dar su vida por defender la palabra de Dios. Así es el fariseo. El fariseo temía hasta de escribir el nombre de Dios por respeto a Yahvé. ¿Quién era el más activo en la iglesia? Bueno, era el fariseo. El fariseo era un activista. El fariseo de hoy tiene confianza en sus logros, y por eso es el más trabajador. Si el pastor pide: ¿quién me va a ayudar con los jóvenes? el fariseo levantar la mano inmediatamente. Es el primero en ser voluntario para ayudar al pastor, para ayudar a los líderes de la iglesia. El fariseo está comprometido un 100% con la obra, con el propósito de producir su propia justicia delante de Dios, vea Filipenses 3:9,10.

Ojalá haya otras personas que no son fariseos y que están actuando con motivos diferentes, pues no digo que si uno se ofrece a trabajar en la iglesia automáticamente es fariseo, pero le puedo decir que el fariseo así es. El· fariseo vive una vida ejemplar. Es un pilar en la comunidad. Si uno tiene hijas, ¿con quién le gustaría que se casaran? Bueno, con un buen fariseo, pues él es un hombre responsable. El fariseo es un hombre trabajador, el fariseo es lo mejor que el hombre produce. El fariseo apoya la obra de la iglesia con sus diezmos, no solamente diezma su dinero, también su tiempo y sus dones. En los tiempos de Cristo hasta la pimienta y la sal diezmaba. Es decir, él tomaba muy, muy en serio la obediencia a la palabra de Dios. Bueno, lo tomaba tan en serio que obedecía, eso era su religión y no el Mesías.

La religión del fariseo era la obediencia. Es por eso que en el libro de Mateo, el 39 por ciento de los capítulos tienen este contraste entre Cristo y los fariseos. Se ve constantemente este enfrentamiento entre lo mejor del hombre y lo mejor que Dios produce por gracia, en Cristo. En Marcos es un 37 ciento, Lucas, el 54 por ciento, y en Juan el 42 por ciento.

¿Cuáles son las consecuencias del Fariseísmo en nuestras vidas? Trae tremendas consecuencias.

En primer lugar, el fariseo pone énfasis en lo externo, no en el corazón. Mateo 23:25,28 dice: "jAy de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de fuera del vaso y plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio”, para limpiar de adentro, se necesita la gracia, se requiere la obra de Dios, pero el fariseo pone su confianza en sus logros, en lo que él hace por Dios, y NO lo que Dios hace por él. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía iniquidad."

Esto es el producto del lema: "El justo por la obediencia vivirá". La ley no tiene poder para transformarnos interiormente, no es a través de la obediencia que somos transformados. Hebreos 7:18,19 nos dice claramente que ley no perfecciona cosa alguna. La obediencia transforma lo externo, es fe en la obra redentora de Dios lo que transforma el corazón. Romanos 8:3 dice: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado condenó al pecado en la carne" la ley no tiene poder, la ley nos muestra nuestra condición y nos muestra lo que debiéramos ser pero no tiene poder transformador. El fariseo pone su confianza en cumplir a través de su obediencia a la voluntad de Dios, y encuentra que la ley no le transforma. La ley solo cambia lo externo, tal como cortarse el pelo, o si en la adoración necesita levantar las manos, las levanta y si necesita bajar las manos, las baja. El fariseo lo hace por que los demás lo están haciendo. El fariseo lo hace para cumplir mientras que el cristiano lo hace por fe, no fe en lo que haciendo, sino fe en la persona del Señor Jesucristo.

Quiero dar una ilustración. Me da muchísima vergüenza dar esta ilustración, pero la verdad es que cuando me miro en un espejo, estoy viendo a un fariseo, un fariseo en recuperación, un fariseo que está empezando a darse cuenta que depende un cien por ciento del Señor. ¿Por qué crucificaron los fariseos al Señor Jesucristo? Porque que ellos creían que ellos tenían la razón, y Cristo no. La mujer samaritana le dijo: “cuando venga el Mesías, el nos dirá todas las cosas y él le dijo: el que habla contigo él es”. Para el fariseo lo que Cristo le dijo a la samaritana era blasfemia. El fariseo confiaba que él tenía la razón, y eso era lo único que importaba, tener la razón, estar en lo correcto. Voy ocupar esta ilustración en mi propia vida, para dejar al descubierto mi propio fariseísmo. Por lo general no somos tan descarados en la forma en que somos fariseos, generalmente somos un poco más refinados que en esta ilustración.

Estando en Antofagasta, Chile, sabía que Dios había bendecido ricamente mi ministerio y tenía mucha confianza en mis logros, por lo menos, así pensé. Como fariseo, creía que yo realmente lo estaba haciendo para Dios, y no que Dios lo estaba haciendo a través de mí para su gloria. Pero un día, estando cerca, casi al llegar a mi casa, allí el camino era muy interesante porque era un camino chueco. Cruzaba una calle y no sé si era por un grifo o qué, pero hacía que el camino estuviera fuera de línea. Cuando llegué ahí, un día (la gente que vivía por ahí sabía del problema, y sabían cómo evadirlo, pues era fácil bloquear a la otra persona, si no hacía la corrección debida). Ese día llegué ahí, y paré, frente al disco "Pare" cuando otro coche hizo lo mismo, pero sin darse cuenta de la situación, no había hecho la corrección debida y me estaba bloqueando.

Yo sí sabía la situación, pues estaba a media cuadra de mi casa y sabía exactamente cuál era el problema. El otro conductor miró a su alrededor y al final se dio cuenta del error que había cometido, ¿pero cuál fue su reacción? Me miró, se cruzó de brazos y me hizo gestos con la cara que decía: Si, yo sé que te estoy bloqueando, pero ¿a ver?, ¿qué vas a hacer? Aquí yo me quedo y no me muevo. Ahora, yo sabía que yo tenía la razón. Si hubiera un policía, le hubiera dicho: "oye estás bloqueando al señor, hazte a un lado, para pase". Como yo sabía que tenía la razón, le miré durante momento y me crucé de brazos igual que él. Y ahí nos quedamos con los brazos cruzados, mirándonos. Ninguno quería ceder. Yo no iba a ceder porque tenía la razón, y el no iba a ceder… porque no iba a ceder.

Y ahí estuvimos como tres minutos, mirándonos. Pasaban los coches con mucho cuidado para no raspar con nuestros coches. Menos mal no había mucho tránsito ahí. Así seguíamos mirándonos. Yo no iba a ceder porque yo sabía que tenía la razón. Esa es la actitud de un fariseo. Al final me di cuenta que yo tenía una gran ventaja porque: yo vivía a media cuadra de allí. ¿Él no quiere moverse?, ¿y yo no me voy a mover? Así que me bajé del coche, le puse llave y me fui a casa. Ahí lo dejé sentado, porque yo tenía la razón y no iba a ceder. Me senté en la casa y leí el periódico. Al final me levanté para ir a buscar mi coche, habían pasado unos veinte minutos y todavía seguía ese tipo, bloqueando. Dios me habló muy fuerte, yo sabía que había algo más importante que tener la razón y es el amor. Como dice 1ª de Corintios 13, si tuviéramos fe para mover montañas y no tenemos amor, nada somos.

Pero mi orgullo de fariseo y mi obstinación, al no querer humillarme, no me permitía regresar y ofrecerle disculpas a este señor, aunque yo tuviera la razón. No lo quise hacer. No quise realmente aplicar el evangelio en mi vida, el fariseo no lo hace, el fariseo es orgulloso, por eso fui y leí el periódico otra vez. Cuando me levanté por segunda vez, ya se había ido ese tipo. Fui por mi coche, lo estacioné, pero me sentía horrible, porque sabía que el amor es más importante que tener la razón, pero así es la actitud del fariseo. Yo pensé, si tengo la razón, ¿por qué debo humillarme? Lo digo con mucha vergüenza, pero así somos los fariseos, con corazones duros y muy poca transformación interna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario